El superclásico fue pobre y desnudó la falta de protagonismo de ambos en el torneo
El clásico fue quizás para Martín Palermo. Pero no para Boca. Lo era de Marcelo Gallardo. Pero menos fue para River. En realidad, la pobre producción de ambos en un partido siempre caliente, no hizo más que desnudar sus realidades por este torneo Apertura, más allá de que el equipo del Coco venía enderezando el rumbo. Un 1 a 1 apenas con dos referentes que desataron un instante de máxima emoción, un espectáculo de muñeco y máscara que hizo reír poco y nada, y con el telón, a nadie.

Lunes 26 de Octubre de 2009

El clásico fue quizás para Martín Palermo. Pero no para Boca. Lo era de Marcelo Gallardo. Pero menos fue para River. En realidad, la pobre producción de ambos en un partido siempre caliente, no hizo más que desnudar sus realidades por este torneo Apertura, más allá de que el equipo del Coco venía enderezando el rumbo. Un 1 a 1 apenas con dos referentes que desataron un instante de máxima emoción, un espectáculo de muñeco y máscara que hizo reír poco y nada, y con el telón, a nadie.

Fue Leo Astrada el que sin dudas debió trabajar más el partido. Fue el que debió mirar mucho hacia adentro, advertir las debilidades y pertrecharse para la ocasión. Sin mucho peso en el área, pero con la clara intención de hacerse de la pelota para evitar que la manejaran Riquelme y sus socios, atacando sin perder el orden a las espaldas.

Y hay que decir que le fue bien en un primer tiempo que terminó ganando con justicia. Riquelme fue casi un espectador, Gaitán no pesó y Palermo pareció un decorado con su máscara para proteger la fractura de tabique que arrastra desde la selección.

Sin ser nada del otro mundo, creó opciones gracias a la inspiración de Buonanotte, que primero dejó cara a cara a Domingo con Abbondanzieri pero la tiró afuera. Luego fabricó el penal, llevándose astutamente la pelota con el antebrazo y haciendo que Monzón se lo lleve por delante, aunque el Pato se lució conteniéndoselo a Ortega sobre su izquierda (un metro adelantado). Y enseguida le hicieron la falta que derivó en otro golazo de tiro libre de Gallardo, casi igual al que hizo en el último súper en La Bombonera. Trascartón, dio un pase-gol a Abelarias que el arquero xeneize tapó contra su palo derecho. River fue más y Boca apenas llegó con un zurdazo de Rosada.

Pero en el complemento tambaleó cuando Villagra hizo su segunda falta innecesaria en mitad de cancha (una a Battaglia y la otra a Gaitán) y vio la segunda amarilla. Aunque Ortega colaboró en la obra de teatro, simulando una trompada de Cáceres, que apenas se lo quiso sacar de encima manoteándolo en el pecho. Y que Saúl Laverni, como en el penal, compró.

Boca fue por obligación y empató por su fórmula de siempre: pase de taco de Riquelme tras habilitación de Gaitán, y zurdazo abajo de Palermo, que ya se había sacado la máscara que parecía tenerlo aislado.

Un remate en el palo de Abelairas y una gran respuesta de Vega en un tiro libre de Riquelme fue el retazo que quedó de un clásico que no se recordará por lo súper, sino porque los dejó desenmascarados.