Ovación

Grandes DT

La genética ganadora de los futbolistas argentinos y la inteligencia de los entrenadores pueden pelearle a las groseras diferencias de presupuesto que atentan contra uno de los torneos más competitivos del mundo: el argentino.

Martes 13 de Febrero de 2018

"Siempre pienso primero en lastimar a Boca. En su cancha tiene un plus, tenemos que ser muy inteligentes. La llave para sacar un buen resultado es ser contundentes en ataque, hay que aprovechar las pelotas paradas. Queremos ir a la Bombonera a ser protagonistas".

La promesa de Gastón Esmerado, el entrenador de Temperley, protagonista de mil batallas en la mitad de la cancha con las camisetas de Lanús, Arsenal, Estudiantes, Colón y Huracán, no fueron sólo un cliché. Temperley, el Gasolero, complicó a Boca el domingo a la tardecita, pero no cumplió con un par de preceptos de su entrenador: no fue contundente ni aprovechó las jugadas de pelota parada. Además no ligó. Fabra tiró un centro y la clavó en el segundo palo. Pero el resultado es lo de menos para lo que se intenta destacar. Temperley fue competitivo, muy, en La Bombonera, hoy por hoy la cancha más inexpugnable del fútbol argentino.

La última vez que la humilde entidad del sur del Gran Buenos Aires había visitado la cancha de Boca antes que el domingo, en el torneo pasado, perdió 4 a 0. Ya a los 23' caía 3 a 0. Ese día, su entrenador Gustavo Alvarez, un DT muy prometedor que ahora conduce a Aldosivi de Mar del Plata con muchas chances de regresar a primera división, cometió el pecado de salir a jugarle de igual a igual al puntero del campeonato. Lo que bien podría considerarse un acto de valentía fue, en realidad, un error de principiante. No fue inteligente.

Esmerado esperó con una doble línea de cuatro, achicó los espacios para asfixiar a Pavón, Cardona y Tevez, le desnudó la falta de generación de juego por la ausencia de Pablo Pérez y bien podría haberle empatado. ¿Lindo el juego de Temperley? Para nada. ¿Elegante? Tampoco. ¿Sacrificado? Muy. ¿Resultado? A la altura de las circunstancias, competitivo.

"Después del gol entramos en la confusión, confundimos los caminos y no tomamos buenas decisiones. No hay excusas, hay que trabajar, insistir, hay material para jugar mucho mejor. Para nada fue un partido digno".

Por otro lado, Marcelo Gallardo optó por hablar sólo de River tras el 0-1 del domingo. Fue durísimo con sus jugadores, pero injusto con Lanús, cuyo esquema fue muy bueno para compensar las diferencias entre un equipo multimillonario y otro en estado de reconstrucción y plagado de chicos.

A Ezequiel Carboni, DT granate, no se le cayeron los anillos por poner a Román Martínez entre los once después de avisarle apenas asumido que no iba a contar con él. Román eligió quedarse a pelearla a sus casi 35 años, y empezó a justificar su apuesta. Era necesario que un generador de juego construyera a los costados de Ponzio y Martínez, y lo hizo muy bien. Se fue ovacionado de la cancha cuando lo reemplazó el pibe Belmonte.

"Hoy dimos un paso atrás. Hay que trabajar en tocar el amor propio de estos jugadores, que tienen mucha calidad. No hay que confundirse con el resultado, ni adverso ni a favor. No podemos desviar el camino, hay una idea de juego que tenemos que respetar. No es falta de actitud. No podemos agachar la cabeza. Hay que seguir dándole intensidad y ser agresivos a pesar de no estar finos con la pelota", dijo un extrañamente confuso Gallardo que además evitó hablar de las bondades del adversario. Lanús terminó el partido con tres pibes de 19, uno de 20 y otro de 21, y 9 jugadores de los 11 surgidos de las inferiores.

Los futbolistas argentinos son genéticamente competitivos, pero muchos entrenadores de equipos de menores recursos sostienen con sus estrategias la paridad de un campeonato groseramente desigual desde lo económico.

A Carboni no se le movió un pelo cuando decidió sacar al experimentado y otrora consagrado Denis para hacer entrar a Vides, otro joven, en este caso 12 años menor. Y cuando se lesionó Barrientos a los 22' incluyó a Lodico, otro pibe que fue campeón invicto en sexta y que terminó en el podio de los mejores del partido frente a River.

Cuando Gallardo apeló al banco de suplentes ingresaron Mora, Quintero y Borré. La diferencia de presupuesto es escalofriante, pero una buena estrategia es un antídoto más que efectivo en la mayoría de los casos.

Christian Bassedas, de Olimpo, se supone un entrenador que priorizará el juego más vistoso y de control de la pelota, sin embargo, contra Racing se asumió inferior y a partir de allí construyó una estrategia que la poderosa Academia sólo pudo perforar a seis minutos de los 90.

En Racing juega la sensación del fútbol argentino, Lautaro Martínez. Y Licha López, y Centurión, y Neri Cardozo, y Donatti. Y sólo pudo torcer a Olimpo con dos jugadas de pelota parada casi idénticas.

"Uno pretende que el equipo tenga seguridad y determinación. No me gusta ser soñador y creer que no hay que defender", dijo Bassedas el día que asumió como entrenador de Vélez, allá por 2015. El sábado lo puso en práctica y casi le sale.

"Nunca bajamos la intensidad, nos llevamos 3 puntos importantísimos. Nos gusta jugar a otra cosa, pero nos tenemos que adaptar", dijo el Chacho Coudet tras el trabajoso 2-1 de Racing en Bahía Blanca.

"Nos tenemos que acostumbrar a ganar. Esta vez aprovechamos la pelota parada y nos quedamos con la victoria. Este es el camino", puntualizó el ex DT canalla.

Muy interesante y analítico a la vez. Visto del otro lado del mostrador, desde la clase alta del fútbol, adaptarse es una gran parte del secreto para sacar adelante situaciones complicadas. Así como muchos directores técnicos arman estrategias para compensar las diferencias, otros, los propietarios de la abundancia, tienen que tener la capacidad de cambiar la estructura para consolidar su proyecto.

Por ejemplo, a Guillermo Barros Schelotto le cuesta mucho cambiar. Boca perdió partidos con rivales inferiores, la mayoría lo son, sin mostrar apenas una pizca de rebeldía. Y esa falta de reacción termina siendo el principal enemigo.

Boca debió cambiar frente a Temperley, pero su entrenador no quiso hacerlo. El, como muchos amantes de la retórica, prefiere morir "con la nuestra", cuando en realidad en el fútbol se trata de obtener el mejor resultado posible apelando a todas las variantes y no encerrándose en un único esquema.

Independiente le ganó la primera final de la Sudamericana a Flamengo con el uruguayo Silva de zaguero central y con Juan Sánchez Miño al lado de Diego Rodríguez en la mitad de la cancha, pero cambió para la revancha. La altura de Amorebieta y la mayor aplicación de Domingo para contener primero y progresar después fueron considerados imprescindibles por Ariel Holan para ir al Maracaná a buscar el resultado más conveniente. Independiente se consagró campeón tras empatar 1 a 1 en Río de Janeiro. No lo ató ningún resultado previo, sólo priorizó la mejor estrategia según su concepto.

No todo está perdido. Si la genética ganadora de los futbolistas y la inteligencia de los entrenadores se asocian, pueden pelearle a las groseras diferencias de presupuesto que atentan contra la competitividad de uno de los torneos más competitivos del mundo.


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