Ovación

Hurricane, la canción de Bod Dylan

Suenan disparos en el bar, por la noche...

Martes 05 de Agosto de 2014

Suenan disparos en el bar, por la noche.

Entra Patty Valentine y desde la entrada de arriba

ve al camarero en un charco de sangre.

Grita: "¡Dios mío, los han matado a todos!"

Esta es la historia del Huracán

el hombre al que las autoridades culparon

de un crimen que no había cometido.

Lo metieron en una celda, pero podría haberse convertido

en campeón mundial.

Patty alcanza a ver tres cuerpos tirados en el suelo,

y a otro hombre, llamado Bello,

merodeando sospechosamente por la zona.

"No lo hice", dice, y levanta sus manos.

"Yo sólo estaba robando en la caja,

usted me comprenderá.

Yo los vi marchar", dice, y se calla.

"Uno de nosotros debería llamar a la policía".

Patty los llama, y llegan a la escena del crimen con sus luces rojas en la cálida noche de New Jersey.

Mientras tanto, lejos, al otro lado de la ciudad,

Rubin Carter y dos amigos van dando un paseo en auto.

El favorito para ganar el título

de los pesos medio del boxeo.

No tiene ni idea de la mierda

que le está a punto de caer encima,

cuando un policía los detiene

y los manda a parar en la cuneta.

Igual que la vez anterior, y la anterior, y la anterior.

Es así como funcionan las cosas en Paterson.

Si eres negro, mejor no salgas a la calle

a no ser que quieras que tu madre lo lamente.

Alfred Bello tenía un compañero,

y tenía una denuncia que comunicar a la policía.

El y Arthur Dexter Bradley

estaban merodeando por la zona.

"Ví a dos hombres correr", dijo.

"Dos tipos de peso medio".

"Subieron a un coche blanco,

con matrícula de fuera del estado".

Y la señorita Patty Valentine asintió con la cabeza. El policía les dice:

"Esperen un momento chicos, éste no está muerto".

Así que lo levantron y lo llevaron al hospital.

Y a pesar de que le costaba ver bien,

le preguntaron si podría identificar a los asesinos.

Las cuatro de la mañana, y detienen a Rubin.

Lo llevan hasta el hospital

y suben hasta la habitación.

El hombre herido lo mira

a través del único ojo bueno que le queda

y dice: "¿Pero que me traen aquí?,

¡éste no es el hombre!"

Sí, ésta es la historia del Huracán.

El hombre al que las autoridades culparon

de un crimen que no había cometido.

Lo metieron en una celda,

pero podría haberse convertido

en campeón mundial.

Cuatro meses después,

los güetos están que arden.

Rubin está en Sudamérica, boxeando por el título,

mientras Arthur Dexter Bradley,

todavía metido en el negocio del robo,

esta siendo presionado por la policía,

que busca a alguien a quien culpar.

¿Recuerdas aquel asesinato en el bar?"

"¿Recuerdas que dijiste

que habías visto escapar un auto?"

"¿Crees que puedes jugar con la ley?"

"¿No crees que fue aquel boxeador

al que viste correr aquella noche?"

"Recuerda que eres blanco".

Arthur Dexter Bradley dijo que no estaba seguro.

"Un pobre chico como tú nos puede ayudar mucho", le dice la policía.

"Te tenemos agarrado por el trabajito del motel,

y podemos hablar con tu amigo Bello".

"Vamos, no tienes porqué volver a la cárcel.

Sé un buen chico".

"Le harás un favor a la sociedad".

"Ese hijo de puta es un rebelde,

y cada día que pasa es peor".

"Queremos poner su culo en la cárcel".

"Lo culparemos del triple asesinato".

"No es el Caballero Jim, precisamente".

Rubin podía cargarse a un tipo con un solo golpe,

pero no solía hablar mucho de eso.

"Es mi trabajo", dice, "y lo hago por dinero".

"Y una vez acabado, acabado está".

Era un paraíso.

Nadaba en la abundancia y el aire era puro

cabalgando a sus anchas por donde quería.

Pero lo agarraron y lo metieron en la cárcel,

donde convierten a los hombres en un ratones.

Todas las cartas de Rubin

estaban marcadas de antemano.

El juicio fue una farsa,

nunca tuvo oportunidad alguna.

El juez convirtió a los testigos de Rubin

en borrachos de los barrios bajos.

Para los chicos blancos que lo vieron,

no era más que un negro loco.

Nadie dudó que él habia tirado del gatillo.

Y aunque no tenían pistola para probarlo, la policía dijo que había sido él el culpable.

Y el jurado de blancos les dieron la razón.

Rubin Carter fue injustamente acusado.

El crimen fue tapa de los medios,

¿adivinas quién testificó?

Bello y Bradley mintieron vilmente,

y los periódicos apoyaron la moción.

¿Cómo puede la vida de un hombre

estar en la palma de la mano de unos idiotas? Ver como le metieron en esa encerrona

no podrá ayudarle en nada, pero me siento avergonzado de vivir en una tierra

donde la justicia es un juego para muchos.

Ahora los verdaderos criminales,

con sus abrigos y corbatas

son libres para beber martinis y ver salir el sol, mientras Rubin se sienta como un Buda

en una celda de diez pies.

Un hombre inocente, en un infierno viviente. Esta es la historia del Huracán Carter, pero no se acabará hasta que se limpie su nombre, y le devuelvan el tiempo que le robaron.

Lo encerraron en una celda,

pero podría haberse convertido

en campeón mundial.

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