Juegos de Playa

Fútbol en el final de unos jogos bonitos entre Argentina y Brasil

La verdeamarela se lució ante la albiceleste en el cierre de la competencia y ganó el oro tras vencer 8 a 1.

Domingo 24 de Marzo de 2019

Hay hechos que con el tiempo se convierten en recuerdos y que no se pueden olvidar. Ayer, en el último día de los Juegos de Playa, en la arena de La Florida, se pudo ver algo que sólo el deporte puede hacer: jugadores de Argentina y Brasil unidos en un abrazo saludando al público tras disputar la final de fútbol playa. ¿Impensado? Puede ser, pero no por ello dejó de ser real, tan real como el 8-1 con el que Brasil se quedó con la medalla dorada .

Un colmado estadio Rojo le puso el marco de fiesta a lo que fue la gran final del deporte vedette. No importó si el césped era arena o si en lugar de once eran seis por bando. Era un Argentina-Brasil con todo lo que ello implicaba y para colmo estaba en juego la codiciada medalla de oro, que quedó en manos de la verdeamarelha con samba incluida.

Antes del puntapié inicial, los parlantes sonaron con toda la furia al ritmo de "Campanadas del infierno", de AC/DC, presagiando quizás lo que iba a vivir el seleccionado argentino en los minutos siguientes, un verdadero calvario. Es que en el balance general del partido, este encuentro estuvo lejos de ser parejo. Por más que intentó y puso el corazón en cada jugada, Argentina no pudo ante un Brasil que fue el dueño absoluto del encuentro. Era una final y el 8-1 marcó a las claras las diferencias entre unos y otros. Fue una verdadera lección de fútbol en la arena.

En el primer tiempo el conjunto de Fabio Carvalho da Costa definió el partido. Arrancó impreciso pero aún así frotó la lámpara y empezó a sumar. Tocando y tocando, al ritmo que ellos querían, Brasil fue agigantando su figura. Filipe, de cabeza, abrió el marcador y luego siguieron las anotaciones de Bernardo y Luiz Alberto, que estiraron la cuenta, y el golazo de Rodrigo, que la llevó atada desde mitad de cancha, apiló a cuanto argentino se le cruzó y definió pegadito al palo derecho del arquero argentino.

En la vereda de enfrente, Argentina nunca le encontró la vuelta, ni con el juego asociado ni con sus individualidades, y lo terminó pagando. Un remate de Héctor Bordón sobre el final fue una señal de una recuperación que nunca llegó ya que desde el arranque del segundo tiempo el partido estuvo definido.

Con un 4-0 en contra la obligación era del equipo albiceleste, sin embargo Brasil no desaprovechó sus chances. Cuando la tuvo en su poder movió la pelota como si fuera un flipper hasta que Nelito marcó el quinto y liquidó e pleito al punto que el resto estuvo de más.

Para colmo las pocas chances que tuvo el equipo argentino fueron desactivadas por un arquero que lució como una verdadera muralla.

De chilena, Filipe anotó el sexto de su equipo y el segundo en su cuenta personal. Todo era de Brasil, que encima tuvo tiempo para lucirse. Mostraba otra velocidad, cambios de ritmo pero sobre todo mucha jerarquía. Le estaba propinando al local una verdadera paliza, en el marcador y en el juego.

En el tercer tiempo el panorama no cambió. Brasil, si bien levantó el pie del acelerador y no fue tan vertical, con un toqueteo irritante jugó con la desesperación y el desconcierto argentino. Luiz Alberto, de tiro libre, la metió en el ángulo, dejando sin chances al uno argentino y cerró la faena con un tremendo bombazo de Thanger, inatajable para cualquier ser humano.

El gol del honor llegó a once segundos del final. De tiro libre Maximiliano Ponzetti marcó para Argentina que, por ese entonces, hacía un rato se había colgado la medalla de plata. Así llegó el final y si bien no hubo tiempo para alguna jugada más, lo que se vivió allí después es digno de destacar. Y lo ofrecieron los mismos protagonistas al unirse en un abrazo interminable, donde se olvidaron del resultado y de las medallas y le enseñaron a todo el mundo que, más allá de todo, jugar a la pelota en la arena es sólo un juego, un jogo bonito.

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