"Ellos sólo quieren que estemos ahí"

Martes 21 de Noviembre de 2017

Fue un momento, también una decisión. Con abrir una pequeña puerta algunas cosas cambiaron. "La experiencia de los tres padres al salir del club prosperó por el compromiso que hubo de los dos lados. Si esos chicos al sábado siguiente no iban, esto no arrancaba... Si ellos decidían eso, nosotros no podíamos hacer nada. Pero fueron y hoy por hoy el barrio está muy compenetrado con el proyecto", destacó Soli Sugasti, una de las entrenadoras de hockey.

¿Cómo llegaste a los Tigres?

Una amiga me invitó a participar y llegué con la idea de enseñarles a agarrar un palo y jugar un rato.

¿Y cuál fue tu primera impresión?

Cuando empezás a estar con ellos y a ver tantas necesidades y falencias lo primero que te preguntás es por dónde empezar. Nosotros no podemos abarcar todas esas necesidades, es algo que hay que asumir y entender. Nuestro compromiso en su origen era básicamente ir a hacer deportes, darles una diversión y a partir de ahí inculcarles los valores del deporte y bajarles una línea, darle un reto o un abrazo, que es lo que más te piden. Como todos los chicos te piden los límites que a lo mejor en su casa no tienen.

¿Qué notás que buscan los chicos?

Ellos no esperan que nosotros hagamos un megatorneo. Ellos quieren que los sábados estemos ahí y que juguemos. Obviamente que cuando más le podés ir dando, tienen otra respuesta. Creo que sienten que la sociedad les falla en tantas cosas que no quieren que nadie más lo haga. Por eso nuestro compromiso tiene que ir de a poco. Son chicos de una carencia afectiva muy grande.

¿Notas recepción de los chicos en cuanto a la enseñanza de valores?

Sí, se nota. Desde el cómo te dan las gracias hasta el respeto por las reglas. En un partido de hockey se marcan mucho las infracciones. Al principio era tocar el silbato con todo y todo el tiempo para que escuchen. Hoy eso ya no hace falta porque se dan cuenta solas, como también piden disculpas cuando hay un palo medio fuerte, algo que al principio ni existía. Tratamos de manejar ciertas cosas que no las podés dejar pasar porque puede ser peligroso. Cuesta y falta un montón, pero queremos que sientan una identidad como grupo, como barrio, como amigos y como deportistas, para que esto siga.

¿Qué crees que les da el hockey a estos chicos?

Valores de un equipo, de la hermandad, del respeto por el otro, cosas que lamentablemente en su casa, en el día a día, no tienen. Al principio nos costaba mucho hasta cuidar los elementos que nos donaron, pero de a poquito fueron juntando los conitos, las bochas y los palos, porque entendieron que si no lo hacen, no saben si el próximo sábado los pueden conseguir. Están aprendiendo a cuidar sus cosas, un hábito que en su casa quizá no tienen.

Muchas veces hay que ponerles límites. En ese caso tenés que ser inflexible, ¿no?

A veces me siento una ogro. Los chicos, como todos los chicos, tienen momentos donde están más revoltosas y no acatan las órdenes, pero no podés aflojar. Para mí es una forma de ayudarlos. Ellos no reciben un no nunca, el no de los límites no lo tienen jamás. Acá, si no entrenó, por ejemplo, no juega. Por ahí pienso que puede ser la única diversión que podría tener en la semana, pero si dejamos que eso pase es como que sentamos jurisprudencia. Hay determinadas cosas que cuando se bajan líneas no se negocian.

¿Sentís que los Tigres empiezan a creer en sí mismos?

Días atrás me quedé hablando con un chico que tiene muchas condiciones para jugar al hockey y le decía que vaya al estadio para que siga creciendo en su juego. Y el me respondió que sabía que podía ser un Leoncito, "pero en realidad no voy porque mi corazón es de los Tigres". Creo que de a poquito se fue arraigando ese sentido de pertenencia. Por eso nuestro fuerte es estar, que ellos sepan que esto no se va a cortar.