Lunes 22 de Agosto de 2022
Un grupo de juveniles haciendo sus primeras armas en primera, un presente que apremia, objetivos que están lejos, un Tevez que intenta cambiar la situación pero que no tiene grandes armas a mano para hacerlo. Mira al banco y solo encuentra más juventud. Y los pibes no tienen la culpa ni del pésimo último mercado de pases ni de todo lo que arrastró la corriente hasta la fecha. Es cierto que el hincha que llena fecha tras fecha el Gigante de Arroyito quiere solo los tres puntos, esos que volvieron a irse ayer ante un inofensivo Banfield que se lo llevó con lo justo 1 a 0. Pero para magia, los magos.
“Es lo que hay”, dijo el Apache alguna vez. Y es así. El proceso de maduración de tantos juveniles tiene altibajos normales. El asunto es que ese aprendizaje lo están realizando en pleno campeonato. Sobra material, pero no tiempo.
Si Facundo Buonanotte no está inspirado, no es una buena noticia para Central. Para colmo, en un partido tan cerrado como el que se dio ante Banfield en el que se necesita de los atrevidos para romper esquemas abroquelados.
Y así fue todo el primer tiempo en Arroyito. Con dos mediocampos superpoblados, hacer pie y crear situaciones claras fue casi una proeza. El canalla salió con un 4-1-4-1 bien definido, con Tanlongo de soporte vital de la zona media, delante de él Kevin Ortiz relevando y Buonanotte con más libertad, y Cerrudo y Malcorra en un sube y baja constante pegados a la línea de cal. Oviedo fue la única referencia de área.
La idea de Tevez fue mutando por la necesidad de Central. Sin un faro en el ataque como Véliz, la estrategia fue doblegar al rival de turno aprovechando la velocidad en el último cuarto de la cancha. Y está claro que no lo consiguió.
Todo el plan se vio trastocado con el sorpresivo gol de Banfield, que hasta ese momento había hecho poco y nada. El taladro se inspiró e inauguró el marcador tras una gran jugada colectiva entre Matías González y Dátolo, quien asistió a Urzi para que el delantero sacara un potente zurdazo para descolocar a Servio.
Con la desventaja, Buonanotte se adelantó para jugar más cerca de Oviedo con el objetivo de no tener que arrancar desde tan atrás.
Los cambios que hizo Tevez en el entretiempo le dieron a Central otra fisonomía en ataque. Sobre todo el ingreso de Gustavo Ramírez, un 9 de raza. Y el canalla estuvo cerca de empatarlo en varios momentos, primero con Marinelli, después a través de Buonanotte y una clarísima con un cabezazo de Báez.
Lejos de brillar, Central hacía méritos para arañar un empate. Enfrente, Banfield bajó la guardia e hizo lo que vino a buscar a Arroyito: no seguir perdiendo.
A medida que pasaban los minutos, se acrecentaba la desesperación dentro del verde césped. Y se recurrió al infaltable modus operandi de “tirar la pelota al área y que sea lo que sea”. Ese manotazo de ahogado a veces funciona, por lo general no. No fue la excepción.
Central perdió uno de esos partidos ganables que le pueden costar caro al final de la temporada, pensando en las metas trazadas. Y nuevamente la irregularidad sigue siendo la protagonista de la campaña canalla.