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Juan Pablo Bisio: "El sueño olímpico estuvo siempre"

El velerista que aspira llegar a los Juegos de Tokio contó cómo vive el proceso en busca de la anhelada competencia. Hace unas semanas navegó las aguas que se utilizarán en Japón y habló de la inspiración que le provoca su gran amiga Cecilia Carranza, oro en Río 2016.

Martes 26 de Diciembre de 2017

Un sueño olímpico no se concreta de un momento a otro. Un sueño olímpico se construye. Y tampoco es seguro que quien lo construya lo concrete, pero al menos es desde esa convicción de querer desde donde se sacrifica hasta el alma para llegar. A veces, la distancia que separa a un deportista del privilegio de disputar unos Juegos Olímpicos es enorme. Y a veces, ínfima. E incluso desde esa nimiedad hay que trabajar a destajo. Un sueño olímpico no se concreta de un día para el otro y así lo entiende Juan Pablo Bisio, velerista rosarino por adopción, quien como miles de atletas se desvela pensando en estar en Tokio 2020, aunque venga trabajando desde hace cinco años para eso. Y aunque falten tres para llegar a Japón. El 2018 significará para él ya empezar a buscar la clasificación, porque se comienzan a repartir plazas de algunos deportes (Dinamarca, el 50%). En este sentido, Juan aceptó la propuesta de Ovación de intentar desandar cómo es ese camino, que en su caso se recorre en el agua, y que tuvo un faro de inspiración imposible de eludir: la medalla de oro que consiguió el año pasado su mejor amiga, Cecilia Carranza Saroli, con Santiago Lange. Aquel miércoles 16 de agosto de 2016, cuando Cecilia y Santiago se consagraban campeones olímpicos e inmediatamente se daban cuenta, cuatro "locos" que estaban parados en la arena de la Marina Da Gloria de Brasil se tiraron al agua y empezaron a nadar para subirse al barco argentino y abrazarse alocadamente con una felicidad inexplicable. El primero de esos locos, e impulsor de la idea, fue Juan Pablo Bisio, lo siguieron Yago y Klaus, los hijos de Santiago.

"Cuando volví de Río me di cuenta que al lado de ellos aprendí y conocí lo que son los Juegos Olímpicos, ahora es muy difícil que yo no quiera estar en los próximos y si no es como deportista quiero estar desde otro lado", dijo para describir ese masters de honor que fue haber estado todo el tiempo al lado de su amiga, respirando y viendo la más absoluta intimidad de ese proceso. Y luego definió: "Creo que el sueño olímpico estuvo siempre, son estas cosas que uno tiene muy adentro y va descubriendo a medida que va creciendo y se va desarrollando". Remarcó que desde hace mucho tiempo sabe que no puede aflojar un minuto, porque eso significaría darle ventaja a algún competidor. Hace unas semanas navegó en las mismas aguas en las que se harán los Juegos de 2020, en Enoshima, Japón, lo cual acrecentó el entusiasmo. Ahí apunta Juan Pablo. Sin importar cómo se porten los vientos.

¿Esta es la carrera en la que no te podés relajar nunca?

No, son cuatro años, desde unos Juegos a otros en el que no nos podemos relajar, de hecho arranqué hace tres años para poder estar dentro de los primeros (del ránking) hoy, para poder acceder a más torneos. En 2012 puse esto como prioridad, con miras a Tokio más que a Río, aunque estuve cerca. Pero por más que tengas el nivel, en la vela, sólo va uno por país a los Juegos y nosotros lo teníamos a Julio (Alsogaray, de mucha experiencia). En mi caso tenía el nivel, pero esas son las reglas y uno las sabe antes de arrancar, peleamos con él hasta último momento para ver quién iba.

¿Cómo funciona la cabeza en procesos tan largos? Porque por lo que contás esto no sólo se extiende por un ciclo olímpico.

Sí, es así. Arranqué a hacer campaña olímpica prácticamente desde que empecé a navegar, pero siempre hay un día, un cambio y te empezás a dedicar de lleno a esto. Tenés que prepararte muy bien, es muy difícil, uno también va aprendiendo. Gasté mucha energía en los primeros años del ciclo olímpico pasado para poder estar dentro de los puestos para viajar, competir y no quedarme. Prioricé eso de viajar y estar entre los dos mejores del país. Este ciclo lo arranco de una forma distinta porque ya estoy en esos puestos de arriba (es el 1º de Argentina) y la idea es, a pesar de que no nos podemos relajar nunca, un último año parecido al que hicieron Cecilia (Carranza Saroli) y Santiago (Lange), quienes se instalaron en Brasil varios meses antes de los Juegos. Esto es así, tenés que dejar tu vida y en especial para Japón, que queda recontralejos.

¿Qué exigencias tendrá el 2018?

Ya el año que viene no hay descanso, los que vienen son años en los que la cabeza tiene que estar a mil y hay que manejar la energía, si no llegás muerto, le pasa a muchos, pero todo depende de las situaciones de cada uno. La mayoría de los proyectos en el país son personales. Laser es la única clase en la que vamos a ir a correr un Mundial cinco chicos, así que si te dormís un día te ganan, en un mes que no entrenes bien te ganan (esto cambiaría por nueva disposición del Enard). Tiene eso de distinto con respecto a las otras clases, que nosotros siempre estamos a mil. Otros buscan el pico en el final. Es todo un arrastre.

¿Con lo que hiciste en 2017 cómo te sentiste?

Lo que uno puede hacer acá en Argentina o en Rosario no se compara con nada, la competencia está más que nada en Europa. Por eso está en uno empezar a descifrar en estos años qué es lo que necesita, qué le viene bien, qué le hace mal, cuánto puede estar afuera de casa, cuánto no, esas pequeñas cositas, pero en particular en 2017 seguí creciendo y la idea es tratar de seguir por ese camino. En las competencias en las que estuve me sentí bien y los resultados me dejaron bastante conforme.

¿Con quienes trabajás en este sueño olímpico?

El equipo es grande, tengo entrenador en Rosario, mi equipo de la selección, mi PF Germán Calvelo de acá también, kinesiólogo, masajista, psicólogo (Marcelo Márquez). De kinesiólogos tengo una lista "así" (abre las manos, separa los brazos y marca distancia entre ellos para demostrar que es enorme). También lo es mi familia, porque me aguantan los malhumores. Es importante la formación de un equipo, están en los momentos buenos pero también en los malos, apoyando, son gente incondicional. Los deportistas tenemos horarios raros, pasamos un día por Rosario y necesitamos que nos acomoden el "chasis". A veces viajo con el equipo, a veces particular, hay un poco de todo. Si no armás equipo con alguien para compartir gastos o entrenamientos, siempre hay que tener por lo menos uno al lado de buen nivel para probarte. La formación de un equipo es positiva.

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Juan Bisio (izquierda), en Brasil, en el momento de la consagración olímpica de Ceci Carranza y Santiago Lange (adelante).
Juan Bisio (izquierda), en Brasil, en el momento de la consagración olímpica de Ceci Carranza y Santiago Lange (adelante).

Cuando te apoya el Enard, que es un ente que se rige mucho por resultados, dicen varios deportistas que hay una presión extra, ¿vos la sentís?

A veces pasa, a veces no, este año lo sentí un poquito más, sobre todo porque hubo cambios. Siempre traté de que no. Por otro lado es parte del aprendizaje y de las presiones que uno tiene que entender, si no es el Enard la presión va a ser otra, de un competidor de al lado, o de uno mismo, porque internamente se presiona. Hay que tratar de estar tranquilo, estamos en la búsqueda y los cambios llevan un poco de ruido al sistema. Nosotros tenemos que estar en algún momento en la sede en la que se compite porque dependemos del viento, la corriente, cosas que cambian si hay montaña, lago o mar alrededor. Eso nos exige estar mucho tiempo afuera de casa, es la forma de hacer una campaña olímpica. Nos gusta, claramente, sino no lo haríamos, pero eso nos lleva a estar 100% de la cabeza. La realidad es que nos gusta y si queremos navegar bien el circuito está en Europa. Ahora tenemos unos Juegos Olímpicos en Japón.

¿Cuánto hay de influencia o aprendizaje de todo lo que viviste al lado de Cecilia y de Santiago?

Mucho. Si me preguntás a mí como competidor no sé si prefiero haber estado en Río desde afuera, cerca de Ceci y Santi, que adentro compitiendo y no haber aprendido ese mes y medio lo que aprendí, o a lo largo de estos dos años. Santiago también tiene una relación especial conmigo, que se formó por Ceci, y sobretodo por lo que yo represento para Ceci.

¿Cómo arrancaste ese vínculo tan fuerte con Cecilia?

Con ella empecé a navegar a los 15 años, yo arranqué en Laser (la categoría anterior de Cecilia, quien ahora corre en Nacra 17), fui sparring de Ceci tres años. Después, para los que no saben, la clase olímpica es Laser Radial para mujeres y Standard para hombres. Para ir a un Campeonato Mundial Juvenil me pasé al Standard (vela más grande). Dejé de ser sparring de ella después de unos Juegos Panamericanos. Tras eso venía para ella el selectivo de Londres en Australia, me pidió ser sparring 20 días en Mar Del Plata, obviamente que fui. Pero no sólo significa eso, sino también el apoyo incondicional, moral, de siempre estar, lo que necesito de ella y lo que ella necesita de mí. Si le pido algo y no sabe, lo busca, lo averigua, siempre lo digo, es mi mentora. Si me caigo me levanta, me dice cómo tengo que seguir, cómo seguimos, estamos siempre el uno para el otro.

¿Así se conocieron?

Terminé de navegar en Optimist y ella había arrancado con lo suyo. Yo empecé en Náutico Sportivo Avellaneda y a los 13 me fui al Yacht Club, ahí ella tendría 16 y empezaba en Laser Radial. Mi hermano más grande arrancó navegando con ella y a los dos años cuando yo pasé a Laser, el entrenador de ella vio algo en mí y fue un poco desde antes que me agarró y me dijo que tenía que navegar ahí. Me vio que iba a ser sparring de Ceci. Pasamos de no conocernos a navegar toda la semana juntos.

Me los imagino después por Europa con una camionetita...

¡Sí! ¡Y hay que imaginar a Cecilia con 18 años en una camionetita por Europa! Es una chica con una personalidad fuerte, que hay que tener. Con el tráiler, el barco a cuestas, manejando con todos los climas.

O sea que además de tu equipo tenés mucho más al lado, a Ceci y a Santiago Lange, una eminencia en este deporte.

Santi es como el Leo Messi de la náutica para Argentina, ahora por suerte logró también ser reconocido a nivel mundial, ganó el Rolex Sailor of the Year (en 2016), que es como el balón de oro del fútbol. Ojalá podamos vivirlo de nuevo, pronto con él o con otra persona, pero va a ser muy difícil.

¿Que te genera como velerista ver a un tipo así, que se consagró, que ganó el oro, que sigue y que en el medio de una campaña olímpica hasta superó un cáncer?

No sólo eso, te cruza, te desafía: "Vamos a correr una regatita en Laser", te dice. Pero te desafía, con 55 años, sube y te gana, no tiene límites. Y está detrás de todos (los navegantes argentinos), obviamente de sus hijos, pero también de los demás. Cuando volví de Río me di cuenta de que al lado de ellos aprendí y conocí lo que son los Juegos Olímpicos. Lo que transmite Santiago es increíble, ahora va a ser muy difícil que yo no quiera estar en unos Juegos después de ver eso. Y si no estoy como deportista voy a querer estar desde otro lado, es una competencia única, es la fiesta del deporte. Tiene una energía, no sé, ver el fuego ahí... Ese es el fuego que tenemos dentro todos los deportistas.

¿Eso es lo que te levanta el día en el que por ejemplo te querés quedar una hora más durmiendo?

Tal cual, te levanta. Es decir: "Quiero estar ahí". Estuve y no estuve en Río, aunque sabemos que para nosotros (los navegantes) capaz que el Mundial tiene más nivel, pero los Juegos Olímpicos, una medalla ahí es distinta. Por eso no paro, parás una hora y otro competidor que está del otro lado del mundo te está sacando ventaja.

¿Ese sueño olímpico estuvo siempre o lo fuiste construyendo a medida que fuiste creciendo?

Creo que estuvo siempre y que estas cosas uno las tiene adentro y las va descubriendo a medida que va creciendo y se va desarrollando. Me levantaba a las 3 de la mañana para ver los Juegos de Beijing y me acuerdo en particular viéndolo en la tablet. Tengo recuerdos de Sydney 2000, en los que tenía 10 años, también de Atenas 2004. Siempre lo tuve, obviamente que va pasando el tiempo y lo vas descubriendo. Por suerte uno también tiene la posibilidad de poder involucrarse. Porque uno puede decir me gusta esto, me pasa esto, siento esto, pero no puede hacerlo por distintas circunstancias, no tiene la posibilidad, hay millones de situaciones. Yo por suerte soy un agradecido, encontré lo que me mueve internamente y puedo hacerlo. Para mí no es una carga ir a Europa, manejar 2 mil kilómetros con un tráiler, en una camioneta solo, llegar muerto a un lugar e ir a correr el Campeonato Mundial, hay gente que me dice que estoy loco (más de 8 mil kilómetros recorrió este año). Tengo el mate, la música, le voy encontrando la vuelta a la situación.

¿Disfrutás esa parte?

Trato de disfrutar de los paisajes, paso de estar plano en un campo a estar cruzando los Alpes suizos o de llegar a Garda, en Italia, que son montañas y lagos. Ves todo, eso es lo que me mueve a viajar. Culturas nuevas, personas nuevas, lugares. Siempre lo digo: soy un privilegiado de mi deporte, si estoy cansado ni puedo decirlo, no sé cuántas personas conocen casi toda Europa, América... Y eso te va dejando enseñanzas para la vida. Es lo más importante, sino no lo hacés.

Hace algunas semanas estuviste compitiendo en Enoshina, la sede que se usará en Tokio 2020 en vela. ¿Más que antes pensás en no perderte esos Juegos?

Japón estuvo muy bueno, nunca había estado ahí, fue la primera experiencia. Hicimos un campeonato en Gamagori y después nos fuimos a Enoshima, donde va a ser la sede de los Juegos. Está muy lindo, es el lugar de fin de semana de la gente de Tokio, una islita. Obviamente que fue una inyección anímica estar ahí, ver cuál va a ser la sede y luchar por intentar estar a pesar de que volvimos y estuvo el problema con el Enard (pasará a ser financiado por el Estado). Uno arranca el año complicado pero obviamente te dan ganas de volver a estar ahí y ya pensando en lo que va a ser Tokio en 2020. Estando en la sede te imaginás un poco todo, de hecho fue la misma en Tokio 1964, lugar donde estuvo la llama olímpica, fue difícil separar la competencia de eso que estabas viendo. Pero bueno, el torneo de prueba al que fuimos estuvo más enfocado en poder navegar ahí, en las aguas de los Juegos. Los indicios están, te das cuenta de que ya se están preparando. Además los japoneses son muy solidarios, predispuestos, quieren que te sientas bien, son unos anfitriones de lujo. Y ese clima, al margen de los Juegos, tiene que ver con su idiosincrasia. Los días ahí fueron fantásticos.

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