El pesista Carlos Espeleta se propone mejorar sus marcas en Beijing
La batalla personal de Carlos Espeleta es superarse a sí mismo. El primer pesista rosarino de la historia en los Juegos Olímpicos se preparó a conciencia para mejorar sus marcas. Otra cosa no puede esperar. Practica un deporte que se encuentra a años luz de las principales potencias. ¿O pudo haber llegado en mejor forma como para arrimarse a la elite mundial?

Martes 05 de Agosto de 2008

La batalla personal de Carlos Espeleta es superarse a sí mismo. El primer pesista rosarino de la historia en los Juegos Olímpicos se preparó a conciencia para mejorar sus marcas. Otra cosa no puede esperar. Practica un deporte que se encuentra a años luz de las principales potencias. ¿O pudo haber llegado en mejor forma como para arrimarse a la elite mundial?

"Voy a competir en mi mejor momento y a superar mis marcas. No estoy en condiciones de pelear por una medalla. Por los kilos que levanto me encuentro entre los 25 y 30 mejores del mundo. Pero si me hubiesen dado el mismo apoyo que tuvieron en su momento otros pesistas seguramente hubiera tenido posibilidades de meterme entre los de arriba", se queja el pesista rosarino que competirá en la categoría 77 kilogramos de peso corporal.

Durante la charla hace catarsis, como si necesitara descargarse y hablar del escaso respaldo que tuvo en los últimos años.

"Sí, estoy feliz por clasificar a Beijing", aclara cuando se le pregunta si es capaz de disfrutar el presente o si sus recuerdos son capaces de enturbiar este momento único en la vida de un deportista.

"Disfruto la clasificación a mis primeros Juegos Olímpicos con mi entrenador y mi familia. Fue un esfuerzo totalmente nuestro. Tampoco me olvido del Ejercito, que es a la institución que represento como deportista y la que no me dejó de apoyar durante estos cuatro años", agrega el atleta.

La mejor marca la obtuvo en junio de 2006. Logró 151 kg en arranque y 180 kg en envión para un total olímpico de 331 kg, registro que lo ubica al tope del ranking nacional de su categoría.

Su caso es particular. A los 14 años se fue a vivir al Cenard como una seria promesa del deporte argentino. Pero varios años después tuvo diferencias con su entrenador, dejó la vida de Buenos Aires y retornó a Rosario. Ya no tuvo ni la comida ni el hospedaje gratis, los gastos se incrementaron y todo le costó el doble.

El octavo puesto en el Mundial juvenil de Belarús en 2005 es el mejor antecedente de que su proyección internacional estaba por el buen camino. Pero no resultó así. Tuvo altibajos y su carácter fuerte y confrontativo lo perjudicaron. Hasta tuvo una suspensión de varios meses por discutir con un entrenador nacional durante el Sudamericano de Buenos Aires de aquel año.

"Debería tener nivel mundial. En mi época de juvenil estuve entre los diez mejores del planeta y venía perfilándome para ocupar ese mismo lugar entre los mayores. Era mi objetivo, pero no me respaldaron", sostiene.

"Que me expliquen porqué clasifiqué a los Juegos Olímpicos si se apoyó a otros pesistas con becas superiores a la mía y enviándolos a entrenar a Europa. Tanto para la Federación Argentina de Pesas como para la Secretaría de Deportes de la Nación yo era un proyecto caído. Sin embargo, hoy estoy en Beijing", dice.

"Sé que no soy un gran deportista, no logré nada importante, pero lo voy a conseguir y trabajo para eso", asegura.