Coronavirus

"Hagamos cuarentena", suplicó un rugbier argentino en Italia

Cambareri, jugador de rugby en Italia, alerta sobre las consecuencias de subestimar al coronavirus.

Domingo 22 de Marzo de 2020

Guido Cambareri es un jugador de rugby. Como muchos, este primera línea que se inició en Alumni decidió irse a Italia donde desde hace unos años vive. Como todos los que se encuentran fuera y tienen sus afectos en Argentina, no puede dejar de pensar en los efectos de la pandemia. El tema del coronavirus a él lo llevó a reflexionar y a escribir un texto en el que habla de su experiencia en la península itálica, sin dudas un mensaje desgarrador pero para ser muy tenido en cuenta. El texto es el siguiente:

"Mi nombre es Guido Cambareri, tengo 34 años, vivo en Milán, soy periodista y deportista. Y estoy muy asustado. Muy asustado por la Argentina. Simplemente quiero transmitir lo que he vivido y vivo cada día. No son opiniones ni pareceres personales. Esto es la realidad. Hechos volcados en un texto.

En noviembre del año pasado fui contratado como jugador y entrenador. También para formar parte de un importante proyecto de la ciudad, donde a través del deporte, sacamos a gente de situación de calle. Todo era perfecto hasta fines de enero, cuando el mundo comenzaba con sus pequeñas alertas de lo que hoy es una realidad: una pandemia que hasta el momento no tiene cura.

El 30 de enero salió una noticia que informaba que Italia tenía probablemente su primer infectado, arriba de un crucero en las puertas de dicho país. Debido a mi rol y forma de pensar me pareció prudente informar, alertar y pedir cuidado (todavía guardo esos chats). Lo envié a tres grupos diferentes entre los cuales suman más de 100 italianos. Llenos de gente hermosa, bien como es el tano, que me han ayudado y me han hecho sentir siempre de maravilla. Muchos ya eran amigos. Todas personas de buen pasar, de todas las edades y con acceso a la información. Pero ninguno sabía de esto... Con mucho respeto y buena onda bromearon y ningunearon la situación. Pero no solo ellos; todo Italia. Acompañado por un gobierno que nos decía permanentemente lo controlada que estaba la situación y, aún peor, alentaba y aconsejaba a la gente a seguir sus vidas como si nada. Es verdad: sin sacar culpas cabe recalcar que de esta enfermedad tampoco se sabía mucho.

Mientras tanto, el número de contagiados y muertes subían. Pero no era para alarmarse; números que ni llegaban a las tres cifras. En la calle éramos apenas un puñado los que tomábamos precauciones. Casi todos extranjeros: asiáticos, africanos y sudamericanos. Los números continuaban en suba. El gobierno ya dejaba la tranquilidad de lado y comenzaba a hacer recomendaciones. Pero ya de nada servía... los contagios y muertos continuaban en alza. De pronto, la cantidad empezó a asustar mucho: cerraron y aislaron la zona de Lombardía, pero ya de nada servía... los contagios y muertos continuaban creciendo. Mientras tanto, el pueblo seguía ignorando y subestimando la situación.

El primer fin de semana de marzo el Primer Ministro decide "cerrar" Italia y prohibir la circulación entre ciudades. Pero ya de nada servía... Los números eran incontrolables y ya tocaban la puerta de tu casa. Por primera vez la economía dejaba de estar en primer plano. Tarde. Hoy la situación es indomable y no sabemos lo que va a pasar. Y me refiero a horas, no días. Estamos encerrados y solo podemos salir al supermercado o a la farmacia, que es lo único abierto. Y si nos para la policía o ejercito debemos dar explicaciones. Para movernos por cualquier otro motivo necesitamos un permiso especial que no siempre es aceptado. Debemos hacer cola en los supermercados, separados por al menos un metro y medio entre personas. Luego volver enseguida a casa.

Los hospitales están colapsados. No hay camas y ni hablar de respiradores. Están literalmente eligiendo a quienes atienden y a quienes dejan morir. Pero no solo infectados sufren el problema de la salud; si te ocurre un accidente de cualquier índole en la calle o en tu casa, no tenés adonde ir. La economía está cada vez peor. Cierran negocios y otros no saben si podrán volver a abrir. Y esto me llegó en carne propia: un compañero me contó que no sabe cómo hacer para despedir a todo su personal de su restaurante. Y hace menos de un mes estaba muy por arriba de la media, económicamente hablando.

A mí me pagarán los próximos dos meses el 25 por ciento del salario. Hace 4 días me desperté con un mensaje desgarrador de una amiga cuya hermana tiene el virus. Hace 3 días con la noticia que falleció un miembro del club. Hace 2 días otro compañero italiano me llamó. Me contó, desesperado, que tiene un quiste cerca del hombro y que no solo corre riesgo su profesión sino su salud. Nadie lo puede socorrer. Italia llegó a un récord de 427 muertes en un día. Hoy Italia es el número uno en muertes, superando a China (lugar de origen del virus), con 3.405 y 41.035 contagios. Las ciudades vacías. Cualquier película post apocalíptica parece poco. Y están informando que esto va a seguir y peor. Ya ni las donaciones ni el tiempo alcanza.

Y tengo miedo. No por mí. No por Italia. Acá ya lo entendimos. Muy tarde, pero entendimos. Tengo miedo por mis viejos, mi hermana, mi sobrino... por Argentina. Si estos países del primer mundo están así, ¿se imaginan nosotros?

Y me duele y destroza ver que el pueblo está siguiendo los mismos pasos que acá hace cuatro semanas. La misma ignorancia e indiferencia hacia el otro. Hasta hoy me llegan videos, fotos, veo noticias y hablo con muchísima gente de allá: todavía seguimos en la calle.

Hay dos caminos: Italia/España o China/Corea del Sur. Seamos este segundo que, luego de sus cuarentenas, no tienen contagios. Y para esto no se necesita tecnología del primer mundo: Lo único que está comprobado que frena este virus es la CUARENTENA de al menos DOS SEMANAS. Entendamos: NO HAY OTRA.

No fui ni soy participe de éste gobierno, pero está haciendo bien las cosas. Es verdad, podrían haber hecho medidas más duras y quizás antes. Pero entendamos también que están actuando con el libreto arriba del escenario y no es fácil. Pero ver al presidente que sienta a su lado a políticos de otros partidos y que escucha y laburan juntos, me llena de orgullo. Ver a todos los diarios con las mismas tapas es increíble. Pero si un día después de que el presidente habla, hay colas para ir a la playa, nos vamos de "vacaciones" o andamos en la calle como si nada... no sirve. No depende solo del gobierno. ¡Depende en su mayoría del pueblo!

El mundo nos ve y más de lo que imaginamos. Demos por primera vez el buen ejemplo: Hagamos cuarentena. Usemos alcohol. Usemos barbijo. No invites a amigos. No visites a parientes. Estemos a más de un metro del otro. Lavémosnos las manos cuantas veces podamos. No demos besos ni abrazos. No compartamos bebidas ni utensilios. Y sobre todo, hagamos cuarentena.

Este Coronavirus no distingue de ricos ni pobres, ni jóvenes o ancianos. No distingue verdes o azul ni de izquierda o derecha. Hagamos cuarentena. Es mentira que es un distanciamiento social. Es un distanciamiento físico. Yo hablaba con mis padres tres veces a la semana y ahora lo hago todos los días.

Salgamos a los balcones a cantar. Gritemos el himno. Aplaudamos a estos héroes que les dicen médicos. Ellos son los que realmente llevan la 10 de nuestra nación. Informemos. Sigo enterándome de gente que no sabe todavía la gravedad de esto. ¡Informemos! Peleate y enojate con el pelotudo que todavía sale a la calle. Tengamos miedo. El miedo te hace manejar más despacio, estudiar el doble para un examen o entrenarte mucho más. No está mal tener miedo; lo malo es no actuar a pesar del miedo. ¡Actuemos! Y... Hagamos cuarentena.

Va a caer la economía del país (sí, aún mas) y va a caer tu economía. Vamos a tener muchos contagios y muertos. Pero no queda otra que laburar más juntos que nunca. Argentina está a tiempo. Pero ya le empezó a correr el reloj hace rato. No esperemos más: Hagamos cuarentena.

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