Ovación

"El periodismo deportivo debe interpelarse"

El periodista dictó el taller "La pelota es redonda", organizado por el Sindicato de Prensa Rosario (SPR). Un "picado" narrativo.

Martes 06 de Noviembre de 2018

Un taller de crónica periodística titulado la "La pelota es redonda" parece una obviedad. Pero si además el que lo dirige invita a quienes lo escuchan a "robar", la oferta pedagógica toma casi carácter de estafa. Sin embargo, en el taller que dictó la semana pasada y durante dos días el periodista y escritor Alejandro Wall no hubo fraude pero sí se trabajó y se valoraron las situaciones y personajes que parecen comunes y accesorios: obvios. Y no sólo eso: se acordó que todo aquel que analiza y escribe siempre se sirve de las palabras de otros y eso no es plagiar. De hecho "La pelota es redonda, el partido dura noventa minutos y todo lo demás es sólo teoría", fueron las palabras que Wall le robó para titular sus clases al entrenador alemán que logró la Copa del Mundo de 1954, Sepp Herberger. Todo legal.

Al encuentro que organizó el Sindicato de Prensa Rosario (SPR) asistió una veintena de talleristas, entre comunicadores y estudiantes. Circularon textos de boxeo, fútbol masculino y femenino, atletismo, natación y tenis, tanto de los estadounidenses Gay Talese y David Foster Wallace como del español Santiago Segurola o los argentinos Diego Torres y Ayelén Pujol, entre otros tantos.

Wall, hincha de Racing, integra actualmente el staff del diario cooperativo Tiempo Argentino y co-conduce el programa de radio "Era por abajo", junto a Ezequiel Fernandez Moores y Andrés Burgo (AM 1110). También es columnista de "El lobby", en Radio Con Vos (89.9). Pero además trabajó en Crítica de la Argentina y en El Gráfico Diario, en Ambitoweb.com, Infobae.com y Perfil.com; publicó notas en los diarios La Razón, La Nación de Chile y El País de España y en las revistas Caras y Caretas, Rumbos, Veintitrés, Acción, Crisis y Un Caño. También fue desocupado. Aún así siguió escribiendo. Ya publicó tres libros: "¡Academia, carajo!", "El último Maradona, cuando a Diego le cortaron las piernas" (junto a Burgo) y "Corbatta. El wing", cuatro años de investigación sobre la vida y los mitos en torno a Oreste Omar Corbatta. Y ya tiene en mente el cuarto.

¿Cómo puede un periodista, en un país en crisis laboral, enfrentar la precarización profesional y la fecha de vencimiento que muchos vaticinan al diario en papel?

Estamos en una etapa de transición que no sabemos bien hacia dónde va el oficio, pero hay algo que se mantiene: contar historias. Esto es básicamente lo que hacemos todo el tiempo en distintos formatos, en redes sociales, en medios grandes, en medios autogestivos y donde haya un espacio para eso. Se trata de contar buenas historias. Días atrás leía una entrevista a Héctor Larrea, un conductor y entretenedor que decía: "La gente quiere que le cuentes lo mejor posible una buena historia". Coincido. Esa es la supervivencia a cualquier crisis que pueda tener el periodismo. Podrán ponerse en cuestión muchas cosas: el papel, cosas de nuestra profesión, pero lo que no está extinguido es el contar. Si no crecemos nosotros, no intentamos mejorar y atrapar a un lector, nos podemos quedar sin lectores. Decimos "la gente no lee" y me pregunto: "¿La gente no lee o contamos mal?

¿Qué opinás vos?

Que hay que contar bien y no necesariamente grandes historias. En el taller conté el caso del juez de línea Alberto Barrientos, que participó del Racing-Vélez de 2001. Racing definía su partido, tenía que romper con 35 años de maleficio. Lo hacía en un momento en el que el país estaba en llamas, con muertos, represión y gobernaba un presidente que iba a renunciar a los pocos días. En todo ese marco vos observabas la historia de los protagonistas más visibles, el Racing campeón, pero había un juez de línea que tenía que resolver en milésimas de segundo si convalidaba o no un gol a Racing. Decidió convalidarlo y debió anularlo. Lo impresionante es que descubro tiempo después que el tipo era de Racing y a partir de allí se presentan un montón de dudas. Cuando te aparece una historia así lo primero que te ponés a pensar es que no necesitás la ficción, con la realidad te basta. Veo diez años después cuando el ex jugador de Racing Martín Vitali me muestra un banderín que le dedica Barrientos y dice: "Un hincha de Racing a un jugador de Racing". Lo empiezo a buscar, me aparece su perfil en Facebook, adherido a un grupo que dice: "No puedo, juega Racing". Ahí me dije esta es una enorme historia. Podía ser la historia de una confesión o del arreglo de un partido. Llegué a él. Hay muchas otras historias por escribir, yo sólo escribí la mía.

Recomendás "desmalezar" los textos, evitar los adjetivos, los apodos, los lugares comunes como "pasión" y "mística"y ser obsesivo en la búsqueda.

Si uno trabaja y pule mucho tiempo un texto encuentra cosas novedosas y la obsesión es un punto interesante para esa búsqueda. Si nos quedamos todo el tiempo con lo que está en la superficie o lo que ya se contó estamos perdiendo mucho. Somos repetidores de las cosas que ya se contaron y así alimentamos mitos y leyendas. Cuando trabajé con Corbatta había una historia que se repetía todo el tiempo y era que Oreste volvía a la noche de una gira de alcohol y mujeres, le pegaban una ducha y al otro día salía a la cancha como si nada. Quise saber de dónde había salido eso y me di cuenta de que todos los que la repetían, en realidad habían leído una cosa que había dicho Corbatta y nada más. Y se contaba como una práctica habitual del tipo. Como otro montón de historias sobre su relación con el alcohol o el analfabetismo. Obsesionarse o desentrañar los mitos y leyendas, para mí, es el gran desafío del periodismo deportivo y del periodismo en general.

A un periodista que te plantea que trabaja contrarreloj con el cierre y no tiene el tiempo de la crónica, ¿qué le decís?

Hoy mucho periodismo busca clics y likes en las redes, porque no se tiene nada mejor que ofrecer. No hay búsqueda. Estamos en un contexto de precarización de nuestra tarea, oficios y vidas. Ya no vivimos con un trabajo y no tenemos tiempo de nada: decirle a un periodista que tiene que hacer la diaria que se puede tomar un año para una nota no existe. Pero sí podemos hacer en paralelo, lo he hecho aún trabajando y teniendo hijos. Y además, en la cotidiana podemos siempre buscar calidad, salir de los lugares comunes, dejar de repetir cosas que nos hacen sencilla la vida. Y además, el periodismo deportivo debe interpelarse de lo que hizo durante décadas con sus relatos en relación a las mujeres, a las violencias y a la nostalgia del potrero y el pibe. Hay un montón de cosas para rever. La mujer ya no es más la que no sabe nada de fútbol. Hay que mirar el contexto, ya no podés invisibilizar eso. Con la violencia pasa lo mismo: la narrativa siempre fue sólo por el lado de "los violentos". El periodismo deportivo debe asumir que el fútbol se ve todo el tiempo, con fútbol para todos o fútbol de pack premium y lo que tiene que tratar es de contar historias, no sólo las alegres sino también los trapos sucios.

¿Se necesita saber mucho de deporte o de fútbol para contar buenas historias?

No, ni se necesita haberlo jugado siquiera. Sí se necesita ser curioso y preguntarse. Incluso creo que si nunca jugaste tenés más posibilidad de preguntarte cosas que otros ya no ven o se dejaron de preguntar. Los periodistas debemos resetearnos cada tanto. Hemos naturalizado tantas cosas que ya casi no las contamos.

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