Ovación

“El tenis me dio mucho más de lo que imaginé”

Eduardo Schwank habló del retiro, de las mayores satisfacciones que tuvo en su carrera y de los sacrificios que demanda la vida del tenista.

Viernes 19 de Junio de 2015

Cara de pocas horas de sueño y el pedido de disculpas por la tardanza. “Estoy disfrutando cosas distintas para mí y normales para los demás”, explica Eduardo Schwank sobre una noche con amigos que se extendió hasta la madrugada. Es la clase de licencias que puede tomarse ahora, sin la rutina de horarios de entrenamientos, partidos o giras. Dos semanas atrás, a los 29 años, había anunciado el final de su carrera. ¿Angustia o dolor? Para nada. “Me voy feliz. El tenis me dio mucho más de lo que imaginé”, manifestó el ahora ex jugador de Roldán, que recientemente había regresado al circuito para jugar dos torneos Future después de una inactividad de diez meses a causa de dos operaciones, por una fractura en la clavícula y cúbito izquierdo y por un dolor en el codo, tras caerse de una bicicleta mientras entrenaba en las montañas de Suiza. Con el cierre de su ciclo se aleja uno de los jugadores de la región con mejores resultados de la historia.
—¿Cuándo te diste cuenta de que era el momento del punto final?
—Fue un proceso. Lo venía masticando hace mucho tiempo. Incluso antes de que me fracture. Pero por mi cabeza no pasaba retirarme lesionado. El día del mañana no quería reprocharme por qué no intenté seguir. Entonces me preparé para volver, hice todo el proceso de rehabilitación. Jugué dos torneos (en Córdoba y Villa María, en mayo) y ahí me di cuenta de que no tenía la convicción de entrenar al ciento por ciento, cuidarme en las comidas, descansar. Sentí que no tenía la convicción para hacer el sacrificio que se requiere para meterse en el lugar que yo quería, que era estar en el nivel ATP. Encima, jugar otra vez la Copa Davis ya lo veía un poco lejano.
  —¿Entonces los dos challenger fueron una prueba para saber qué te pasaba?
  —Sí, para ver qué era realmente lo que sentía con el tenis, y además porque no quería retirarme por motivo de la lesión. Después de esos torneos me tomé un mes y medio y todos los días iba confirmando que ya estaba, que no quería seguir.
—¿Y con quién fue que hablaste del tema durante todo este tiempo?
  —Con mi equipo, mi preparador físico, mi psicólogo, familiares, amigos. Todos me ayudaron a tomar esta decisión.
  —Una decisión que no debió resultarte fácil después de tantos años pensando en el tenis.
—No, pero estoy contento con la decisión que tomé. Me voy feliz. Al tenis le saqué mucho provecho y no tengo nada que reprocharme. Di todo.
  —¿No sentís un vacío?
  —No, siento que el tenis me dio mucho más de lo que imaginé. No me guardé nada y eso me permite cerrar un ciclo, empezar cosas nuevas. No siento que me deba nada.
  —¿A qué te referís con que no te debe nada, qué es lo que te dio?
  —Muchas satisfacciones. En lo profesional, estar en los  Juegos Olímpicos (Londres 2012),  en una final de Copa Davis (2011), haber jugado todos los Grand Slam, compartir con jugadores increíbles. Y en lo personal, muchísimas amistades y los valores que aprendés al tener que desarrollar esta carrera, la necesidad de madurar mucho antes que otros de mi edad. Son muchas las cosas que me permitieron formarme. 
—Los aficionados prestan exclusiva atención a los resultados del tenista, pero debés tener un montón de vivencias que la mayoría desconoce.
—Un 80 por ciento no conoce lo que es la vida del tenista, sólo se la imagina. Hasta los propios amigos del jugador no saben de qué se trata. La mayoría ve solamente lo que pasa en un partido. Pero todas las semanas estás subiéndote a un avión para ir de un torneo a otro. Terminás de jugar, armás rápido las valijas, quizás tenés varias horas de espera en el aeropuerto. Y encima de eso, todo lo que conlleva el entrenamiento, tener que estar ciento por ciento preparado. Todas esas cuestiones, después de hacerlo durante 12 o 15 años, llega un momento en el que te preguntás si estás preparado para seguir con ese sacrificio. Y evaluando todo eso me di cuenta que me dio más de lo que imaginé. Y que era el momento de cerrar un ciclo.

Los títulos, la final en Roland Garros y el triunfo ante los Bryan

Schwank menciona uno tras otro los resultados que le depararon mayores satisfacciones. Y entre esos incluye actuaciones que para la mayoría no resultarían relevantes,.
“Si me preguntás por actuaciones, tengo que mencionar la final de la Davis (2011, que perdieron ante España y en la que ganó el punto del dobles), la buena actuación en los Grand Slam, el título de dobles en Stuttgart con Charly Berlocq y los siete challenger que gané”, declara, aunque inmediatamente aclara que “todos son especiales”.
El roldanense enumera “la final de dobles de Roland Garros (2011, con el colombiano Juan Sebastián Cabal) y las semifinales de dobles en Wimbledon (2010, con Juan Ignacio Chela) y el US Open (2010, con Horacio Zeballos). También la medalla de oro en single y el bronce en dobles en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007”.
“Además, con (Gisela) Dulko fuimos finalistas en el doble mixto del US Open (2011). Pero también tengo muchos recuerdos del primer Future que gané, en Bahía Blanca. No lo esperaba y a partir de ahí empecé a tener buenos resultados. Cada etapa tiene su momento lindo, desde sumar el primer punto ATP al primer Future”, agrega.
—También fuiste campeón en la Copa del Mundo por equipos en Dusseldorf
  —Ganamos con Pico Mónaco y Zeballos. Estuvo muy bueno porque todos jugamos todos los puntos, los singles y los dobles.
—¿Qué representó derrotar a los mellizos Bob y Mike Bryan en las semifinales de Roland Garros 2011?
—Fue un momento increíble ante la mejor pareja de la historia. Lo mejor es que en la tribuna estaba un amigo, Rubén, que viajó para ese torneo.
—¿Con los buenos resultados que tuviste en dobles no te planteaste seguir sólo en esa especialidad?
—Me llamaron  jugadores de todos lados para armar una pareja estable. Pero no me veía en el circuito sólo en dobles”.

La Davis, el mejor antídoto

La soledad del tenista es algo que, según reconoce el Gordo Schwank, por momentos lo afectó. El individualismo del deporte y las miserias no lo hicieron sentir siempre a gusto. Eso explica por qué en la Copa Davis su rendimiento se potenciaba. Actuar en grupo, representando al país, lo predisponía de otra manera.
 “Este es un deporte muy solitario y  hay que estar muy bien de la cabeza para desarrollar una carrera. En un montón de cosas te hace ser muy egoísta, por la misma competencia. Eso me influyó muchísimo. A mí me gusta trabajar en equipo y eso el tenis no te lo permite. En ciertos momentos no la pasé bien por esa cuestión”, dijo.
  —¿Considerás que el deporte te llevó a ser más egoísta?
—Inconscientemente te va llevando a ser más egoísta, te hace muy competitivo, querés lograr todo para vos. Si no te convertís en alguien competitivo y un poco egoísta, no podés jugar.
  —¿Por ese razón, por tu personalidad, te sentías más cómodo jugando la Copa Davis, en la que tus rendimientos se incrementaban?
  —Exactamente. Necesitaba rodearme de afectos, jugar por la gente que quiero, por el país, por el equipo. Jugar por otros me hacía dar el ciento por ciento.
  —¿Las mejores satisfacciones fueron en la Davis?
—Sí. Fue algo que me permitió perdurar más tiempo en el tenis, de lo contrario posiblemente hubiese tomado la decisión de retirarme antes. Fue un placer jugar para Argentina, vivir la semana previa de cada serie, los entrenamientos, el grupo, el vestuario.
  —¿Te dabas cuenta que había un afecto especial del público hacia vos, que te tenía identificado con la Davis, sin que llegaras a ser un jugador brillante?
—Sí. La gente me aprecia muchísimo. Pienso que porque levantaba mi nivel en la Davis y porque sabían que daba todo. Me encantaba jugarla.
—¿Cuál es el mejor recuerdo?
  —Tuve la suerte de jugar varias series, pero la que no me voy a olvidar más fue la final de Sevilla que perdimos contra España (3-1). Fue una serie muy dura y con David (Nalbandian) ganamos el punto del dobles (ante Fernando Verdasco y Feliciano López), jugando muy bien, en un estadio gigante.
  —Mantuvieron viva la serie cuando ya parecía perdida, luego de que Mónaco perdiera con Nadal y Del Potro con Ferrer.
  —Sí. Me sorprendió para bien cómo respondí, sin afectarme todo el entorno. Estaban Nalbandian, Del Potro, Nadal, Ferrer, semejantes tenistas, y yo entre ellos. Era un gran desafío para mí y lo pude sobrellevar muy bien. Me quedó la satisfacción de que estuve a la altura de las circunstancias.
  —¿Con Nalbandian es con quien te entendiste mejor jugando en dobles, aunque también lo hiciste con Chela?
  —Con los dos. Con Chelita jugué mucho más, en el circuito y con muy buenos resultados. Con David, sólo en la Copa Davis. Con los dos me sentía muy bien y ellos me hacían rendir al máximo.
  —¿Influía la relación que tenían afuera de la cancha?
—Siempre digo que para jugar dobles muy bien hay que tener un buen compañero. Si no hay feeling, es difícil tener buenos resultados.
  —¿Cuáles son los tenistas con los que tuviste mejor vínculo?
—Tengo muy buena relación con Charly Berlocq, Zabaleta, Jaite. Después tengo buen trato con un montón, pero amigos dos o tres, por lo que te decía antes, por la misma competencia. Cada uno trata de sacar ventaja, si puedo usar la cinta de correr del hotel media hora más, lo hace. Todo eso hace que sea difícil tener amigos en el circuito.

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