Sábado 23 de Octubre de 2021
Hace un mes, Buenos Aires City dio el golpe en el campeonato de AFA de fútbol playa. Un equipo nuevo, de tan sólo cuatro años de existencia y que desde su nacimiento no había podido ni siquiera ganar un partido, se hizo fuerte de punta a punta y logró destronar a los candidatos de siempre. Buenos Aires City, nombre más porteño imposible, pero que sin embargo está hecho de alma rosarina. Es que 10 de los 12 jugadores que estuvieron ese día de la consagración son hijos dilectos de la Cuna de la Bandera. Entrenan en Rosario, crecen en Rosario, son figuras "exportadas" y en su mayoría integran la selección nacional. Quiénes son y por qué se da este fenómeno explicado en la voz de Maxi Ponzetti, el capitán de esta ilusión hecha realidad.
Con la cinta en el brazo, y secundado por Sebastián Azimonti, Martín Perea, Facundo Fiorino, Santiago Puras, César Ferrari, Manuel Gago, Nahuel Gigena, Nahuel Cipolletta, Nicanor Maciel, Alejo González y Lucas Ponzetti, Maxi es una de las figuras del campeón que en la final venció al poderoso Acassuso por 3 a 2 en penales tras igualar 5 a 5. Un tipo enamorado de su deporte, que busca y busca para intentar achicar la brecha en el nivel de clubes y por qué no, a nivel selección. No es poco que, de hecho, en algunos momentos de su vida se haya instalado en Brasil para "estudiar" por qué son tan buenos los brasileños en el fútbol de playa. En este sentido es analítico y minucioso a la hora de contar por qué un equipo porteño está lleno de rosarinos y por qué esos rosarinos le permitieron ganar. De hecho incluso Argentino, también de acá, terminó 3º.
"Acá (en Rosario) hay un centro de desarrollo en La Florida, tenemos la estructura, tenemos la cancha. Tener la cancha facilita un poco más las cosas, porque hay equipos que no tienen ni cancha. Está la de Escobar, la de Lanús donde se jugó la final, que está buena, tiene buenas dimensiones, tiene buen volumen de arena y después está la del predio de Ezeiza. Hay muchos de los chicos que entrenan en una especie de plaza pública en Vicente López. Si no hay estructura se complejiza todo", explica Maxi, quien tiene a su cargo el centro de desarrollo en Rosario, con la garantía del mantenimiento que se hace en la playa "donde hay arena todo el año, es un lugar natural".
Porque en Rosario empieza a entenderse el "secreto" del Buenos Aires City campeón de AFA, es que los futbolistas entrenan en la Cuna de la Bandera, en contacto directo con el DT y con Maxi a cargo de las prácticas de acá. Cada fin de semana que toca partido, se suman los demás compañeros, los de Buenos Aires, los que entrenan en lugares públicos y bastante artificiales. La realidad habla por sí sola. Sólo con los dedos de una mano se pueden contar las canchas que están en verdaderas condiciones para jugar fútbol playa en el país. Ello genera a veces, un poco de bronca y de impotencia.
"Es complejo, no hay donde entrenar. Después se nos exige como a un profesional, porque cuando hay torneos para clasificar al Mundial, como son las Eliminatorias y no están las condiciones igual te lo piden. Futsal es futsal (se refiere a esto por la repercusión que tomó el subcampeonato mundial reciente) justamente porque se hizo un trabajo impresionante en desarrollo, se capacitó a todo el país, hay canchas en todos lados. Tenés liga profesional, jugadores que se dedican a eso. Acá no, yo hoy laburo en la escuela dos turnos y después voy a la práctica, los otros pibes lo mismo", cuenta Maxi, también maestro en la escuela Primaria Intercultural Nº 1.333 Nueva Esperanza, mayormente de la comunidad qom. Esa, su otra pasión, no opaca su rendimiento como futbolista aunque sabe que las condiciones y el cansancio no juegan de igual manera.
Este año, por caso, Argentina no pudo clasificar al Mundial de Rusia, pese a que su historia es buena con respecto a esas participaciones. Lo que preocupa es que las últimas tres Eliminatorias pasaron sin conseguir ese objetivo. En este sentido, la evolución no es algo que se pueda descuidar: "Una cosa es cómo se jugaba hace unos años y otra es cómo los equipos crecen, hay países que invirtieron e hicieron contrataciones de los mejores técnicos, en especial brasileños (...) Acá, hasta que no se invierta, hasta que los clubes no tengan canchas, hasta que no haya un modelo de metodología nacional en el que todos entrenen medianamente como entrena la selección va a ser difícil. El profe que está en Puerto Madryn y el que está en Formosa o Jujuy tienen que decir 'el fútbol playa se juega así' para que después, cuando hagas unos Juegos de algo, el fútbol playa no sea un picado en la arena sino un partido de pibes que saben lo que es jugarlo".
Maxi Ponzetti pone la voz en alto, como buen líder y capitán. Y pese a su experiencia de selección que hoy puede trasladar al centro de desarrollo que comanda en La Florida o al mismísimo Buenos Aires City (fue el impulsor del fútbol playa en Rosario Central y en Argentino, además de jugar en Racing) no escatima en esas críticas que deben tomarse como constructivas: "Es un círculo, el dirigente te dice que si no clasificás no hay plata y del otro lado está el hecho de que si no se invierte nunca vamos a tener la estructura para clasificar. Es un círculo vicioso y en el medio de eso estamos nosotros. Te pongo un ejemplo: la selección hizo toda la preparación en la cancha de Huracán, donde la arena te tapa hasta el empeine y vos vas y jugás en Brasil (para ir al Mundial) con la arena hasta arriba de los tobillos. Por más que vos quieras simular con las pesas el agotamiento, no es lo mismo".
Así y todo, las dificultades dentro de un deporte netamente amateur, que se respalda más en la pasión de unos pocos que en una estructura, no opacan lo que les genera a estos futbolistas el fútbol playa: "De las versiones de fútbol esta es la más atractiva, jugás con música al palo, con espejos de agua de fondo en lugares naturales... Te puede tocar en Río de Janeiro, en Bahamas, o en Portugal, como el último Mundial. ¿No hay sponsors o no hay voluntad política?", pregunta Maxi de manera retórica.
De la playa de Rosario a las "playas" del país. Con mucha experiencia sobre las espaldas, los futbolistas rosarinos, siete de ellos de selección, llevaron el talento y ese motor del amateurismo a nivel nacional para darle a un equipo bien porteño, el primer campeonato de AFA. Bien porteño, pero con alma bien de acá. Gestada al lado de La Florida y respirando aires de río Paraná.