Ovación

El influjo partió desde el banco, en el clásico de los DT

Miguel Angel Russo ratificó su hegemonía en los clásicos desde el planteo mientras que Alfredo Berti terminó enfrascado en un único plan sin alternativas. El canalla ganó la pulseada.

Lunes 07 de Abril de 2014

Miguel Angel Russo parece un técnico moldeado para los clásicos. Otra vez mostró su oficio en estas lides, amplió su aura mística y se quedó con la pulseada de los entrenadores. Otra vez exhibió los galones que supo conseguir en su largo recorrido canalla y le tiró la chapa encima a Alfredo Berti, quien como en el duelo anterior, quedó enmarañado en el planteo práctico, astuto e inteligente del adversario. Así, estiró su mágico invicto y se dio el gusto de festejar por primera vez en el Parque.

Russo apostó por Niell en lugar de Acuña, quien estuvo entre los relevos. Y el Chiquito cumplió con creces su misión. Más allá del golpe en el tobillo que recibió en el inicio, se mantuvo en el campo y protagonizó el gol que definió el pleito con una corrida electrizante.

El DT auriazul se inclinó a último momento por Medina de arranque, en la función de Encina, quien se resintió de una sobrecarga muscular y no pudo estar a disposición.

Del otro lado, Berti puso jugadores exigidos físicamente como Heinze y Bernardi y se decidió por Muñoz como nueve, sabiendo que no es su rol natural y el precio que debe pagar por eso. Es más, Ponce no estuvo ni entre los relevos, por lo que la única variante de peso en ofensiva era Trezeguet, quien entró cuando el marcador y el reloj ya condicionaban la suerte de Newell's. En los 90' las apuestas se expusieron claramente. Berti no tomó nota del clásico anterior, se quedó enfrascado en su único plan, y ante los inconvenientes de dinámica, precisión y resto físico de los suyos, no encontró alternativas.

Por su lado, Central cedió la posesión sin ruborizarse, apretó las piezas claves y elaboró respuestas rápidas que pusieron en aprietos al rival, más de una vez.

Así, el influjo ganador partió desde el banco. Otra vez.

Brazos detrás de la espalda y gestos moderados

El entrenador auriazul vivió el clásico a su manera. Con intensidad, pero sin gestos ampulosos que pudieran despertar la ira de un estadio copado por el adversario. Desde que ingresó al campo de juego se metió en la zona que le corresponde junto al banco y siguió las acciones parado, cerca de la línea de cal. La mayoría del tiempo se paró con los brazos atrás de la espalda, una pose típica suya. En el gol de Niell, sólo levantó su brazo derecho y enseguida llamó a Méndez para dar indicaciones. Más tarde mostró su bronca con Acuña, quien debió salir muy rápido. Y en el pitazo final de Loustau, el DT levantó los dos brazos al cielo, le dio un abrazo cerrado a Medina y luego dirigió los suyos rumbo al vestuario para no crear inconvenientes en el campo.

Manos en la cintura y retoques después del gol

El técnico rojinegro también observó el cotejo de pie en todo momento. Con los brazos en jarra sobre la cintura, no se perdió ninguna incidencia del clásico. Con las señales de dolor que exhibía Heinze desde los primero minutos, le ordenó agilizar los trabajos del calentamiento previo a Orzán. Finalmente el Gringo se quedó en cancha y el Loco lo metió de nuevo en el banco a Larry. En el complemento, tras la anotación canalla, metió mano en los relevos y puso en cancha a Trezeguet y Tonso. Y sobre el final, sí le dio vía libre a Orzán para oxigenar un mediocampo que carecía de lucidez y resto. Pero no funcionó. El conductor leproso estuvo quieto en los minutos finales,

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