Viernes 22 de Junio de 2012
Fue una semana dificil, dura, de las peores de los ultimos tiempos. Solo comparable con la del Bicentenario después que se habia consumado el descenso. Y lo peor que esta vez fue impensado, porque fui uno de los miles que fui al Gigante con mis hijos el domingo, a festejar el Día del Padre y quede paralizado por la acción del funebrero, que hizo
honor a su macabro nombre.
Como un racionalista nato me cuesta creer que aún es posible que se concrete nuestra suba, pero contradictoriamente hay algo que me invita a soñar en el milagro.
Atinadamente la Rosarina de Futbol adelantó la fecha de mi hijo más pequeño por lo que a esa hora estaremos los tres Comi hombres juntos frente a la TV en mi casa. No quiero a nadie más. Prefiero pararme de manos al destino en familia. Si hay milagro el sábado a la noche será interminable porque soy de los que creen que si debe festejarse el día
que despertemos de esta pesadilla, y a lo grande.
Y firmaria como el Fausto cualquier pacto que me asegurara esa felicidad. Sí, estaría dispuesto a todo. Hasta a renunciar por escrito a pasar el verano siguiente sin picadas y sin cerveza. Una felicidad asi vale una ofrenda de semejante magnitud.