Lunes 11 de Enero de 2021
Los Juegos Olímpicos modernos han tenido lugar, con algunas interrupciones, desde el año 1896. El maratón siempre ha sido una de las pruebas estrella de la competición, una carrera de unos 42 km que pone al límite a los atletas más duros del mundo. Todo está televisado y controlado hoy en día, pero la televisión no existía cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Saint Louis, Estados Unidos, en 1904. Por aquel entonces las trampas y el dopaje estaban a la orden del día, aunque pareciera lo contrario.
El norteamericano Frederick Lorz fue el ganador del maratón de 1904, pero no de manera limpia o deportiva. Tras correr durante 15 km decidió que no podía más, que estaba cansado. Su manager, que le venía siguiendo en su auto, le gritó y alentó para que siguiera. Al ver que no podía, lo llamó y lo subió al automóvil con el que recorrieron unos 17 km, hasta que se rompió. Lorz se bajó del auto y siguió corriendo, tras haber tomado fuerzas y descansado durante más de media hora.
Al final el neoyorquino hizo a pie los 8 km que le quedaban para terminar, y cruzó la meta como ganador con un tiempo de 3 horas y 13 minutos. Tras su “hazaña” fue tratado como ganador, ofreció algunas entrevistas y hasta lo esperaba Alice, la hija del presidente Theodore Roosevelt, para la fotografía de rigor.
Una broma más que pesada
Todo fue alegría hasta que varios espectadores comenzaron a allegarse a la línea de meta y reclamaron por la falta. Luego apareció Thomas Hicks, quien llegó segundo y al ver a Lorz festejando le dijo a los jueces que ningún corredor lo había pasado.
Lorz admitió que todo se había tratado de una broma, y reconocía haber hecho eso, pero sin decir la palabra trampa. Ante semejantes declaraciones y la evidencia, fue descalificado y expulsado de la Amateur Athletic Union.
Aunque esto parezca muy antideportivo, el segundo clasificado de aquella maratón logró terminar la carrera gracias a pequeñas dosis de rodenticida (veneno para ratas) acompañadas de un vaso lleno de brandy, que al parecer tiene efectos dopantes. Como también estaba exhausto tomó más de una dosis y al terminar la carrera casi pierde la vida.
Lorz fue perdonado rápidamente por la asociación atlética luego de que pidiera disculpas y demostró sus avales al año siguiente al ganar el maratón de Boston. Luego fue nuevamente sancionado por participar de una competencia no oficializada pero, reinstalado, en 1906 salió cuarto en el maratón de Chicago. Lorz siguió corriendo y murió a los 29 años a causa de una neumonía en 1914.
El antecesor griego
Pero hubo otro tramposo en el maratón olímpico antes que Lorz. Fue el griego Spiridon Belokas quien participó en la prueba en los Juegos Olímpicos de 1896 celebrados en Atenas entre el 6 y el 15 de abril. Belokas llegó a la meta en tercera posición. Pero fue descalificado poco después al descubrirse que había hecho parte del recorrido montado en un carro. En esa época los autos todavía no existían.