Jueves 09 de Noviembre de 2023
La historia de Nadia Boggiano no tiene barreras. Su impronta y fortaleza mental la llevó a superarse desde su interior desde que nació hace 29 años. Ser no vidente jamás fue un obstáculo para demostrarle al mundo que los límites en su vida privada y carrera deportiva sólo se los pone ella. Supo dejar atrás dos cirugías importantes en la rodilla derecha que casi la sacan por completo del Judo. No obstante, esas marcas que se perciben en su blanca piel, se erigieron en cicatrices de hazañas. En la previa del viaje a Santiago para disputar los Juegos Parapanamericanos abrió su corazón para expresar las sensaciones que la envuelve de cara a la cita continental. “El objetivo en Chile será ganar una nueva medalla, ya que tengo la de bronce de Lima 2019. Pero sinceramente, la real meta para este certamen es disfrutar al máximo”, desprende la atleta que además salió tercera en el reciente Mundial, mientras ofrece una sonrisa cómplice. “A los deportistas nos pasa que estamos tan enfocados en ganar, sea por presiones y demás cuestiones, que nos olvidamos de hacer lo más lindo del deporte, que es disfrutar. Es que no cualquier persona tiene la oportunidad de ir a un torneo tan importante como este. Por eso, y con todo lo que viví, hoy en día disfruto de otro lugar porque sé lo que me costó, anhelé y soñé estar en Santiago”, grafica con voz tan firme como suave.
“El lunes me voy a Chile sabiendo que si gano será bienvenido. Pero tengo en claro que voy a disfrutar de los Juegos. En Lima 2019 no lo disfruté para nada porque sólo pensaba en entrenar, competir y ganar. Me fue bien, pero ahora busco otro horizonte en mi vida mientras hago el deporte que amo y llevo como filosofía de vida”, sostiene una segura Nadia.
La rosarina por adopción describe con tono pausado que “antes me dedicaba al atletismo. Incluso fui campeona durante cuatro años a nivel nacional en los Juegos Evita en categoría carrera y lanzamiento de bala. Aunque cuando el Maestro Julio Retamoso Peña me invitó a hacer judo en mi ciudad natal me empezó a gustar y no lo largué más”.
Después de competir a nivel local, regional y provincial llegó el llamado a la selección nacional. Fue así que surgió la chance de instalarse en el Cenard para entrenar junto al resto del equipo argentino. “Cuando me citaron tenía 23 años. Mi mamá Susana me ayudó con los bolsos y me acompañó a Buenos Aires, mientras que mi padre se tuvo que quedar con mi hermano. Estaba muy feliz del paso que estaba dando porque se me había brindado la oportunidad de estar donde se encontraban los mejores deportistas del país”, grafica.
Entre el dolor y el bronce
Nadia sostiene además que “el 2018 fue muy importante en mi vida y me marcó en varios aspectos. Uno porque había ido a mi primer Mundial en Portugal tras haber sido medalla de plata en un Parapanamericanos en Canadá. Y otro es porque en el torneo, que fue en noviembre, me rompí la rodilla cuando estaba haciendo un entrenamiento. Sinceramente fue muy duro ese momento. No sólo porque me había roto los ligamentos cruzados de la rodilla derecha sino además porque debía afrontar la operación", recuerda con cierta impotencia.
“Logré hacer la cirugía recién en enero. Me quedaban pocos meses para recuperarme e ir a competir. Todo fue a contrarreloj, aunque llegué a Lima”, acota con orgullo. Y agrega: “Recuerdo que en agosto comenzaron los Parapanamericanos en Perú y llegué a esos Juegos con siete meses de operada. No estaba bien, es la verdad. Pero al Sensei le decía que estaba bien porque no quería perderme por nada ese torneo. En mi interior solo pasaba por ir a Perú y conseguir una medalla para mi país”.
La atleta también cuenta que “por suerte logré el objetivo de conseguir la medalla de bronce. Llegué a los Juegos como pude, porque Dios es grande y porque creo que debía ser todo así”. Nadia remarca que “me pasó de todo en pocos meses. Por eso, cuando estaba en el podio de Perú no podía creer que tenía una medalla colgada. Era la presea que me había puesto como meta. Y la conseguí. Fue un proceso duro por todo lo que viví en la previa, pero no imposible”.
“No sabía si finalmente llega a Lima. Porque lo que la gente no sabe es que la vida de un deportista es muy solitaria. Sobre todo cuando te lesionás. Fueron meses muy duros desde todo punto de vista. Por suerte el profesor Guillermo Traba me ayudó en ese momento y logré algo hermoso para mi país”, desliza. Con el bronce llegó un bonus. “Gracias a esa medalla pude tener más apoyo del Estado”, narra.
Rosario, cuna de Nadia
“Vivía en Buenos Aires hasta que llegó la pandemia. Me tuve que volver a Formosa y estaba sin entrenar. Justo una amiga que conocía del Cenard, que en realidad es profesora de judo (Mariana López), me dijo si quería venir a Rosario. Dudé un poco, pero me subí a un remis y acá estoy”, declara con alegría.
Nadia sostiene que “al principio entrenábamos en Tiro Suizo. Luego se abrió la posibilidad de hacer un trabajo interdisciplinario con un psicólogo deportivo (Sebastián) y el profe de judo Gastón Sanseri en Provincial. Y ahí otra vez me convocaron a la selección nacional”.
Aunque hay un punto de inflexión en su carrera. “En 2022 estaba en Turquía. Estaba muy bien. Pero dos días antes de luchar me rompí otra vez los cruzados de la misma rodilla mientras entrenaba, no lo podía creer”, clama. “Así y todo, luché y gané la medalla de bronce”.
Boggiano relata que “decidí luchar por mí, por todas las personas que me ayudaron y porque sabía que me lo merecía. Por eso luché. Fue uno de los momentos más difíciles de mi vida. Quería evitar operarme, pero no pude. Todo fue doloroso porque debí salir a buscar los medios para la cirugía. Fui pedir ayuda por todos lados”.
“Logré reunir los fondos y me operó Fernando Bacci, quien luego me ayudó mucho. Tal es así que gracias a él conocí a Sergio (de San Martín), quien es kinesiólogo y desde primer momento me abrió las puertas de Fitback para poder entrenar. Luego me siguen ayudando la profe Luciana Felgueroso, la Academia 360 zona sur, la profe Jorgelina y el club Peñarol”.
Nadia además sostiene que “me operé el 20 de septiembre del año pasado y desde ahí no paré más. Levantarse de algo así por segunda vez fue difícil. Me perdí muchos torneos pero en agosto pasado competí en el Mundial de Inglaterra y logré la medalla de bronce en J1 - 70 kilos. Soy tercera nivel mundial, ja” para luego decir que “en septiembre fui al Gran Prix de Azerbaiyán y fui 5”.
La realidad marca que este lunes se irá a Chile para encarar los Parapanamerianos (serán del 17 a 26) porque el 20 estará en el tatami para defender el bronce de Lima 2019. Aunque “el real objetivo es disfrutar de los juegos. Me iré sabiendo que si gano será bienvenido. Pero de algo estoy segura, y es que lo pienso disfrutar al máximo”.
Por último, afirma que tiene dos tatuajes. Uno está relacionado a una filosofía japonesa del kintsugi, que evoca el desgaste que el tiempo obra sobre las cosas físicas y otorga valor a nuestras imperfecciones. Palabras más, palabras menos, es el arte de querer y valorar nuestras cicatrices.
Y el otro reza: nadie se arrepiente de ser valiente. “Me lo hice porque no me arrepiento de haber luchado o haberme roto la rodilla dos veces. No tendré el talento de otras personas, pero sé que soy valiente y más cuando se trata de representar a Argentina”, cierra esta leona formoseña radicada en nuestra ciudad que orgullo puro además.