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En el desafío más difícil, el Charrúa ascendió a Primera B sin renunciar a su juego

Trepados, los jugadores de Central Córdoba gritaban, sonreían y cantaban cerca de esa treintena de testigos exclusivos de una página de gloria en la historia charrúa.  

Domingo 01 de Julio de 2012

Alambrado de por medio, de un lado y otro los rostros eran de completa felicidad. Trepados, los jugadores de Central Córdoba gritaban, sonreían y cantaban cerca de esa treintena de familiares, allegados y dirigentes que fueron testigos exclusivos de una página de gloria en la historia charrúa. Fue un momento irrepetible y único en el cual el fútbol recuperó ese espíritu amateur con el que nació, reviviendo esas ansias de gloria por la gloria misma, al margen del dinero y otras especulaciones. El Matador de Tablada se merecía semejante premio. No renunció a sus convicciones, tuvo coraje para llevar adelante lo que creía y recuperó un lugar en Primera B tras dos temporadas en las que se sumergió en la cuarta categoría del fútbol argentino, la más baja a la que había descendido alguna vez.

El espíritu de Gabino Sosa, el Payador de la Redonda, de Capote de la Mata y del Trinche Carlovich se dieron una vuelta por Ciudad Evita para impregnar a los futbolistas de ese deseo por jugar, por tratar a la pelota con cariño. ¿Exagerado? No tanto. Alcanza con observar a Italiano y otros equipos del ascenso para entender que la premisa es meter, apretar y luchar. De tanto en tanto, el balón deja de volar por los aires. En cambio, Córdoba tuvo en claro que nada debía cambiar del fútbol mostrado hasta acá. De última, debía morir en el intento.

No se traicionó y esa es otra virtud. Hasta cuando no le salía lo que pretendía, siguió buscando el mejor destino, más allá de caer en ciertas imprecisiones. Es cierto que en ocasiones cayó en largos pelotazos a Marcos Figueroa o Martín Salinas. Tanto como que se está haciendo referencia al fútbol de ascenso, con lo que eso implica, y que en todo momento no se encuentra al jugador mejor ubicado o no aparecen los de mejor pie. Pero está claro que hasta cuando cayó en esa fórmula, la segunda intención siempre fue dominarla, tocar y triangular.

También es real que sufrió ciertos sofocones en los últimos minutos, cuando Italiano se venía. El 1 a 0 era demasiado seductor como para regalarlo. Tanto como que se plantó firme y Leguizamón casi no tuvo necesidad de revolcarse. Y como sucedió cada vez que la tuvo, la jugó prolija y lo liquidó de contra.

Dejó en claro que estaba preparado para los grandes desafíos. Si a este conjunto lo daban por muerto en una circunstancia similar a la de ayer ante Laferrere, en la que sólo le alcanzaba ganar por la primera fase del Reducido, y se impuso 3 a 1 en La Matanza. Ahí se envalentonó aún más. Tan valiente que hasta no tuvo temor frente a la frialdad de los números y se burló de la historia al convertirse en el primer conjunto de la C que supera en la promoción a uno de la B en diez años.

Otro motivo más para sacar pecho y disfrutar el retorno. La historia charrúa y la convicción por idea de juego en canchas peladas y piernas fuertes por doquier lo merecía.

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