Tenis

Fede Coria: de la sombra de un Mago a las luces de New York

El rosarino de 28 años, hermano menor de Guillermo, consiguió el mejor triunfo de su carrera, el primero en un Grand Slam. Tras sufrir el karma del apellido por años, disfruta de su momento

Lunes 31 de Agosto de 2020

Cuando parecía que Federico Coria, 103° del mundo, iba a despedirse rápido de New York y de su primera participación en el cuadro de un Grand Slam, el US Open, la cosa cambió. El rosarino, que estaba dos sets abajo y cuatro games en el tercer parcial, inició una remontada contundente que Jason Jung, de China Taipei, 122°, no pudo soportar, razón por la que además padeció problemas físicos y se retiró en el quinto set, en el que mandaba el rosarino. Así, Fede concretó finalmente uno de sus sueños: el de jugar un cuadro de major, la más alta categoría de torneos de tenis. Y de la mejor manera, con triunfo: fue 2/6, 4/6, 6/4, 6/1, 2/0 y abandono para ir en busca del británico Cameron Norrie en segunda ronda (76°). En un contexto raro, sitiado por la pandemia de coronavirus, Federico Coria supo lidiar con los nervios y la ansiedad del debut, los meses de parate obligado y el poco timming que tenía hasta acá, para hacerse fuerte y celebrar con lágrimas en los ojos.

Durante mucho tiempo Federico vivió a la sombra de su hermano Guillermo, el Mago, ex Nº 3 del mundo, finalista de Roland Garros y dueño de un talento excepcional que lo distinguió como uno de los referentes más importantes de la Legión Argentina y de la mismísima historia del tenis nacional. Sin embargo, pese a que el domingo jugó en el primer turno, el de día y en la cancha 14, no es osado decir que por fin Fede pudo ponerse bajo las luces de New York y del tenis. Por sus propios méritos. En realidad lleva varios meses haciéndolo, pero esta vez se trató de un lugar especial.

Un gran 2019 y un mejor inicio de 2020 hasta la expansión del coronavirus y suspensión del circuito le permitieron el mejor ránking de su carrera hasta aquí, y con ello jugar su primera qualy de Masters 1000 (semana pasada, Cincinnati, en la que cayó en primera ronda) y ahora su primer cuadro de Grand Slam. En algún momento, no hace mucho, el hermano menor del Mago pensó en largar todo, harto de perder dinero y generarse deudas, lejos del Top 100 y de la vanguardia.

Pero en un rapto de lucidez pudo reinventarse, rechazó la ayuda económica que Guillermo le ofreció para competir y decidió salir solo. Poco antes, otro hecho lo hizo ver las cosas con nuevos ojos: la suspensión que recibió en 2018 por no denunciar intentos de soborno por arreglo de partidos. Aprendió.

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De aquella sanción original de ocho meses reducida a dos, a este presente, la curva solo fue de ascenso. Muchas veces Fede se planteó si podría meterse en ese Top 100 y recibirse de tenista (dice así porque sólo los que están en esa parte del escalafón pueden ganar algo de dinero y estar más tranquilos), jugar los mejores torneos. Contó incluso que llenó espacios de la casa en la que vive con su novia, con frases motivacionales de objetivos personales. No se instaló por poco en ese grupo de privilegio pero lo hará en unos días nada más cuando se reactualice el ránking ATPcon los puntos de este certamen.

A los 28 años, Federico jugó el partido más importante en su andar tenístico. A los 27, Guillermo se estaba retirando, en un adiós que fue demasiado prematuro para el público, luego de haber ganado 9 títulos ATP, entre ellos los Masters 1000 de Hamburgo y Montecarlo, además de haber sido finalista de Roland Garros y campeón como junior. Claro, por ese hermano es que a Fede las cosas no le fueron sencillas. A los 15 años, el rosarino y venadense (él se siente así pese a haber nacido en la Cuna de la Bandera) se mudó a Buenos Aires para impulsar su carrera. Pero a los 16 dejó: sufría, no disfrutada. Volvió más tarde.

Llamarse Coria tuvo un costo alto en esos primeros años de competencia fuerte. Contó alguna vez en una nota a La Capital que por esa razón, siempre aparecía programado en las canchas centrales, del torneo que fuese. Y que cuando perdía e igual le iban a hacer las notas, él respondía: “Andá a hacerle al jugador que ganó”. Claro, es que casi no existió torneo del mundo en el que Guillermo no haya pasado. Peor aún, lo hizo dejando huellas de un tenis extraordinario. Y eso a Fede le pesó, ser “el hermano de” se tornó un karma y pensó en cambiarse de apellido, al de su mamá, para que lo dejaran un poco en paz y en lo posible dejaran de esperar de él lo que no iba a ser: Guillermo. Es conocida una anécdota en la que reconoció festejar cada vez que no le tocaron canchas centrales.

Guillermo Coria siempre fue el superhéroe de Federico, 10 años menor. Y Fede creció disfrutando de esa figura que su hermano, pero al que conocía poco. Es que con 13 recién cumplidos, el Mago emigró a Miami para instalarse en una academia, sólo y viviendo con 50 dólares por semana, para erigir su carrera. Prácticamente no compartieron casa. Cuando Guille se retiró, ese superhéroe bajó a tierra y tuvieron que conocerse más. El tiempo y las circunstancias hicieron que hoy, esa relación, sea más linda aún. Sólo si Fede lo pide, Guille asesora. Y este sentido también es más frecuente a Fede hablar de su hermano y remarcar el orgullo que le da, ahora sí, el nombre. Tuvo que entender que eso que tantas veces escuchó al pasar cuando se retiraba vencido de una cancha no tenía que ver con él, sino con su hermano: “Este es malísimo”, sonaba por ahí. No, no era malísimo. Su hermano fue un galáctico.

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Este lunes mientras Fede debutaba en Flushing Meadows, enfundado en una llamativa remera fuccia y short gris, una familia completa en Funes no se despegaba del televisor. Claro, la de Guillermo. El Mago mantuvo reuniones virtuales por trabajo en una parte del partido pero se puso la pantalla con su hermano muy cerquita. Su mujer Carla y sus hijos Thiago y Delfina alentaron a full. Los viejos y el hermano mayor de ambos, desde Venado Tuerto, hicieron lo mismo.

Las noches de gloria en las gradas del Buenos Aires Lawn Tennis, sede permanente del ATP de Buenos Aires, fueron la inspiración de Federico, quien no dejaba de pestañar ante un partido de su ídolo, el mismo al que viajó a ver al exterior y que lo obnubilaba aunque por al lado le pasasen Andre Agassi (a su vez ídolo de Guillermo) o Roger Federer. Los sueños de Fede estaban ahí, junto a los que proponía la varita de un Mago cercano pero intocable. Hoy, cuando recorre esos mismos espacios como jugador, vuelve a ver al niño que sonríe y se entusiasma, que disfruta y que crece. Hoy, cuando ya puede decir que ganó su primer partido de Grand Slam, Fede Coria tiene más nombre propio que nunca.

En la próxima instancia lo espera Cameron Norrie, quien venció a uno de los mejores amigos de Fede, Diego Schwartzman (13°) por 3/6, 4/6, 6/2, 6/1 y 7/5. Igual, esa ya será otra historia.

Ver más: "Estoy viviendo un sueño"

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