Jueves 25 de Agosto de 2022
Ya no sorprende que la Liga Profesional brille con furia bajo la radiante luna tucumana. Atlético viene de bailar al novato Barracas Central. Tiene varias aristas salientes. Además de un plan de vuelo deportivo claro y consistente, cuenta con piezas claves con pasado rosarino. Lucas Pusineri está plasmando un trabajo impresionante. Ratifica fecha a fecha el liderazgo con firmeza de hierro. A eso hay que sumarle que el entrenador le está sacando jugo a los exNewell’s Bruno Bianchi, Manuel Capasso, Eugenio Isnaldo y Matías Orihuela, y a los exCentral Marcelo Ortiz, Gastón Gil Romero, Joaquín Pereyra y Ciro Rius, quienes tuvieron un paso con más sombras que luces por el Parque y Arroyito.
Es la grata sensación del torneo nacional y popular. Lidera en soledad. Tiene 32 puntos en 15 presentaciones. Acopió una gran cantidad de porotos fruto de los 9 triunfos y 5 empates que supo conseguir. Sea en el estadio Monumental José Fierro o en los distintos escenarios que pisó.
Otro dato que sobresale desde lo estadístico es que apenas puso una sola vez la mejilla. Atlético es el equipo de la Liga Profesional que menos perdió. Y no es fruto de la casualidad. Como tampoco los 18 goles que facturó o los seis que recibió. Desde lo deportivo está bárbaro, pese a que al certamen le resten 12 fechas.
Para muchos puede ser una eternidad. Para otros una chance de acercarse y destronarlo. Lo cierto es que el representativo tucumano no cede en su andar. Y es lo que eclipsa a todos en la actualidad, pese a que las grandes industrias de Buenos Aires esperan que colapse o bajen las acciones para adquirir el lugar de preponderancia que ostenta hoy en día.
Pero hay ciertos factores que ejercen un rol determinante en este funcionamiento tucumano con licencia suiza. Y es que Lucas Pusineri demostró en poco tiempo saber explotar los recursos naturales de varios apellidos que no gozan de un lugar protagónico en las marquesinas. Menos aún en esta parte del planeta fútbol, donde hay jugadores que pertenecieron a las tropas leprosas y canallas, pero cuando entraron en acción no rindieron como el grueso de la masa deseaba.
Grises en el rojinegro
Tales los casos de los zagueros Bruno Bianchi y Manuel Capasso, el extremo izquierdo Eugenio Isnaldo y el lateral Matías Orihuela. Cada cual escribió su historia con tinta rojinegra. El pasado lo certifica a la hora de pegar un pantallazo deportivo.
Bianchi jugó poco en Newell’s. Tenía pasta como para rendir, pero su funcionamiento fue muy irregular. No en vano terminó emigrando, pese a que el presente lo avala.
El caso de Manuel Capasso también es particular. El Colorado tuvo chances en la época en que Germán Burgos era el entrenador. No se afianzó, vaya a saber porqué. No le quedó más remedio que cambiar de aire. La salida lo favoreció porque ahora se lo ve con mayor aplomo y voz de mando en la defensa.
Lo del marcador de punta Matías Orihuela es para el diván. En su estadía en Newell’s fue un eterno suplente de Bíttolo. Se comió mucho banco. Su permanencia en la lepra puede catalogarse como que tuvo una beca completa. Eso sí, cuando fue dado de baja se soltó y hoy sobresale en el lateral izquierdo del decano.
Canallas intermitentes
Mientras que otros jugadores con pasado en Central también experimentaron una situación similar. Marcelo Ortiz llegó al canalla desde Boca Unidos de Corrientes bajo el mandato de Paolo Montero. Debutó en la elite con la casaca auriazul y por eso lleva tatuado el día que tuvo su bautismo sagrado en primera división. Sin embargo, tuvo escaso rodaje (13 partidos de 2017 a 2019). Hizo más banco de lo que salió en la foto principal, pese a que formó parte del plantel que logró la Copa Argentina en 2018. El arribo a Atlético le vino al pelo porque se soltó y rindió cuando tuvo que hacerlo.
Por su parte, el caso de Gastón Gil Romero también es particular. Llegó en su momento como refuerzo pedido por Chacho Coudet desde Estudiantes y nunca se asentó. Tuvo momentos buenos, pero fueron más en los que no rindió. Muchos hinchas aún recuerdan un mal despeje en Medellín en la llave en que Central cayó ante Atlético Nacional en 2016 y el rubio volante tuvo una noche torcida. Luego fue dado de baja y pasó por diferentes clubes hasta recalar en Tucumán. Para el DT es una valiosa pieza.
Joaquín Pereyra se perfilaba para ser uno de los baluartes en Central. Pero poco a poco comenzó a mostrar una intermitencia notable que lo terminó excluyendo de Arroyito, luego de haber sido uno de los integrantes del plantel que logró la Copa Argentina en Mendoza. Tuvo un fugaz paso por Portugal hasta que Atlético lo reclutó, pulió y potenció. Hoy es uno de los jugadores clave de Pusineri.
Por último, Ciro Rius había llegado desde Defensa y Justicia con chapa lustrada. Pero en Arroyito mostró una performance muy irregular con Diego Cocca como entrenador. Tuvo altibajos que hicieron que volviera a Florencio Varela, ya que pertenece a la escudería del empresario Christian Bragarnik. Hasta que el decano lo fichó y parece haberle encontrado la veta futbolera.
La resultante marca que estos ocho apellidos con pasado en Newell’s y Central disfrutan de un presente perfecto. Tan brillante desde lo numérico como también real desde el punto de vista que tuvieron un paso casi inadvertido por el Parque y Arroyito, respectivamente.