Ovación

Herrera, leyenda en azul y amarillo

El Chaqueño vivió su última gran noche como profesional en un Gigante que se rindió a su aguerrido corazón canalla

Jueves 09 de Mayo de 2019

Se retiró un ícono del sacrificio. Un valiente que defendió con el honor de un gladiador la camiseta que más siente en el alma. Germán Herrera le puso anoche ante Libertad de Paraguay punto final a una larga y decorosa carrera como profesional. Lo hizo en la arena de un Gigante que terminó rendido a su aguerrido corazón en un show internacional como es la Libertadores. La foja de noble servicio indica que volvió al pago que lo moldeó hace casi tres años y medio sin luces led de fondo y sin marquesina como buen exponente del bajo perfil que es. No obstante, desde entonces fue metiéndose sin cesar en las entrañas de cada canalla. No solo porque hizo goles que quedaron perpetuos en la piel de la masa. También porque deja un estilo y legado sagrado en Central. El delantero conquistó con mucha garra y sudor a miles de almas en Arroyito. El Chaqueño quedó inmortalizado en su última función gala y pasó a ser leyenda cuando todo el estadio se dobló tras el triunfo copero para alabarlo, mientras ofrendaba sus brazos al cielo y regalaba emoción a las tribunas en el mismo instante que paseaba lentamente con su esposa y tres hijos alrededor de la cancha en plena despedida.

El campo de juego pareció crujir cuando asomó encabezando el pelotón portando la cinta de capitán. El resto de los marineros lo siguió en fila india hasta llegar el círculo central y rodearlo para saludar al Chaqueño Herrera primero y luego al público.

Mientras la tarde le daba espacio a la noche, el estadio se movía al compás de los movimientos que hacía el atacante canalla, quien miraba hacia los cuatro puntos cardinales como disfrutando ese preciado y sublime momento. El atacante estaba recibiendo un mimo impresionante y cálido para el alma. En tanto, en las plateas que dan espaldas al río medio centenar de personas allegadas de manera directa a Germán también saboreaban ese puntual instante gloria.

La emoción volvió a decir presente a los 17 minutos del primer acto cuando todos comenzaron a corear el apodo de Herrera. Mientras en ese mismo instante Diego Cocca optó por dejar de dar indicaciones para refugiarse como flecha en el banco de suplentes en una actitud que lo pinta de cuerpo entero.

Pensar que cuando el Chaco expresó públicamente que estaba dolido porque sabía que no iba a ser titular en su última presentación, automáticamente el pueblo salió a bancarlo en las calles y en las redes sociales. Fue el tema principal de Central en la antesala de la velada copera. La decisión inicial del entrenador de mandarlo al banco desató en la ira en los hinchas como pocas veces sucedió en su centenaria historia.

Pero a Cocca le hicieron ver la realidad y la tarde del pasado martes terminó cambiando de opinión por fuerza mayor. Fue entonces que no tuvo más remedio que llamar al verdadero protagonista de esta historia para confirmarle de su propia boca que sería titular ante los paraguayos (ver página 4). Fue por eso que ayer el atacante de 35 años pudo terminar posando y apareciendo para la foto que ahora es histórica.

“Olé, olé, olé, Chaco, Chaco” y El Chaco Herrera, qué loco que está, el Chaco Herrera?.”, fueron los hits que con más fuerza y potencia entonaron los simpatizantes auriazules desde que ingresaron al Gigante. Esos mismos que llegaron al barrio de Arroyito impacientes y exultantes porque creían que el DT seguía con la rígida postura de mandarlo al banco en una cita donde lo único que le importaba a la sociedad canalla era ver por última vez a su guerrero favorito de la modernidad.

Las agitadas aguas se calmaron cuando se oficializó que el número 17 saldría de arranque, tal cual lo había soñado y pedido incluso sin suerte inicial el propio Germán al entrenador el mediodía del domingo pasado. Pero en la previa los insultos seguían teniendo como blanco favorito a la cada vez más devaluada imagen de Diego Cocca en primer lugar y a los dirigentes en segundo.

El público fue como imán al estadio realmente atraído por la fuerza natural que le inyectó el experimentado atacante, quien ayer regó por última vez un campo de juego.

Porque el partido en sí no invitaba a dar el presente debido a que Central ya estaba eliminado de la Copa Libertadores y además venía de perder por penales la final de la Supercopa Argentina ante Boca en Mendoza.

La despedida de Herrera maquilló muchas cosas en el último partido de Central de este semestre, que fue de terror en todos los aspectos. El Chaqueño fue amo y señor de todos los elogios en un momento crítico institucional y deportivo. Absorbió todo el contexto y terminó siendo el eje que movilizó a la masa a desatar un carnaval en las tribunas.

El hombre de los goles importantes en los últimos clásicos salió a pista e hizo lo que el historial de su servicio marca con naturalidad: corrió, metió y no dio jamás por perdida una pelota. Herrera fue Herrera. Hasta jugó con la cabeza emparchada por un golpe en el inicio del partido. Fue ese mismo guerrero que enamoró al pueblo canalla desde que volvió hace tras años y medio tras una larga excursión por diferentes latitudes como Brasil, España y Emiratos Arabes, además de pasar por San Lorenzo y Gimnasia La Plata.

La vida misma indica que el Chaco patentó de taquito uno de los festejos más sabrosos de la historia contemporánea cuando le hizo el gol a Newell’s por la Copa Argentina en noviembre pasado, y que promete emular el ritual sagrado que tiene a otro ídolo de la casa como Aldo Pedro Poy con su clásica palomita.

Germán Herrera recibió anoche un reconocimiento con fervor y afecto por parte de todo Central en una jornada donde quedó inmortalizado en los corazones cuando tras el partido el club le hizo un reconocimiento en cancha junto a su esposa Jaquelina y tres hijos: Abril, Martina y Thiago con quienes dio la vuelta olímpica saludando feliz y manos en alto en slow motion, mientras todo el estadio coreaba su apodo. El plus es que subió un peldaño y desde hoy ya es toda una nueva leyenda auriazul.

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