Ovación

El siamo fuori de Italia dejó un aprendizaje

La eliminación de una selección con historia futbolística dejó sin argumentos a los militantes de la conspiración eterna y también exhibió el resultado de haber enajenado la identidad de los clubes de ese país en manos extranjeras.

Miércoles 15 de Noviembre de 2017

Las teorías conspirativas se convirtieron en los espacios múltiples donde abrevan cada día más militantes que intentan convertir en certezas lo que piensan, sin siquiera importar lo que los hechos reflejan. Así se disparan suposiciones formateadas en relatos que por su repetición sistemática convierten a la ficción en realidad. Zonceras de la modernidad. Y el fútbol no sólo no escapa de este contexto social sino que además es una de las vertientes más caudalosas, en las que se nutren las crónicas imaginarias más sofisticadas.
Las mentiras verdaderas se reeditan con una velocidad inusitada y, aunque la realidad las vaya vaciando de contenido por la fuerza de los hechos, las mismas resisten en su necedad.
Un nuevo ejemplo es la eliminación de la selección de Italia, que pese a su historia de conquistas y presencias no estará en el Mundial de Rusia el año próximo, tras sucumbir raquítica en el repechaje europeo ante la pragmática Suecia.
Una mala noticia sin dudas para aquellos que sustentan sus fundamentos en los pilares del contubernio constante, porque les resultará complicado seguir sosteniendo que hay selecciones que nunca dejarán de estar en una Copa del Mundo porque la Fifa no lo permitiría por una cuestión económica.
Este mismo argumento era utilizado en la Argentina por los partidarios de la suposición para asegurar que la selección nacional clasificaría, porque para los organizadores la presencia de Lionel Messi era indispensable para sostener el negocio en Rusia.
No obstante, y más allá de las conjeturas, el equipo albiceleste logró su pasaje con angustia y también porque en el partido decisivo tuvo un rival diezmado por la prematura eliminación.
Alguna vez ya los cronistas de la premeditación y alevosía habían sentenciado que River Plate no descendería porque la AFA no lo permitiría. Sin embargo la realidad hizo sucumbir a los relatores del "está todo arreglado".
Sería ingenuo no aceptar que estas corrientes conspirativas encuentran nutrientes en actitudes y hechos vinculados a la corrupción estructural del fútbol, pero es un error extremo analizar todo desde una creencia y no desde la veracidad que muestran los hechos.
Italia no se queda afuera del Mundial por una distracción de los conspiradores. Claro que no. Los italianos dejaron de ser futbolísticamente hace tiempo. Cuando interrumpieron el desarrollo de las bases. Cuando fueron enajenando la propiedad de sus clubes en inversores que buscan rápida rentabilidad. Y como para ellos es más fácil comprar que producir, dejaron de lado a las propias canteras. Si alcanza con recorrer los equipos más importantes y comprobar que los futbolistas referentes son extranjeros. Totti aparece como el último de los mohicanos. Porque sin inferiores no hay recambio en una selección. Aquellos que lo hacen bien irrumpen con el poderío de Alemania, Inglaterra o Francia. Caso contrario se paga así, como Italia, con el adiós.
La dirigencia del fútbol argentino en los últimos años cometió el mismo error. Abandonó su trabajo en selecciones juveniles. Y si no terminó como Italia es porque aún está Messi y porque pese a todo aún surgen jugadores en el país.
Los motivos de los fracasos habitualmente están adentro, no afuera. Las teorías conspirativas buscan justificar o camuflar la propia impericia. Por eso quienes adhieren a esas corrientes se convierten en improductivos militantes del engaño. Porque la eliminación de Italia no es una mala noticia para el fútbol. Al contrario. Es un llamado de atención para que lo curen. Y también lo cuiden.

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