Hockey

Historia de Leonas: el recuerdo de aquel maravilloso penal

La primera vez que Argentina venció a Holanda en un Mundial fue por un gol de una rosarina: Patsy Gorina, en Berlín 1976

Lunes 15 de Junio de 2020

El hockey argentino tiene historia. Grande. Una historia hecha de historias entrañables, teñidas de colores que no se apagan con el tiempo. Y esa historia, desde siempre, tuvo un vínculo irrompible con Rosario. La mejor jugadora del mundo de todos los tiempos, Luciana Aymar, nació en la Cuna de la Bandera e hizo lo que nadie en este deporte. Cuando este año el calendario toque el 11 de septiembre se habrá cumplido una década de la obtención del Mundial de en la ciudad, la noche mágica en la que justamente Lucha, como capitana, elevó al cielo esa copa deseada, en su casa. Fue la noche del arrollador 3 a 1 sobre Holanda. Sin embargo, esa consagración está unida por un hilo invisible a otra victoria inolvidable ante la naranja, la primera en un Mundial, en 1976. Allá a lo lejos, otra rosarina fue figura, la artífice del primer triunfo argentino sobre las siempre temibles europeas se llama Patsy Gorina. “Me acuerdo de ese momento, tantos años... Yo estuve ahí. Ganarle a Holanda fue maravilloso”, dice la legendaria jugadora de Plaza cuando Ovación le propone desandar aquel camino. Y se emociona. Como si ese ayer fuera hoy.

   Los años y el andar de Las Leonas desde el 2000 para acá (año de su nacimiento) hicieron que los partidos ante Holanda, potencia mundial, sean especiales. Por eso también los dos mundiales ganados, los de 2002 (Luciana Aymar y Ayelén Stepnik) y 2010 (Luciana Aymar) ante la naranja tienen un sabor adicional. A aquel equipo de 1976 le faltó la puntada final para quedarse el título, pero fue único también por vencer por primera vez a las europeas, en la que era la tercera edición ecuménica. El destino quiso que, como en las finales citadas, hubiera una local en la victoria mundialista ante las naranjas. Fue entonces en las semifinales que Argentina y Holanda empataron 0 a 0, hubo alargue y en los penales se concretó la hazaña con el gol de Patsy para el 4 a 3. “Ese triunfo del 76 fue como tocar el cielo con las manos. Creo que no ganamos la final (caída 2 a 0 con Alemania Occid ental) porque en la semifinal nos jugamos la final, eran tantas las ganas de ganarles que nos matamos. Todo el mundo que vio ese partido te dice que fue una real final, un partidazo de ida y vuelta”.

   En el relato de Patsy, en el que se filtran mil historias como hilos en un rollo de lana enredado, revive la alegría. Y luego de reír más y decir que “los árbitros nos bombearon bastante”, describe aquella ejecución, que no tiene registros fílmicos (al menos aquí) y que por lo tanto goza de cualquier fantasía posible, como los mitos: “Siempre tiraba penales, después de la práctica tiraba como 50 penales. Y por supuesto que me acuerdo de ese, se lo tiré abajo, al rincón izquierdo de la arquera. Cuando me dijeron que tenía que tirar el 5° penal pensé que no me iba a tocar, pero increíblemente Dawn lo erró y me quedó la definición a mí”.

   Dawn Taylor, emblemática jugadora argentina (y de BA), era la capitana y figura de aquel equipo. Cuenta Patsy que “tiró como yo pero se le fue apenas afuera” y le cayó la responsabilidad. “Dawn, que tenía una habilidad que nadie tenía y podía jugar de cualquier cosa, vino hacia a mí y me dijo: «Enana, te tenemos fe ciega, reventala». Esos metros hasta el área, en dirección a la ejecución, fueron largos para Patsy, que en fracción de segundos se hizo mil preguntas. Al final se decidió: “La tiro donde siempre, pensé. Me paré, tiré donde siempre y entró. Fue al ángulo, bien, pegó en el costado y atrás”. Para entonces, no había videos para estudiar a las ejecutantes, por eso, con la picardía de siempre, la ex defensora y volante cuenta que “seguro” no la tenían estudiada. “No me conocían, yo era suplente, a las demás que tiraron sí las tenían vistas. Igual, ojo, nosotros también teníamos a nuestro espía”, se divierte. El “espía” era un ayudante de cuerpo técnico que observaba a los rivales.

   Patsy inició aquel Mundial como suplente e ingresaba en los segundos tiempos. En el encuentro anterior ante Nigeria, que vencieron 8 a 0, jugó mucho, porque el DT Daniel Mc Cormik decidió darle rotación al equipo habitual. Sin embargo, cuando se levantaron en la mañana de la semifinal ante Holanda y anunciaron un único cambio entre las titulares, con Patsy desde el arranque, fue para ella misma una sorpresa. Años atrás contó que una chica le leyó las líneas de las manos y le advirtió que iba a hacer un gol importante en ese Mundial. Defensora, suplente y un poco descreída, no le dio crédito.

   Ese triunfo contra Holanda no significó un título, pero casi. Por eso, Patsy revive el momento posterior al instante en que su bocha se metió en el fondo del arco: “El equipo se volvió loco, me levantaron en andas, gritábamos todas. Me acuerdo de ese momento, tantos años.... Yo estuve ahí. Ganarle a Holanda fue maravilloso”. En ese Mundial, el último en pasto natural antes del sintético, fue la primera vez en que Argentina pudo sacar del camino al cuco europeo, que había vencido en las ediciones ecuménicas de 1972 y 1974. Además, teniendo en cuenta las condiciones en las que había viajado el equipo nacional, esa era una verdadera hazaña. Estuvieron a punto de no viajar, no tenían presupuesto (ya había iniciado la dictadura militar) y ni siquiera ropa oficial, fueron en jeans. Pero las referentes no claudicaron y con la ayuda de una campaña en el programa de radio de José María Muñoz, fueron. El avión voló a España y después se movieron en tren, por Rotterdam y Düsseldorf, hasta llegar a Berlín, sede de la competencia. Fue en aquel viaje que las chicas argentinas cruzaron también en tren de la Alemania Oriental a la Occidental a través del Muro de Berlín. Entonces, esas jugadoras que sólo querían jugar al hockey y vivían con inocencia no sabían que estaban en una realidad que se escribió en los libros.

El equipo se volvió loco, me levantaron en andas, gritábamos todas. Me acuerdo de ese momento, tantos años..

   Hace algo más de un año hubo un reencuentro en el que se volvieron a ver, tras 40 años, estas subcampeonas del mundo, más otras de otras camadas (Patsy además fue medallista de bronce en el Mundial siguiente, el de España 1978), de allí surgió un grupo de whatsapp que las tiene en contacto permanente, donde se recuerda mucho, se habla más y se intercambian fotos y anécdotas. Desde entonces son “Las ídolas olvidadas”, porque hicieron tres podios seguidos pero nunca gozaron de la popularidad de Las Leonas. Ni cerca. Aunque en realidad son la base de todo lo que vino después. Pero cuando repasa todo eso, Patsy agradece y aclara: “Acá en Rosario me siento muy gratificada, muchos presidentes de la Asociación del Litoral me tuvieron en cuenta y lo del Museo del Deporte Santafesino me emocionó (está allí como una de las figuras que relatan la historia). Cuando me llamaron no lo podía creer, también me hicieron notas hermosas, las revistas... Me siento reconocida y muy querida”.

   A pocos meses del cumplimiento de los 20 años de Las Leonas y a 10 del Mundial de Rosario, con aquel triunfo formidable contra Holanda bien vale la pena repasar la historia. Que tiene un origen.

Como en la leyenda japonesa del hilo rojo en la que dos amores están destinados a unirse más allá de que el hilo se tense o se enmarañe, así es el vínculo entre el hockey argentino y Rosario. Patsy Gorina, con aquel penal y aquel gol, hizo mucho para construir este relato.

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