Ovación

El pie derecho inclinó la balanza a favor de Jockey

Di Bernardo fue determinante en el triunfo de Jockey Club. Duendes se durmió y el verdiblanco se llevó el clásico

Domingo 28 de Junio de 2015

 Si a un jugador con la experiencia de Alberto Di Bernardo le dan tiempo para pensar y espacio para actuar puede ser letal. A cualquier equipo le puede pasar y Duendes, quedo claro, no está exento de ello. De hecho ayer lo padeció, en el marco de la quinta fecha de la primera fase del Regional del Litoral, certamen donde está en juego la Copa Banco Municipal.

   Fue un clásico donde no había nada en juego, pero era un clásico al fin. Y como tal, más allá de que hubo muchos jugadores haciendo sus primeras armas en ambos equipos, el partido se planteó de dientes apretados, sin concesiones, de una lucha sin cuartel.

   En el primer tiempo reinó la paridad. Fueron prácticamente cuarenta minutos de estudio donde ya Duendes empezó a evidenciar errores en la toma de decisiones, imprecisiones y falta de resolución, ante un Jockey que presionó bien y lucho palmo a palmo cada centímetro del terreno de juego.

   A los 10’ Di Bernardo rompió el cero con un penal y poco minutos después Carrió le devolvía las gentilezas, para volver todo a foja cero. El maul fue una de las formaciones con las que Duendes complicó a Jockey, y precisamente desde allí nació el primer try de la tarde. Los forwards avanzaron bien juntos y complicaron a la defensa verdiblanca, cuando se detuvieron Imhoff sacó la pelota, habilitó a Araujo y este a Narvaja, quien corrió pegadito a la línea y voló para llegar a la conquista.

   El try de Duendes le dio a Jockey el empujón que necesitaba para largarse a atacar. Y así lo hizo. Empezó a meterse en campo verdinegro hasta que lo hizo equivocar y generó un penal. El apertura se hizo cargo del envío, pero la pelota pegó en el palo y el rebote lo capitalizó Gonzalo Prunotto, quien aprovechó la desatención de la defensa local y estableció el transitorio empate (8-8) con el que se cerró el primer parcial.

   Apenas arrancó el segundo tiempo, maul mediante, Duendes llegó al try y sacó una pequeña ventaja. Pareció que el local se encaminaba hacia el triunfo pero no fue así. Después del try, Jockey empezó a tener más la pelota y su apertura a convertirse en un director de orquesta. Di Bernardo empezó a jugar muy cómodo con el pie posicionando a su equipo en ataque, jugando en definitiva como más le gusta y siendo fiel a su escuela.

   Así, mientras Jockey generaba más juego con dinámica, Duendes se durmió, empezó a deslucirse, a equivocarse demasiado, a deambular perdido, sin rumbo, fuera de línea. Fueron quince minutos en los que Jockey fue una tromba y se lo hizo sentir. En ese lapso le marcó 26 puntos, algo que hizo irremontable el resultado (34-15).

   Herido en su amor propio, Duendes intentó el milagro en el final. Felipe Arregui llegó al try y en el epílogo del partido lo hizo Genaro Carrió, pero después no le quedó más tiempo. Por esos instantes el partido se había vuelto bastante caliente y se vio, tristemente, acciones que nada tienen que ver con el rugby. El partido se le escapó de la manos a Schneider, que si bien sacó algunas amarillas (la roja no la encontró) no pudo evitar el bochorno.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS