Ovación

Es la Superliga

El descomunal mercado de pases argentino profundiza groseramente las diferencias entre los equipos poderosos y los del segundo pelotón y desnaturaliza la competitividad

Martes 23 de Enero de 2018

Los hinchas de San Lorenzo todavía le piden explicaciones a Matías Lammens sobre la llegada de Julio Buffarini a Boca. Ricardo Centurión vuelve sorpresivamente a Racing y dice que regresa "a casa" después de haber asegurado no hace más que un puñado de meses que el único club de Argentina donde jugaría sería Boca. "Si no juego en Boca me retiro", llegó a decir Ricky. Y pensar que Chacho Coudet había dicho tres días antes que "por Centurión no tenemos chance de competir con Boca porque ellos tienen el camión de Juncadella". Cuatro millones de euros pagó la Academia de Avellaneda por el 70 por ciento del pase de Centurión. Es la erogación más importante de la historia del club.

Lucas Pratto se sorprende cuando le preguntan si le gritaría un gol a Boca y contesta afirmativamente. En el club de la ribera hizo las inferiores. Pratto es la adquisición más cara de la historia de River y la tercera del fútbol argentino en general después de Riquelme y Tevez a Boca, ambos en 15 millones, provenientes de Villarreal y Juventus. A propósito, Carlitos jura y perjura que su regreso esta vez no le costó un peso a Boca. Franco Armani cuenta por enésima vez que su último club en Argentina fue Deportivo Merlo, mientras es presentado para intentar defender un arco que, ¿quién diría? no tiene paz desde la salida de Trapito Barovero. Cuatro millones pagó D'Onofrio por el casildense, uno de los arqueros más caros de la historia del fútbol argentino.

Desde Francia, Javier Pastore descarta cualquier chance de volver tras el interés de Racing. Bruno Zuculini, ex Racing, le dijo a River desde Verona que ahora no, pero en junio puede ser. Seguramente será así tras un nuevo descenso del equipo más importante de la tierra de Romeo y Julieta.

Boca dio por cerradas las negociaciones por el paraguayo Gustavo Gómez por falta de respuesta de Milan a la propuesta de 5 millones de euros, pero el ex Lanús ya faltó al último entrenamiento y presiona para salir.

Independiente todavía no dio el paso adelante pero tiene en foco al uruguayo Alejandro Silva, el ecuatoriano Fernando Gaibor (será la compra más importante de la historia del club), Fernando Belluschi (casi no existen chances de que avance la gestión), Iván Marcone, Ismael "Chuco" Sosa y Emanuel Reynoso. Y acá hay que hacer necesariamente un parate.

Tras la derrota del domingo a la noche en el superclásico, Guillermo Barros Schelotto se quejó de la falta de juego de su equipo. "A nosotros nos faltó juego. Presionábamos bien, robábamos la pelota, pero no la sostuvimos con el juego. Nos equivocábamos en el pase...". Esa misma noche la dirigencia xeneize se comunicó con sus pares de Talleres para pedir prioridad por Bebelo. Independiente ofreció 3 millones de dólares por el 50 por ciento del pase y Boca se acercaría a los 4 que pretende la entidad albiazul. Billetera mata galán más allá de cómo terminen las negociaciones de unos y otros.

Los Moyano tienen plata fresca, y mucha, después de vender a Ezequiel Barco y por eso se atreverían a solicitarle condiciones a América de México por Silvio Romero, hasta hace unas semanas pretendido por River y por Boca.

San Lorenzo es el único grande que no se sumó a la locura de este mercado de pases y seguramente lo pagará en la tabla de posiciones, aunque hoy es el que más cerca está de Boca, líder desde hace más de un año.

Es la Superliga, es un disparate. Son las grandes diferencias que propone una competencia que intenta parecerse a la liga de España, torneo en el que el domingo Real Madrid ganó 7 a 1 y Barcelona 5 a 0. Horrible.

Del otro lado del mostrador, humildemente, Vélez repatrió por seis meses a Mauro Zárate, Central apostó por recuperar a Néstor Ortigoza y Lucas Barrios decidió volver a Argentinos a dar una mano tras ser campeón de América con Gremio de Porto Alegre. Son las transferencias más relevantes del resto. Sólo eso, migajas al lado de los bolsillos de los poderosos. Y la tendencia se profundizará.

Imposible suponer que la genética del futbolista argentino pueda igualar semejante despropósito. La cuestión es que campeón será uno solo y el resto probablemente empiece a engrosar bruscamente su saldo deudor. Pero ese será problema de los tesoreros que, por otra parte, casi nunca son escuchados por los dirigentes más encumbrados.

La segunda línea de competidores estará obligada a pensar en puestos de segundo orden y, como sucede en España con la clasificación a la Champions, intentar luchar por un lugar en la Copa Libertadores. El combo torneos largos y reparto de ganancias desnaturaliza la competitividad, cuya esencia se desintegra aún más con las diferencias de planteles.

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