Lunes 29 de Octubre de 2018
Tan importante es la derrota previa al clásico, que en un contexto normal hasta se podría haber hablado de que el técnico comenzaba a caminar por la cornisa. De hecho, el Patón fue consultado sobre si el partido del jueves podía tener implicancia sobre su continuidad, a lo que respondió con un "me quedan ocho meses de contrato". Con esto no se pone el foco en el futuro del DT, pero sirve para hacer una radiografía exacta del momento que se vive.
Quizá las imágenes pospartido dentro de la cancha no hayan otorgado la dimensión exacta, cosa que sí pasó afuera, del otro lado de una de las tribunas. Allí estaban los muchos integrantes de la comitiva dirigencial que viajó a Paraná, desperdigados, cada uno por su lado, sin dirigirse la palabra de uno a otro. Ahí se palpaba el verdadero sentido e impacto de la derrota. Todos sabían que hay apenas tres días para meter un golpe de timón imprescindible no sólo desde lo futbolístico, sino desde el resultado. Es que un nuevo revés profundizará aún más la crisis.
Y hasta a la idea de crisis no habría que tenerle miedo, sobre todo si se tiene en cuenta que con el de ayer el equipo sumó su octavo partido sin poder ganar (hay dos por Copa Argentina que empató y avanzó por los penales). Por eso se insiste con que en otro contexto, sin un desafío tan importante en el medio como lo es el cuarto de final por Copa Argentina hay otros términos e ideas que se podrían manejar sin ruborizarse.
El foco está ahí, en lo que sucederá en cuestión de horas. Por eso Central ayer jugaba un partido contra el prácticamente descendido Patronato, pero también contra sí mismo, en el que se debía una prueba de carácter que finalmente no se cristalizó. Paso en falso por donde se lo mire.
Tan pronunciado es el tropezón que haberse ido del Presbítero Grella con un punto bajo el brazo hasta hubiera servido para maquillar una actuación que fue un claro retroceso en relación a aquella mínima recuperación que había mostrado en la Bombonera. Si para Newell's se tiene en cuenta lo que ofreció ayer, los temores bien ganados tienen su lugar en medio de esta historia. Si pensando en el jueves se toma este partido como antecedente, esos mismos temores podrían copar la escena.
Porque supeditar todo a que un clásico es especial y despojarse por completo del arribo puede resultar un ejercicio traicionero.
Con un resultado positivo sobre el lomo hubieran abundado las declaraciones sobre que el envión anímico y el espaldarazo hubiesen sido cruciales.
Que la lectura no haya sido inversamente proporcional suena más a un mecanismo de autodefensa que a un emparentamiento con la realidad. Nadie declara en su contra.
La crueldad de domingo se transformará en análisis frío del lunes y en trabajo futbolístico y psicológico de martes y miércoles para desembocar en un jueves en el que los caminos pueden ser varios pero la salida una sola: sortear Newell's y avanzar a la semifinal de la Copa Argentina.
Lo que nadie puede poner en duda es que Central llega a ese partido con demasiadas dudas y muy mal parado, con su peor cara.