Ovación

Estos barras atacan de local

En Lamadrid ayer pasaron miedo. En Vélez, Russo sugirió connivencia tras el apriete del jueves

Sábado 26 de Septiembre de 2015

Cuando de a poco en provincia de Buenos Aires se está autorizando a que vuelvan a las canchas los hinchas visitantes, el fútbol argentino fue noticia dos días seguidos y no precisamente por la visita de extraños, y en el ámbito de clubes de Capital Federal. Después del apriete de la barra de Vélez del jueves, ayer el técnico Miguel Angel Russo apuntó a connivencia con un dirigente. Y ayer, los que la pasaron peor fueron los jugadores de General Lamadrid, que fueron amenazados y golpeados, y tuvieron miedo de un desenlace para lamentar aún más.

Después de que seis barras apretaran a los jugadores de Vélez, en especial los más jóvenes, en la Villa Olímpica del club, Russo salió a hablar. Dijo que no hubo agresiones, pero aclaró que “no fue pacífico”. Y dio más detalles: “Quiero aclarar que en ningún momento hubo agresión verbal ni física, hablaron con los jugadores del lado de la calle y alambrado de por medio. Tampoco puedo decir que se desarrolló todo con absoluta normalidad porque no son hechos comunes y menos en Vélez, tampoco voy a calificarlo de pacífico, fue algo que nos superó”.

Y luego brindó un detalle revelador: “Un dirigente vio la práctica junto a los barras”. Aunque se excusó de dar el nombre, sugirió claramente la connivencia de la barra con alguien que tiene poder de conducción en el club.

Y en Villa Devoto, 15 barras entraron a la práctica de Lamadrid, en riesgo de descenso, con facas y armas de fuego, le rompieron el tabique a Marcelo Burzac y golpearon a Francisco Peralta Salinas. Este último relató que “vinieron directo a pegarnos. Fue una locura. Si reaccionábamos nos mataban. Estaban drogados, nos podían matar”, dijo el defensor, que sería uno de los nueve futbolistas que pidieron la rescisión del contrato. Antepenúltimo en la tabla de descenso en la Primera C, el Carcelero está manteniendo la categoría pero los que parecen ser los dueños del club no se dan por enterados.

La barra manejaría el buffet y una pensión donde alojarían hinchadas de equipos de otros países cuando vienen a disputar Copas. Por lo pronto, hoy el plantel no entrenaría, al menos en el estadio donde sufrieron las amenazas.

Justo cuando se intenta la vuelta de los visitantes en Provincia, dos hechos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ponen el foco en el verdadero problema: los barras, amos de los clubes.

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