Que Central debió ganar el clásico, no hay dudas, pero lejos estuvo de jugar un gran partido como dijo Almirón. Tendencia a cambiar, con mucho por conquistar
06:10 hs - Martes 08 de Septiembre de 2026
Había mucha calentura en el vestuario de Central posclásico. No había dudas de que se habían perdido dos puntos ante un rival que apenas pateó tres tiros en dirección al arco, dos primeros inocuos y el restante en la red en el tercer minuto de adicional. Pero la sensación, real, verídica, no debe tapar el hecho de que el equipo de Jorge Almirón no hizo un gran partido, como dijo el técnico. Para nada. Le creó pocas situaciones reales de gol a un Newell’s sin recursos, se equivocó muchísimo de mitad de cancha hacia adelante, sus jugadores emblemas estuvieron por debajo de sus niveles y por otra parte es lo que viene pasando desde hace varios encuentros. Es una tendencia que no pudo revertir ni con la mesa servida.
Se lo expresó en estas líneas, no con el diario del lunes sino con el del domingo. Antes de jugar. Que el plantel de Central era, es, muy superior al de Newell’s. Que tiene más tiempo de trabajo además. Pero que venía en una curva descendente, mientras su rival, con todas sus limitaciones a cuestas y desde el fondo del pozo en el que estaba, por el contrario arribaba a la cita en una curva ascendente. Levemente ambas, pero marcadas. Y el resultado final no contradijo esas aseveraciones. El rendimiento es más discutible, sobre todo del lado rojinegro que jugó peor de lo que lo que venía haciendo. Pero del lado auriazul, sigue en la misma sintonía.
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Cómo jugaron los desequilibrantes de Central
Es que no levantan Ángel Di María ni Jaminton Campaz, los desequilibrantes. Julián Fernández no volvió a jugar. Giovanni Cantizano está en su proceso de adaptación a la primera división, lógico, con altos y bajos más allá de que es sin dudas un talento emergente. Central se quedó sin el 9 inamovible que era Alejo Veliz. Enzo Copetti no es goleador y a Marco Ruben lo condicionan los años, porque con poquito fue más peligroso que aquél en los pocos minutos que estuvo en cancha.
Y nunca pudo reemplazar a Ignacio Malcorra, para que sea el nexo del juego asociado ofensivo. No asume ese rol Vicente Pizarro, tampoco vino para eso. Pol Fernández no lo logró cuando tuvo la chance y Central por momentos parece que depende de que enciendan las individualidades para lastimar. Cuando lo hace es peligroso en serio. Cuando no, es lo que se viene repitiendo desde las llaves de la Copa Libertadores de octavos, antes la Copa Argentina con Estudiantes, los varios pasajes ante Talleres en Córdoba o la derrota anterior con Gimnasia.
En este semestre, del triunfazo en el Monumental para acá, las pilas se ve que empezaron a fallar, a conectar de vez en cuando. Un rato ante Aldosivi, bastante más con el alternativo ante Barracas, ese buen rato en Córdoba, con Di María de estandarte hay que decirlo y no mucho más.
Del dicho de Almirón al hecho
Lo dicho. Central no hizo un gran partido en el clásico. Si lo hubiera hecho, se hubiera sacado de encima a Newell’s con mayor facilidad, hubiera puesto más en apuros a su arquero, que no tuvo la necesidad de ser figura porque no le llegaron tanto. Y terminó encerrado con tres zagueros centrales, sacando a un deslucido Di María, porque el rival ya le jugaba al ollazo para ver si podía pescar y pescó. Resquebrajando ahí lo más sólido que tuvo el equipo, que fue su zaga central y la muy buena contención en el medio.
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El lamento, genuino, porque así y todo la victoria era justificada, debe dar paso a una mirada más introspectiva porque Central viene perdiendo punch. Viene cediendo ese protagonismo constante con el que inevitablemente hacía rendir a sus rivales. Y por lo tanto, el mensaje que se baja no debe ser conformista o atribuir todo a que esto es fútbol. Que lo es, pero la mayoría de las veces resulta más lógico de lo que parece.
La gran oportunidad a la vista
Almirón, que no puede enamorar a los hinchas, tendrá seguramente una gran oportunidad de revancha cuando vaya por una estrella más en la vitrina ante un rival durísimo como Estudiantes, que de finales la sabe lunga. En poco menos de tres semanas podrá redimirse, como sus jugadores. Hay tiempo para corregir y volver a fortalecerse. Además de material.
Sería equivocado si no se parte del reconocimiento de que no todo es lo que parece y de que, más allá de que Central debió ganar el clásico, hubo razones propias por lo que no lo hizo y que vienen de un cierto arrastre. En esos aspectos de debilidades es donde deberá trabajar de aquí a la fecha, además porque luego debe seguir peleando por clasificar a los play-offs, pelear la tabla anual que aún puede y volver a la Libertadores. Hay un panorama que invita a soñar, pero sin engañarse. Debe mejorar. Ese doloroso 1 a 1 final del domingo lo puso también en alerta al respecto.