Lunes 04 de Agosto de 2008
La trilogía olímpica de Luciana Aymar puede tener el mejor capítulo en Beijing. La rosarina, que el próximo 10 de agosto cumplirá 31 años, se imagina con la medalla dorada colgando en su cuello, mientras por los altoparlantes suena el Himno argentino. Alimenta ese sueño en la fortaleza y convicción del seleccionado argentino de hockey, aunque sabe que en los Juegos Olímpicos el margen de error es mínimo y un mal resultado puede ser fatal.
"Me encantaría una medalla de oro. No lo digo porque se trate solamente de un sueño. Argentina tiene con qué para conseguirla. Estoy tranquila porque durante este tiempo fuimos por el camino correcto para llegar de la mejor manera. Nos entrenamos como si supiéramos que vamos a ganar el oro. Eso es importante para un equipo que aspira a llegar a lo más alto", sostiene la volante, ganadora de la presea plateada en Sydney 2000 y la de bronce en Atenas 2004.
"Sueño con la medalla de oro colgada en el cuello y escuchando el himno argentino. Pero también entiendo que los Juegos Olímpicos son difíciles de predecir. Ya no sucede lo de años atrás cuando Holanda y Argentina sacaban diferencia del resto", asegura la jugadora, elegida en cuatro ocasiones la mejor del mundo.
Argentina compartirá el grupo con Alemania, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda y Gran Bretaña. Lucha no desmerece a ninguno de sus rivales, a pesar de que en la otra zona aparecen candidatos serios como China, Holanda y Australia que intentarán quedarse con uno de los dos primeros lugares para acceder a las semifinales. "Se dice que tuvimos suerte en el sorteo, pero hoy todo está muy parejo y puede pasar cualquier cosa".
Asegura que la conquista del segundo Champions Trophy de la historia para el hockey argentino, el pasado mes de mayo en la ciudad alemana de Moenchengladbach, fue el empujón que necesitaban las Leonas para convencerse de que pueden estar arriba de los demás seleccionados, en especial de Holanda, una sombra negra en los últimos años.
"A ese torneo lo asumimos como de preparación para el objetivo final que son los Juegos Olímpicos. No imaginaba llegar a una final y menos ganarla de esa manera, con un 6 a 2 sobre Alemania. El Champions Trophy fue un impulso anímico buenísimo para todas. Ayudó a la confianza de cada una y nos hizo entender que los cambios que venimos haciendo en nuestro juego, sobre todo en el sistema defensivo marcando en zona, fueron productivos", señala.
Lucha señala que ya maduró el proceso de incorporación de jugadores que comenzó a partir de 2006, período que transcurrió con un tercer puesto ese año en el Mundial de Madrid y el segundo puesto en el Champions Trophy de Quilmes 2007. "Nos costó un poco el recambio, pero por suerte tampoco lo sufrimos tanto. En otros seleccionados el proceso dura muchos años", asegura.
"Las jugadoras más nuevas hicieron un vuelco importantísimo. A mí me impresiona el protagonismo que asumieron. Hoy tenés jugadoras como Charito Luchetti, Carlita Rebecchi y Kañevsky que parece que tuvieran un montón de partidos internacionales. Y a las más grandes nos toca guiarlas y aportar nuestra experiencia. Cada una cumple un rol importante y eso es básico para un equipo que quiere proyectarse y llegar a una final olímpica", sostiene la estrella del hockey mundial.