Ovación

En sólo cuatro años, Jaguares levantó vuelo

El sábado la franquicia argentina jugará su primera final en el torneo más competitivo del mundo.

Domingo 30 de Junio de 2019

Jaguares emprenderá hoy el viaje rumbo a Nueva Zelanda para disputar el próximo sábado la final del Súper Rugby 2019 ante Crusaders, que en la madrugada de ayer venció a Hurricanes 30-26 en la otra semifinal. Lo que suceda ese día dependerá de un montón de factores, pero lo cierto es que ningún resultado adverso podrá empañar lo logrado por el equipo argentino en esta histórica campaña.

Para llegar a ese lugar, Jaguares transitó desde su debut ante Cheetahs el viernes 26 de febrero de 2016 un largo camino en el que se encontró con montañas y valles. Pasaron solamente cuatro años desde ese kick off y ahora que el trabajo que vienen realizando se refleja en resultados, sale a luz como un fenómeno cuando en realidad no lo es. Es el desencadenante de un trabajo colectivo serio, pensado y ejecutado para que así ocurra, que llevó su tiempo de maduración. Fue un proceso, algo que en el rugby se respeta y en el fútbol no, por ejemplo.

Para alcanzar el objetivo no hubo secretos ni fórmulas mágicas. Hubo sí, trabajo, mucho trabajo, una línea definida hacía dónde se quería llegar en un proyecto a largo plazo y una evolución notable en casi todos los aspectos que rodean al equipo.

En 2016 todo era nuevo, para jugadores, staff y dirigentes. El equipo, si bien tenía buenos jugadores, físicamente daba ventajas y cometía errores “en detalles” que los pagaba con derrotas. Esa temporada fue de puro aprendizaje, de pagar el derecho de piso en un ambiente nuevo.

Otro dato que no es menos y que habla de la evolución del equipo, tiene que ver con el aspecto físico (Jaguares no aguantaba el ritmo el partido completo) y el disciplinario (en este sentido basta con ver la transformación del Lavanini de ese entonces que en cualquier momento dejaba al equipo con uno menos, al Lavanini de hoy, por ejemplo). Al igual que el staff que por entonces comandaba el rosarino Raúl Pérez fueron haciendo experiencia a medida que se iban insertando en un mundo nuevo para todos ellos. Era prueba y error, para corregir y salir adelante, ante equipos súper profesionales y con experiencia en esos menesteres.

En 2017 fue igual, y si bien hubo mejorías (ganó tres partidos más que en el año del debut) tampoco alcanzó el objetivo de meterse en los play offs. Ese año el equipo amplió la base y empezaron a tener más protagonismo jugadores como Gonzalo Bertranou, Marcos Kremer o Emiliano Boffelli, quienes pese a ser chicos demostraron que el ruedo no les quedaba para nada grande.

Con actitud profesional, este plantel tuvo y mantuvo la convicción aún en los momentos difíciles cuando las críticas fueron tan impiadosas como exististas y no permitieron ver que la cosa iba mucho más allá de un resultado. Eran los tiempos de las “derrotas dignas”, que calaron hondo pero no hicieron otra cosa que atemperar el espíritu.

En 2018 llegó Mario Ledesma y le dio una vuelta de rosca. Ya el plantel tenía la experiencia de dos años de juego, sabía de la dureza del torneo, conocía mejor los tiempos de recuperación, disciplinariamente era más prolijo (recibía menos sanciones) y físicamente está más acorde a lo que requería el torneo, aunque no estaban a un ciento por ciento. Así se instalaron en los playoffs por primera vez en la historia y se dieron cuenta de que para volar más alto debía animarse y seguir trabajando.

Así llegó el 2019. Quesada se hizo cargo del plantel y le terminó de dar el equilibrio necesario para ser considerado un equipo peligroso. Mejoró en el contacto casi con todos los equipos y también mejoró en el manejo (ya no se caen tantas pelotas como antes). Físicamente, el equipo tiene nafta para todo el partido y no sólo para sesenta y cinco minutos. El nivel de los recambios es muy confiable y eso da seguridad. Esto en un clima de convivencia de primer nivel como el que tienen tenía que dar sus frutos. Jaguares no sólo se metió en los playoffs, sino que llegó a la final, algo que para muchos es impensado pero que refleja el trabajo de un grupo que no sabe de claudicaciones. Sólo falta la frutilla del postre, pero la mesa está servida.

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