Ovación

Embarazos en la cancha

Los casos de la tenista Serena Williams y de una voleibolista brasileña pusieron en jaque a varios mitos ligados a deporte y maternidad.

Viernes 02 de Marzo de 2018

Hace pocos días la voleibolista brasileña Karine de Souza Fonseca Guerra realizó el bloqueo más sorpresivo de su carrera deportiva. Al conocerse que con 39 años y seis meses de gestación sigue jugando, Karine detuvo algunos tabúes históricos relacionados al deporte y la maternidad que sostienen que hay que dejar la actividad física al quedar embarazada. O infieren que por ser madres las mujeres deportistas ya no alcanzarán el rendimiento de siempre: un ejemplo al que se suele echar mano acá es el de la tenista Serena Williams, quien ostentó la primera posición en el ránking WTA durante más de 300 semanas, pero que cayó el año pasado al puesto 22 en su regreso a la competición "después de una ausencia de casi un año por embarazo y posterior maternidad", según remarcó mayoritariamente la prensa deportiva.

Pero la propia Serena, de 26 años, se encargó esta semana de aclarar lo que padeció cuando en septiembre de 2017 tuvo a su hija Olympia.

"Casi muero después de dar a luz a mi hija", dijo, antes de relatar que estuvo postrada en la cama durante seis semanas debido a una embolia pulmonar que dio lugar a múltiples cirugías. Y todo después de que tuviera que parir mediante una cesárea de emergencia.

Los médicos le encontraron un gran hematoma en el abdomen y tuvieron que intervenirla quirúrgicamente para evitar que los coágulos llegaran a los pulmones.

Todo indica que, el de Serena, no fue un parto cualquiera y que la gravedad de la situación podría haberle provocado no sólo la caída en el ránking sino un riesgo a su vida o a la de su hijita. De todos modos la tenista volvió, en dobles, en un partido en la Fed Cup y sigue en carrera.

La armadora de vóley, en cambio, aún sigue transitando su embarazo. Ya madre de Anna, de dos años y seis meses, acaba de salir campeona con su equipo, Camponesa/Minas de Brasil, en el Campeonato Sudamericano de Clubes (clasificatorio al Mundial Femenino de Clubes), que desde el 20 al 24 de febrero se jugó en Belo Horizonte. Con las caderas algo más anchas y una panza moderada, la flamante campeona contó qué cuidados tomó al entrar a la cancha y ante la prensa alemana remató: "Nunca me sentí más plena, más mujer y más valiente".

Ovación dialogó con el obstetra y subdirector de la maternidad Martin, Alberto Leroux y con el médico especialista en medicina del deporte, Juan Bóttoli, quienes ante todo remarcaron que "cada mujer y cada embarazo son diferentes" y dejaron en claro que el embarazo no es un impedimento para hacer deportes, aunque sí "hay que tomar algunos recaudos, sobre todo si se trata de alto rendimiento".

El médico de la Martin rescató una frase que habría dicho Karine en la nota que le hicieron durante el torneo. La voleibolista contó que en su anterior embarazo también siguió jugando hasta tres meses antes del parto. "Mi anterior médico me dejó muy tranquila respecto a mi propio cuerpo y sus posibilidades: que me sintiese libre y sin dudas al seguir mis ritmos y mis tiempos", expresó la mujer.

Ante esa expresión, Leroux explicó que "a medida que la mujer pasa las 28 semanas se va a sentir más limitada, las exigencias hemodinámicas (referidas a la circulación sanguínea) son mayores, el feto le exige más al cuerpo de la mujer y mucho esfuerzo por parte de la embarazada podría perjudicar el crecimiento fetal. Pero mucho cuidado, digo podría, no que inevitablemente sea así. Hay mujeres que no hacen actividad física durante el embarazo y por otras razones paren un bebé con restricción en el crecimiento con respecto al peso", señaló.

Leroux dijo una y otra vez que "hay mujeres que se adaptan más que otras a la actividad deportiva, pero hay que saber que en todos los casos habrá aumento de líquidos en el organismo y aumento de la carga muscular y cardiovascular: en un momento el propio cuerpo dirá basta. El límite lo pone el organismo, no hablemos sólo del alto rendimiento, pensemos en una mujer que camina. Si antes hacía 30 cuadras sin problemas a partir de las 28 semanas hará diez y sentirá palpitaciones. La panza empezará a incomodarla y le puede hacer perder estabilidad y equilibrio, pero además va a notar contracciones, no de trabajo de parto, sino por distensión del útero", señaló.

Karine también habló de las precauciones que tomaba al jugar. Le prohibieron hacer secantes (tirarse al suelo boca abajo) y además usa una cinta alrededor de la panza para evitar la separación de sus músculos abdominales (diástasis). "Para tirarme al piso, lo hago sobre mi hombro y luego ruedo", explicó antes de decir que también trabaja su peso con un nutricionista y un preparador físico en función de aminorar el impacto muscular sobre sus rodillas.

Sobre este aspecto Leroux reiteró: "Depende de cada caso. La panza está muy protegida pero hay que evitar golpes y caídas. Lo de la cinta también es una prevención para proteger la posición de la columna y el exceso de peso complica las rodillas de cualquier persona, obviamente también las de la embarazada. Aconsejaría, en general, aminorar la actividad desde la semana 28. Los obstetras buscamos que la mujer no corra riesgos y que logre con su embarazo la edad gestacional prevista, que el bebé nazca a término. No hay que olvidar que la exigencia del feto al organismo es alto, hay más trabajo renal, cardiovascular y hormonal, no es verdad que el cuerpo es el mismo por más que se trate de alguien que hizo deporte siempre".

Cuando se le preguntó si las embarazadas que continúan haciendo deporte requieren de más chequeos durante el embarazo, el médico respondió: "No". Y agregó: "Hay un protocolo de control prenatal que indica que hasta los siete meses conviene hacer controles una vez por mes, hacia los ocho meses, uno cada quince días y luego uno por semana. Esto incluye ecografías y pruebas de hemodinamia. Si el bebé crece normalmente y la madre se encuentra hemodinámicamente bien, no hay por qué alterar esa secuencia".

Y en cuanto a la caída del rendimiento deportivo posterior al embarazo, Leroux, con 30 años de experiencia profesional en su haber, dijo que la problemática parece más ligada a las metas competitivas que a cuestiones biológicas. "Atendí a mujeres que siguieron jugando tenis, hockey y otros deportes sin problemas. Pero además están las que trabajan con su cuerpo, como las modelos, que a los dos meses están como si no hubieran parido. Además, la meta de la lactancia puede incomodar una rutina de entrenamiento, pero no impedirla. Creo que lo que más pesa luego del embarazo es más del orden de las prioridades, no de lo físico".


Bomba hormonal

En los Juegos Olímpicos de Río 2016 participaron al menos 7 deportistas que durante el ciclo olímpico (entre Londres 2012 y Río) fueron madres y luego continuaron en el deporte de más alto nivel. Entre ellas la piragüista de eslalon española Maialen Yurramendi, bronce en Londres y campeona olímpica en Río. Sobre alto rendimiento deportivo, habló con este diario Bóttoli.

"El embarazo, a diferencia de lo que se supone, en los primeros meses puede ser una bomba hormonal", dijo el médico antes de explayarse sobre la idea.

"En el primer trimestre cuando en general la mujer no aumenta de peso, se potencian todas las cualidades físicas. Estudios médicos comprobaron que en Europa del Este, a principios del siglo pasado, se tomaba al embarazo como dóping. Hubo casos de técnicos que recomendaban a nadadoras y corredoras embarazarse porque las hormonas placentarias funcionan como anabólicos y mejoran el funcionamiento cardiovascular. Las ciclistas, maratonistas o nadadoras pueden favorecerse en esta etapa", aseguró antes de recordar que Serena Williams ganó en enero de 2017 el Abierto de Australia estando embarazada.

Ahora bien, Bóttoli marcó otras dos instancias muy diferentes a ese primer trimestre. "A muchas atletas, el hecho de ser tan magras les puede dificultar la ovulación para embarazarse. Y aumentar mucho de peso, a partir del segundo trimestre, en deportes donde hay que vencer la gravedad o de contacto, puede ser una dificultad. Hablo de vóley, judo, salto en alto y otros tantos. El útero se agranda y comienzan a complicarse las articulaciones. Si duelen las rodillas y la cintura hay que parar, pero diría que esto en conveniente en cualquier deportista", señaló el médico.

Ahora bien, Bóttoli, también aclaró que en intensidades moderadas de entrenamiento no hay riesgo para el feto ni para la madre. Ni hablar en lo que refiere a las actividades en las que se pone en acción la elongación (pilates, gimnasia, yoga). No son contraproducentes "para nada", dijo el médico, quien agregó: "Las bajas de los ránking tras el parto pueden darse por estar fuera de competencia, no por el embarazo o la maternidad".

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