Copa Argentina

Hasta el Monumento se volvió loco de alegría con el triunfo canalla

Miles de canallas festejaron el título de la Copa Argentina lograda en el Malvinas Argentinas.

Viernes 07 de Diciembre de 2018

El árbitro Patricio Loustau marcó el final del partido y el estadio Malvinas Argentinas, de Mendoza, estalló en gritos de alegría. Rosario Central se coronaba campeón de la Copa Argentina en su cuarto intento por la obtención del título y la hinchada no paraba de festejar. Casi al unísono, la euforia empezaba a contagiarse en la ciudad. Y, de a poco, los fanáticos auriazules arrancaban a inundar los lugares elegidos para la fiesta. Así, la zona del Monumento Nacional a la Bandera se convertía en el epicentro de la imparable celebración.
"¡Central es lo más grande que hay!", "¡Somos la ciudad!, vociferaban algunos, mientras otros aprovechaban para enrostrarle el título a su clasico rival, pintados de auriazul.
Los canallas armaron allí un verdadero carnaval, que se repetía con creces en el Gigante de Arroyito y otro sitios puntalmente seleccionados. En efecto, una frase del técnico Edgardo Bauza al final del partido fue premonitoria: "Me imagino cómo va a estar Rosario".
A cada uno de esos lugares fue arribando la gente poco antes de las 23.30. Y ya sobre la medianoche, la zona del mástil mayor del Monumento estaba más que poblada de fervorosos simpatizantes. Es que el partido obligó a sufrir. Primero, por el empate en los 90 minutos y, después, en la definición por penales.
centralmon.jpg

En el parque a la Bandera había locura. No era para menos, el equipo de Arroyito volvía a dar una vuelta olímpica después de 23 años.
Y mientras en el campo de juego mendocino el plantel levantaba la copa, en Rosario las gargantas de los hinchas se llenaban de cánticos altisonantes mientras se desplegaban las banderas azules y amarillas.
Tampoco faltó la pirotecnia. Los fuegos artificiales se evidenciaron detrás de la cúpula del Concejo Municipal. Y, al lado del ingreso, un vendedor de choripanes aprovechó la ocasión.
Después, se sumaron los expendedores de banderas, gorros y cotillón, que usaron familias enteras con chicos y hasta abuelos.
El área del Monumento se cubrió hasta Rioja y, todavía cerca de la una de hoy seguían bajando rosarinos a lo largo de la peatonal Córdoba ante la custodia de algunos pocos efectivos de la policía.
En suma, miles de personas y hasta sus mascotas con los colores del campeón les dijeron sí a la posibilidad de volver a festejar, como si fuera la primera vez. No era para menos: la noche se prestó, los nervios habían terminado y la ilusión ya era realidad.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});