Ovación

El otro deportista

Mientras las estrellas del deporte copan cada vez más las pantallas, las páginas y las radios, la inmensa mayoría pelea por incorporarse a ese núcleo selecto con escaso reconocimiento.

Viernes 01 de Junio de 2018

"No me pesó lo de alrededor. Disfruté la conferencia a sala llena, porque no me había pasado nunca. Siempre trato de no pensar tanto en eso, sabía que no era porque había jugado muy bien o que le gané a un jugador muy bueno, sino por la presencia de mi abuela, más que por mí mismo. De hecho, este tipo de viajes es algo que los tenistas solemos hacer bastante seguido, más allá de que acá el contexto fue diferente. Es común viajar de un interclubes a un challenger, cuando llegas con lo justo y salís a la cancha. Acá, lógicamente, estás en Roland Garros".

   Aunque parezca extraño leerlo, una derrota puede ser una inversión a futuro. Con el destino como aliado hasta puede representar el inicio de una gran carrera. Estar en el lugar justo en el momento indicado tiene sus beneficios. A veces.

   Marco Trungelliti, el santiagueño, el que manejó 1000 kilómetros de Barcelona a París para enfrentar a Bernard Tomic en Roland Garros, es parte de la inmensa población de "El otro deportista". Igual que Guido Andreozzi, llegado al cuadro principal de "rolanga" desde la qualy.

   "No es algo común para mí. En estos torneos, hay más exposición, la gente ve hasta a los entrenamientos. Es algo lindo cuando te dan cariño. Fue una linda semana. Es todo positivo, aprendí mucho. Estoy en el camino correcto, tengo un buen nivel y puedo mantenerme varias semanas. Ahora, voy a Polonia, a Italia, para seguir con los challengers".

   Los challengers son la casa de Guido y Marco y también de la mayoría de los tenistas del mundo que como el público en general, ven a las estrellas más en las tribunas o por la tele que del otro lado de la red. Sin embargo, ellos creen que es posible a pesar de que la edad de juveniles y promesas les pasó hace unos cuantos años. Andreozzi tiene 26 y Trungelliti 28.

   Juan Pablo Cantero es el base suplente de Atenas. Atenas es el de Córdoba, obvio, no hacen falta presentaciones. Juan hizo 20 puntos en el quinto partido frente a La Unión de Formosa que depositó a los griegos en las semifinales de la gran Liga Nacional que inventó el inmenso León Najnudel. A pesar de sus casi 36, el paranaense forma parte de la enorme legión de "El otro deportista".

   En Argentina, hoy se habla mucho más, casi exclusivamente, de las proezas de Kevin Durant, Stephen Curry o LeBron James. Todos los pibes afectos al básquet saben quiénes son. No tienen ni la menor idea de quién es Cantero integrante de la inmensa mayoría. Aunque visto en perspectiva sería la inmensa minoría homenajeando al programa de Reynaldo Sietecase en Radio Con Vos. Una digresión: encontrar hoy por hoy un programa de radio en el que se haga al menos un rato de periodismo es todo un hallazgo. Y además es la misma relación de fuerzas entre los medios así y los medios asá.

   Basta de complicaciones, de regreso al tema central.

   Hay vida detrás de las cámaras, hay otra realidad, la verdadera realidad. Como todo en la vida.

   Ezequiel Bustamante es el primer zaguero central de Justo José de Urquiza. Mientras miles y miles de personas se juntaban en Ezeiza el miércoles para despedir a la selección, él le cambiaba el palo a Juan Marcelo Ojeda y consumaba el batacazo del día: JJ se ponía 2 a 0 en el Gabino y empezaba a eliminar al candidato Central Córdoba. ¿Quién es Bustamante? Es el otro deportista. El que va por la vida peleando en cada escenario sin que las luces del centro lo encandilen aunque en el fondo le encantaría para no tener que andar renegando con magros ingresos. No todos los deportistas son millonarios y famosos, todo lo contrario. La mayoría la pelea día a día para poder entrenar y tener ingresos mínimos para subsistir. Los ricos y famosos no superan el 1 por ciento.

   "Que de la mano del Gordo Trompis todos la vuelta vamos a dar"... El Gordo Trompis es Elías Córdoba, el arquero de Atlas, que tiene 21 años y el miércoles atajó 2 penales frente a Argentino de Merlo, que era el caballo del comisario, el gran favorito para ser más moderno. Atlas, la otra pasión, tocaba el cielo con las manos mientras aquellos mismos miles despedían a la selección.

   El apodo no debe ser sólo un mote. Gordo Trompis seguramente es una especie de ring ambulante y permanente que va por la vida peleando por subsistir. No es una exageración. Basta con repasar algunos capítulos de lo que durante años fue el único reality de deportes de la tele, en este caso de Fox.

   Era cantado, cuando la serie no se hiciera más, Atlas iba a ascender. Y va a suceder. Probablemente pase en un par de semanas. Perdón Lamadrid. ¿Lo vieron a Trompis? ¡El lomo que tiene! ¡Y la cara de malo! Cómo no van a errar los muchachos de Argentino de Merlo por más candidatos que fueran.

   Atlas, Lamadrid, Argentino de Merlo, Central Córdoba, Luján, Jota Jota, Argentino de Quilmes y Liniers peleaban el miércoles por subsistir en los bravos campos de juego del ascenso profundo mientras la máxima expresión futbolística del país, la selección, era recibida en la Casa de Gobierno por el presidente de la Nación antes de viajar a Rusia para buscar la tercera Copa del Mundo para la AFA.

   Los otros deportistas miran de reojo la abundancia de las estrellas y se ilusionan con que alguna vez sean ellos los que estén del otro lado del mostrador. Es el combustible que les permite seguir primero y progresar después.

   Trungelliti y Andreozzi volverán a los challengers.

   Juan Pablo Cantero ya jugó la primera semifinal de la Liga, estuvo en cancha poco menos de 2 minutos en la derrota de Atenas contra San Martín en Corrientes.

   Bustamante todavía cuenta cómo fue que apareció solo casi en posición de 9 siendo zaguero central para poner a Urquiza de cara a un inédito ascenso a la B Metropolitana.

   El Gordo Trompis es el héroe del barrio hasta el próximo partido. Vive al día y en el día a día.

   Todos, ganadores y derrotados, son los otros deportistas, los que alimentan y promocionan el fuego sagrado que escasea en los temperamentos de algunas grandes estrellas a las que ellos idolatran, imitan y hasta querrían emular.

   No son muy conocidos, pero todos, absolutamente todos, se sentarán a mirar la Copa del Mundo de Rusia con la ilusión de estar, alguna vez, aunque sea una vez, del otro lado de la pantalla. Serán parte, una vez más de la inmensa mayoría, la que intenta todo el tiempo ser parte del selecto grupo de la inmensa minoría.

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