Domingo 14 de Marzo de 2021
La cabeza de los jugadores de Newell’s no estuvo en Florencio Varela. La semana previa muy convulsionada con la dilatada novela de la salida cantada de Frank Kudelka sin dudas que terminó atentando en todo sentido contra los rojinegros. Ni los ingresos como titulares para renovar energías de Ramiro Sordo, Justo Giani y Franco Negri sirvieron para maquillar el funcionamiento de un equipo que hoy está totalmente averiado, aturdido y sin ninguna valencia competitiva. Es que las individualidades de renombre siguen sin aparecer, las sociedades otra vez brillaron por su ausencia y hasta cada pelota dividida volvió a ser monopolizada por el rival. En este escenario de colapso táctico se cerró el ciclo de Frank Kudelka con una durísima goleada 4 a 0 ante Defensa y Justicia, un rival serio, que sin grandes figuras supo desnudar las groseras falencias leprosas en todas las líneas. El Halcón le asestó la última puñalada a una gestión que estaba en descomposición y que en su anunciado capítulo final se terminó de hundir en el lodo.
Encima que Newell’s hizo todo mal, Defensa a su habitual dominio prolijo y ancho del balón le agregó la precisión de un lateral que anoche tuvo estilo “brasileño” como Marcelo Benítez, quien en el primer tiempo clavó dos remates exquisitos en los ángulos de Alan Aguerre. Para empezar a aumentar las dudas y los baches tácticos de un Newell’s que nunca esbozó una reacción futbolística ni actitudinal. Ni qué hablar cuando Walter Bou anotó el tercero de penal en el amanecer del complemento. El partido literalmente se terminó allí a los cinco minutos de la segunda etapa. El bonus track fue el cuarto que clavó Francisco Pizzini ante el desaguisado generalizado que a esa altura era Newell’s. Nunca afloró algún atisbo de remontada en la noche negra de Varela.
Una noche que no hizo más que reflejar el paupérrimo presente del equipo hasta ayer conducido por Kudelka. Por eso se impone cuanto antes la designación de un entrenador y conductor con todas las letras que tome las riendas con decisión para arrancar de cero y refundar al equipo. Que tenga la inteligencia táctica, la fortaleza anímica y un mensaje de renacimiento para un plantel que está por el piso en cuanto al juego y la confianza. Hay muchísimo trabajo por hacer.
Claro que el técnico saliente es el principal responsable del desconcierto generalizado en el que ingresó el equipo fundamentalmente en este torneo, donde apenas sumó un punto ante Talleres y perdió sin atenuantes ante Vélez, Boca, Independiente y Defensa y Justicia. Pero más allá de los resultados Newell’s estuvo lejísimo de ser competitivo, de tener una idea clara para atacar y defender. Pero Kudelka tampoco debe ser el “único” responsable de la debacle, ya que los jugadores nunca tuvieron la rebeldía para apelar al coraje y la enjundia y así entonces al menos emparejar el trámite de los partidos.
Un final de ciclo que no amerita ninguna discusión. Y tal vez a la gestión le sobró un partido, ya que quedó claro que fue muy difícil salir de la confusión que el equipo arrastraba y no hubo espacio para una despedida al menos digna de Frank Darío Kudelka. Evidentemente en los jugadores la incertidumbre de la semana también se trasladó a la cancha y fue sin anestesia. Newell’s nunca estuvo en partido, casi no pateó al arco, deambuló por el césped sin rumbo y Defensa con un funcionamiento apenas correcto lo goleó sin miramientos. Lo dejó más que nunca preso de sus falencias. Newell’s tocó fondo en lo futbolístico y ahora deberá renacer. Así de drástico. Así de real.