Juan María Traverso: se apagó el fuego del que más fuego encendió en el automovilismo argentino

El Flaco de Ramallo llegó a la última meta, dejando una huella imborrable. Idolo, amado, odiado de la era donde más valía el piloto, al punto que en una nota de hace diez años con Ovación dijo: “Este automovilismo no me gusta para nada”

Sábado 11 de Mayo de 2024

La noticia impactó. Como impactaron sus triunfos, sus locuras, su magnetismo, su sanguínea conducción en la pista que lo transformaron en uno de los grandes ídolos del automovilismo argentino, quizás el más grande del último medio siglo. Juan María Traverso, el Flaco de Ramallo, llegó a su última bandera a cuadras y el pueblo tuerca se puso de luto.

Traverso giró por última vez a los 73 años, luego de padecer un cáncer de esófago. Demasiado pronto. Los años de empedernido fumador quizás le hayan acotado el tiempo, ese contra el que luchaba palmo a palmo en cada pista, en cada ruta del país. En el Turismo Carretera, en el TC 2000 del que fue y es símbolo absoluto, en el Top Race.

También estuvo muy cerca de la Fórmula 1, corriendo en la Fórmula 2 Europea, en los tiempos de Carlos Alberto Reutemann, compartiendo cartel con Miguel Angel Guerra y el rosarino Ariel Bakst. Un ídolo, sin dudas, capaz de hazañas sin par.

La más recordada, la que lo marcó a fuego, fue cuando precisamente con su Cupé Renault Fuego aguantó la punta con el habitáculo en llamas en las dos últimas vueltas de la carrera de Río Negro. Era el 5 de abril de 1988, el mismo día que Oscar Poppy Larrauri llevaba su Eurobrun a la grilla de partida del GP de Brasil para debutar en la F-1, pero se le quedó mudo el motor en la grilla y no pudo largar.

A la misma hora, en un día histórico

Casi a la misma hora, en Río Negro, la 2ª carrera del año del TC 2000 llegaba a su fin. A cuatro vueltas del final, y aprovechando el tapón de un rezagado, Traverso desalojó de la punta al campeón Silvio Oltra y fue hacia la victoria, pero una manguera de aceite se cortó y empezó lo imprevisible.

El habitáculo se le llenó de humo al Renault Fuego del Flaco, mientras dejaba una estela que además dificultaba a la también Fuego de Oltra, que venía de ganar la primera carrera de la temporada. Y a 2 vueltas del final, el campeón se le fue encima a Traverso buscándolo por todos lados. La presión de aceite del líder bajaba irremediablemente y el motor amagaba con romperse, pero no le aflojó y tapó todos los huecos posibles, mientras bajaba la ventanilla para no asfixiarse.

Finalmente, Oltra hizo el último intento al entrar a la recta principal pero Traverso lo cerró mientras se encaminaba a la bandera a cuadros ya con fuego debajo del chasis. El Flaco paró enseguida a la coupé que tantas satisfacciones le diera y el público deliró, al punto que lo llevó en andas hasta el podio, agigantando su mítica figura.

Dos años antes, en Pigüé, había realizado otra hazaña similar, pero defendiendo el 2º puesto con una goma trasera deshilachada sobre el ataque de Mario Gayraud, pero la historia de General Roca quedó grabada como la del fuego sagrado que tiene los campeones.

Fueron apenas dos muestras de las carreras en que Traverso arriesgó todo para ganar, en otro automovilismo. Como cuando desalojó de la punta a puro autazo al Pato Silva, que luego quiso trompearlo en El Zonda de San Juan.

Tiempos donde sin dudas la valía del piloto contaba mucho más que ahora. Ya lo percibía el propio Flaco hace más de diez años, cuando en una de las tantas visitas al Fangio, se distendió en un mano a mano con Ovación y dijo sin medias tintas, como era él. “Este automovilismo no me gusta para nada”, criticando el exceso de tecnología que les quitó protagonistas a los volantes.

En esa charla, de pie, cigarrillo en mano, apoyado sobre la parte de atrás de la torre de control, Traverso decía que “los pilotos de hoy no se divierten”.

“Yo puteaba, pateaba las puertas pero era un minuto, después nos divertíamos. Terminaba ahí. Era como más puro el automovilismo. Yo tuve carreras de una guerra campal en la pista, como con Luis Di Palma, y por ahí le decía: «Me parece que no estuvo bien lo que hiciste», pero él me contestaba: «No te calentés, en quince días corremos de nuevo» y nos íbamos a tomar mate. Eso se perdió. Hoy es muy... qué se yo, no me gusta para nada”, decía sin flitros.

“Soy enemigo de la tecnología que elimina al deportista: los controles de tracción, las cajas automáticas, la dirección hidráulica, todas esas pelotudeces eliminan la capacidad del piloto”, reafirmaba.

Y puntualmente, sobre el TC, Traverso agregaba: “es una carrera neta de autos, donde el piloto no existe. Está en un cómodo cuarto lugar. El automovilismo es un deporte, el deportista es el corredor y en el TC está antes el motorista, el chasista, el ingeniero y al final aparece alguien que dice: este maneja”. Una década después, seguro no cambió nunca de opinión.

—¿Habría lugar para un Flaco Traverso en esta época?, fue la consulta final.

—No. Y no es un tema de rebeldía, sino de que cada uno hable sin que le cueste el futuro.

Números impactantes del Flaco de Ramallo

Traverso cosechó amores y odios, como el de las hinchadas del TC cuando pasó del Chverolet a la marca con la que logró sus primeros títulos, Ford. Ganó seis títulos del TC, 3 con el óvalo (1977,1978 y 1999) y 3 con Chevrolet (1995,1996 y 1997)

Con 46 victorias en TC, 68 de TC2000 y 19 en Top Race, es uno de los más ganadores de toda la historia del automovilismo argentino, desde su debut en el semipermanente de Pergamino el 31/10/71 con Torino en el TC, hasta la última carrera de 2005 con la misma marca, que marcó el fin de su carrera.

En TC2000 nadie ganó tantos títulos como él, 7 (6 fueron con Renault Fuego, 1986,1988,1990,1991,1992,1993, y uno con Peugeot 405, en 1995), desde su debut en triunfos en setiembre del 80 en Las Flores hasta su última hazaña, en San Juan 2001.

Fue además, el primer ganador en el viejo TC 2000 en el Fangio rosarino, en 1993 con la Cupé Fuego, triunfos que repetiría en las dos carreras de 1995 con Peugeot.

Mientras que en Top Race acumuló 19 triunfos y se coronó en 1998 con un Mercedes Benz 280; en 1999 a bordo de un Peugeot 405 y en el 2003 sobre un BMW 320.

También corrió en rally mundial y una vez paró en un enlace porque se sentía deshidratado, un cordobés del público le ofreció una jarra de vino tinto y se la tomó de un sopetón. “Llegué en pedo”, diría el Flaco, al que desde ahora se lo empezará a extrañar como nunca.