Ovación

El primer ladrillo en una obra en construcción

En el debut de Diego Cocca como DT, Central volvió al triunfo tras más de cuatro meses. Fue 2 a 0 ante Argentinos. Un respaldo anímico clave en el objetivo prioritario de reposicionarse en la tabla de promedios que se avecina.

Lunes 01 de Abril de 2019

Son tantos los vericuetos analíticos que encierra el fútbol que pueden confundir o hacer que el foco se ponga en un lugar incorrecto. Ahora, cuando lo que se pone sobre la mesa son las prioridades, es más difícil errarle. No hay forma de poner en relieve el triunfo (2-0) de ayer de Central sobre Argentinos Juniors que no sea en medio de ese contexto de necesidad y urgencia en el que estaba el equipo canalla. Porque se puede hablar de formas, caminos tomados, resoluciones acertadas o no, pero de lo que es imposible alejarse es de la idea de que para el canalla la victoria era un vaso de agua helada en medio del desierto. Tan claro y establecido está ese concepto como que la alegría después de tanto tiempo llegó en el comienzo de un nuevo ciclo, el que tiene a Diego Cocca como entrenador. Lo que no pudieron conseguir este año Bauza ni el Loncho Ferrari lo logró el flamante entrenador canalla, en su bautismo con el buzo auriazul. De allí la enorme y significativa implicancia de los tres puntos obtenidos en La Paternal, en el amanecer de un proceso al que le restan pulir miles de cosas, pero que al menos comenzó cumpliendo con la premisa básica, elemental y obligada: la victoria.

La cara de distensión de Cocca tras el partido tenía los mismos rasgos que las de los jugadores. En esa sintonía se los pudo ver a Di Pollina, Carloni y el resto de la comitiva dirigencial en la puerta del palco de donde siguieron el encuentro. Para todos fue sacarse un peso de encima. Más para los futbolistas y para los dirigentes que para el entrenador, a quien poco se le hubiera podido reprochar un mal resultado por los escasos días de trabajo que tiene en Arroyito, pero para quien no era lo mismo arrancar su ciclo con una derrota (incluso hasta con un empate) que con una victoria bajo el brazo.

El paupérrimo andar del equipo en el año es lo que había establecido la virulencia con la que se vivió el fútbol en estos últimos meses en Central, que tuvieron como corolario el fin de la estadía del Patón y el paso fugaz del Loncho.

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La dualidad ente "lo logrado" y el "de donde se viene" expone con una claridad meridiana la importancia del triunfo. A Cocca se lo fue a buscar para que Central reaccione, para que el equipo rompa el molde del acostumbramiento a perder. Es que el canalla había entrado en un terreno pantanoso, donde los números ya habían sentenciado que la tortura de la permanencia en la categoría estaba frente a las narices de todos. Es apenas un pasito en firme lo que logró Central, porque la victoria de ayer no lo aleja de ningún fantasma, pero al menos le dio una mínima cuota de oxígeno, algo en que creer, algo a lo que aferrarse.

Pensar que los problemas de Central están ya resueltos es un error de una magnitud tan importante como la que entregaron los tres puntos en La Paternal. No siempre se podrá ganar a expensas de la liviandad o falta de puntería del rival, pero hay momentos en el fútbol en el que el final de la historia poco tiene que ver con el relato de todos los capítulos que la componen. Entre ser un equipo agresivo, sólido, incisivo y seguro o lograr tres puntos cumpliendo un mínimo de esos atributos, en Central nadie se hubiera negado a ponerle la firma al segundo contrato.

En ese contrato uno de los firmantes es Cocca, el técnico en el que se depositaron todas las esperanzas de aquí en más y en quien se piensa pueda aportar su granito de arena. Ayer, en su presentación, más que un granito aportó una palada. Porque de la misma forma que se puede afirmar que a su equipo le faltó inteligencia, prestancia y lucidez para manejar el partido, tanto en el 1 a 0 como después del gol de Parot, fue en su primer partido en el que el canalla rompió con una interminable racha de 14 partidos sin victorias que lo pusieron a Central a caminar por una cornisa de la que todavía está lejos de poder bajarse.

En el largo camino que le queda por recorrer, haberse cruzado de vereda en el sendero de los resultados no es poca cosa. Con las falencias a cuestas, con las urgencias que no dejarán de golpear la puerta y enredado en un presente y futuro complejos, Central se permitió una sonrisa. Pequeña por cierto en relación a lo sucedido hace unos pocos meses (la obtención de la Copa Argentina), pero de una magnitud incalculable teniendo en cuenta las razones por las que se lo fue a buscar a Cocca, el técnico que hizo posible lo que últimamente parecía una quimera. El debut de un entrenador y un triunfo. El mejor inicio de un nuevo ciclo, en una obra todavía en construcción.




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