Martes 02 de Agosto de 2022
Carlos Tevez había transformado a este Central en una especie de carroza, que llegó a la noche del Gigante para festejar la rachita de buenos resultados que cargaba sobre el lomo, en la que se encontraba sin dudas el clásico, pero el tiempo de gracia le tocó la puerta. Le hizo sonar todas las alarmas y esas carroza volvió a convertirse en calabaza. Un golpazo tremendo se pegó este Central en formación del Apache y lo hizo en un momento en el que el desafío de demostrar estaba presente. Bueno, frente a eso, el equipo canalla pegó el faltazo porque se le rompió el cero en su arco, porque se reencontró con la derrota después de cuatro sin perder y porque los tres puntos que lo hubieran puesto en el primer tercio de la tabla no aparecieron. Pero hay más: además de lograr todo eso estaba el envió anímico que necesitaba en la previa de un partido tan importante en la vida de Central como lo es el choque del próximo jueves ante Quilmes por Copa Argentina y lo que llevará a Córdoba serán más dudas que certezas. Todo eso fue lo que Central se llevó de ese Gigante que se preparó para vivir una fiesta que no fue.
Era imposible no manejarse sobre la idea que este Central de Tevez aún está en formación. Pero claro, algunas cosas había podido corregir y a partir de ellas fue que comenzó a generarse ese aura esperanzador, con ilusiones que contenían algo de lógica. Lo cierto es que la materia en la que debía demostrar temple, aplomo e inteligencia le quedó pendiente. Y esto no es otra cosa que un tremendo llamado de atención para encarar lo que viene.
La imagen de este Central que fue puesto de rodillas por Central Córdoba (SE) fue el del Central de épocas no tan lejanas, con el técnico anterior (Somoza) o su antecesor (Kily). Porque cometió errores impropios de ese equipo que se jactaba de estar en levantada, Y contra eso hubo poco por hacer. Es que si algo le quedó claro al canalla en esta oportunidad es que jugando de esta forma lo que cosechará son más dolores de cabezas que alegrías.
No sería del todo correcto afirmar que la cosa volvió a foja cero y todo lo bueno que Tevez había logrado ya no sirve para nada, pero sí sería un error más pronunciado todavía creer que lo de este partido se trató simplemente de una mala noche o de una actuación descolgada en un proceso que venía en crecimiento. De partidos como estos el equipo debe tomar nota y aprender.
Es la primera vez en el ciclo de Tevez que Central se pone frente a una situación de tener que demostrar. La racha de buenos resultados que traía lo había puesto en una situación de protagonismo absoluto y el paso que debía cumplir era simplemente ese, el de demostrar que estaba para más.
¿Qué hubiera significado el triunfo? Lo anteriormente mencionado: meterse en el tercio superior de la tabla y acercarse a la línea de copas internacionales, algo impensado en épocas en las que en Central optaron por el desembarco del Apache. Ahora, era por eso que se jugaba, pero también por el fortalecimiento anímico de cara al choque ante Quilmes. ¿Cómo llegará el equipo a ese partido definitorio? Con una pila de incógnitas.
El “movete canalla movete” que atronó en el minuto 41, cuando Central ya estaba dos goles abajo, fue el reflejo más acabado de esa extraña sensación que gobernaba las tribunas, donde en la previa fue una fiesta, pero en el final un apoyo incondicional pero con evidentes signos de desconcierto.
Lo que este Central comenzó a generar a partir de Sarmiento y que tuvo el clásico y la goleada frente a Arsenal como estandartes nadie lo ponía en discusión y había sido obra de este cuerpo técnico y de este equipo al que en esta ocasión desde lo futbolístico se le escapó la tortuga. Y todo aquello de lo bueno que consiguió sintió el rin de las alarmas para que la carroza ya no fuera tal y que Central volviera a parecerse al de antes.