Martes 08 de Febrero de 2022
Gustavo Borsato habla casi sin pausa y con muchísima pasión, como si el referirse a su primer libro “El gol menos pensado” fuera una extensión de sus 30 años de relator del fútbol de Santa Fe, cumplidos en noviembre de 2020.
El periodista y productor “relata”, como si se tratara de las conquistas de tatengues y sabaleros, los inicios de lo que quedó plasmado en las 172 páginas de su flamante obra parida en plena pandemia y que, aclara, “no se trata de goles como accidentes del deporte de la redonda, sino como disparadores de un episodio social, con su génesis en el fútbol y sus alcances comunitarios, íntimamente ligados a nuestra cultura”.
El autor, “santafesino de pura cepa” como se define en el inicio de la charla con Ovación, explica que el origen de su primera producción gráfica es también consecuencia de un parar la pelota y mirar toda la cancha, que le sobrevino como un recuento de sus 30 años de periodismo, celebrados en noviembre de 2020.
Esa época de aislamiento por el coronavirus coincidió con la separación y una obligada mudanza en la que “mi vieja se apareció con varias cajas llenas de hojas, materiales que tenía en borradores, apuntes de aperturas, de ideas y pensamientos, de remates de gol, que, para organizarlos, comencé a tipear y me hicieron pensar que finalmente tenía algo que podía terminar en lo que es hoy el libro”, evalúa Gustavo.
“Siempre escribía cosas” se justifica Borsato, y recuerda hacerlo desde ese primer momento que se encuentra reflejado en el relato que abre el libro llamado “La última cabina”, donde el autor es increpado por un viejo y reconocido comentarista por no tener nada escrito a manera de guión previo. “¿Quién te creés que sos, Cortázar?”, le disparó a un atribulado novel relator. Justamente ese relato abre el libro a manera de pitazo inicial de la gestación de lo que terminó convirtiéndose en esta colección de recuerdos de vida y de goles a la manera de haikus, los tradicionales poemas japoneses muy cortos, de tan solo tres versos, formato que fue sugerido por su editor, Alberto Lalouf, “un viejo compinche del barrio” como lo distingue Borsato.
“El fue uno de los primeros con quien compartí mi inquietud de hacer algo con los textos rescatados por mi vieja” y reconoce luego que fue quien le dio el apoyo para armarlo y darle un sustento real al libro y el puntapié inicial para escribirlo. Además en el momento en que los textos empezaron a tomar forma el relator devenido escriba se encontró con el dilema de la cuestión de la firma y el arte de un libro que fue hecho a pulmón sin una gran editorial de respaldo. Allí es donde Borsato destaca el agradecimiento también con Santiago Rusbel, de la Agencia Guru, que se puso al hombro el proyecto en cuanto a la edición, la imagen y sugirió el título del trabajo. “Yo tenía pensado otro título, se iba a llamar «El libro de los goles», pero cuando Santiago vio el texto y entendió lo que yo intentaba decir me impuso con seguridad el título que finalmente quedó, ya que «El gol menos pensado» revela todo ese gol que sos, como cierra el texto según me explicó”.
Además Santiago sostuvo la idea del autor, de las ilustraciones que acompañan los textos, que son fruto del trabajo de diez ilustradores santafesinos a quienes “no conocía personalmente y realmente ellos lo hicieron imagen, concretando un paquete artístico para destacar. Es toda gente de Santa Fe, que logró un producto extraordinario movilizados porque les gustó el proyecto”, insistió Borsato.
“El gol menos pensado” está organizado en torno a todos esos apuntes y vivencias que Borsato recogió en esos 30 años de trabajo profesional, reflejado en varios apartados como “Goles, historias y paisajes”, y uno un poco más autobiográfico, “El viaje del relator”. Todos estos enmarcados en la apertura con “La última cabina” y el cierre reflejado en las líneas que dan título al libro.
Ante la consulta obligada sobre si la obra surge como tantas otras de un futbolista frustrado, Borsato desmiente y sitúa el origen más en un deseo de infancia hecho realidad. Y en esa línea recuerda como punto de partida una anécdota escuchada de su madre de una tarde en que se había perdido en el club donde iba a nadar y lo encontraron en la tribuna viendo la práctica. Pero para sorpresa de quien lo halló, ante la pregunta de qué estaba haciendo allí, el pequeño Gustavo contestó “yo quiero ser como ese”, señalando no a un futbolista, sino al cronista que le estaba haciendo una nota. Toda una profecía autocumplida.
“El libro entra por el fútbol y sale por la vida”, insiste el relator y autor para tratar de ubicar su obra que trata de goles que fueron, son y serán, que están ubicados en ninguna y a la vez en cualquier cancha, pero que como referencia a su pago también tiene sendos homenajes a goleadores y figuras de los equipos santafesinos, como Fernando Husef Alí y Esteban “Bichi” Fuertes.
En síntesis, un relato vívido que es una extensión de las cabinas de transmisión a la tinta y el papel, sobre el que Borsato reconoce haberse divertido mucho en su elaboración, al tiempo que confiesa estar agradecido y muy feliz por el resultado plasmado en sus páginas.