Ovación

Judoca con poca calma oriental

Agustina De Lucía ganó la medalla de bronce en el abierto Panamericano de judo. Tiene 17 años y es una joven promesa rosarina.

Miércoles 23 de Marzo de 2016

La judoca rosarina Agustina De Lucía se subió al podio en el abierto Panamericano de judo, en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard). Hace 15 días se trajo el bronce de la categoría hasta 57 kilogramos y ya se prepara para viajar el 30 marzo a Grecia e Italia, al European Cup Junior Sub 21. Agustina tiene 17 años y practica judo desde los cuatro. Uno de sus entrenadores, que la conoce desde chiquita, es Jorge Navarrete y dice que Agustina tiene “mucha proyección, técnica y carácter”. Y este último aspecto es la razón por la que empezó a practicar este deporte.
Según el técnico, la mayoría de los chicos que comienza a practicar judo lo hace para vencer el asma (las caídas favorecen a enfrentar la dolencia). O porque los molestan en la escuela y sus padres quieren que aprendan a defenderse. Agustina no empezó judo por ninguna de esas dos razones, sino porque ya de nenita era muy inquieta y peleadora. “Jugaba con mi hermano y sus amigos al fútbol, me iba a las manos y mi padres pensaron que así podía calmarme un poco”. Lo logró bastante y ahora con medalla incluida. Agustina _98 en el ránking mundial en junior y 108 en senior_ es una chica con carácter y poca calma oriental.
Con judogi albiceleste y acompañada por su otro técnico Laureano Martínez, De Lucía se impuso en la primera lucha del Panamericano por ippon (algo así como un nocaut) ante la hondureña Cergia David. En cuartos de final le ganó a la neocelandesa Darcina Manuel, una pelea que la rosarina ganó por diferencia de penalizaciones (sanciones por no atacar o irse fuera del tatami, entre otras). En la penúltima lucha perdió por ippon frente a la colombiana Yadinys Amaris. Pero en el combate por el bronce, otra vez por ippon, Agustina dejó sin chances a su compatriota porteña Paula Delfino.
Este Panamericano brinda puntos para el ránking olímpico, único medio para la clasificación a Río de Janeiro 2016 (por ahora quienes se perfilan para representar a la Argentina son Emmanuel Lucenti y Paula Pareto).
Agustina sigue entrenando con vistas a Europa y más. Le va bien en el juego y en el amor: tiene novio, también judoca. Lo único importante que en este momento tiene algo abandonado es el colegio (cursa el segundo año) porque el eje de su vida es entrenar. “Hago doble turno, por la mañana físico y por la tarde tres horas de judo, pero voy a seguir estudiando”, contó antes de reconocer sus pro y contras como deportista. “Soy  buena arriba trabando y tirando (taiotosi), pero debo trabajar más abajo, en el piso”.
Agustina tiene un hermano de 19 años, Facundo, también judoca y cinturón marrón. Practica desde los cinco años, fue subcampeón sudamericano de junior en 2014 y siete veces campeón nacional. Otro buen deportista por puro empeño en una familia sin antecedentes en esta disciplina. Facundo dice que Agustina es “muy aguerrida”, como deportista y como hermana. “Tiene mucha fuerza y buena técnica”, precisó antes de ponerse a luchar con ella como siempre. Ovación los encontró en pleno entrenamiento, a ambos y a varios judocas más en el complejo Belgrano Centro del municipio (ver aparte). Al igual que el resto del grupo, Agustina comienza el entrenamiento con el saludo y reverencia japonés en posición de pie (ritsu rei). El entrenador dice “kiosuke rei” (atención, saluden) y ella, con los talones unidos, los pies en diez y diez y las manos al costado de las piernas y pegadas al cuerpo, se inclina hacia adelante. Agustina se queda así unos segundos en señal de respeto: primero delante de la imagen del creador del judo (Jigoro Cano) y luego ante el resto de sus compañeros y técnico.
Le da pudor que le pregunten por su carácter fuerte. Reconoce que el año pasado, durante un torneo Nacional, a ella y a otra judoca con quien se miró feo en una lucha, les llamaron la atención.
”Aprendí de las malas. Este año estoy más centrada y tranquila. Decidí que debía bajar un cambio  y entrenar sin parar ni un sólo día: lo hice, quería estar cien puntos para este Panamericano; estudié a todas las contrincantes y mejoré”.
Pero además, Agustina confesó que su perfil temperamental no le impide tener emociones más “flexibles”, a tono con la esencia y significado de la palabra judo (camino a la flexibilidad).
“Cuando gano, lloro: pienso en el esfuerzo que hago, en mi familia. Ya no me voy a las manos como cuando era chica, me controlo más y lloro de emoción”.

En el Belgrano Centro. En el complejo Belgrano Centro entrenan 9 judocas para los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018 que se celebrarán del 1º al 12 de octubre. Participarán 3.800 atletas de 205 países.

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