Jueves 31 de Agosto de 2017
Ante la demora en la llegada de la selección argentina al hotel se fue acercando cada vez más público, en su mayoría uruguayos que querían ver de cerca a Lionel Messi. Por eso el vallado que circundaba la puerta de ingreso estaba repleto de gente cuando estacionó el micro para que desciendan los jugadores. Justamente el último en bajar del colectivo fue el mejor jugador del mundo. Y allí explotaron los fanáticos, como si hubiese convertido un gol de esos que suelen ver a la distancia por televisión cuando tiene puesta la camiseta de Barcelona.
Y cuando Leo estaba por ingresar al hotel, Luciano, un nene de 11 años, se escurrió entre las rejas y corrió en dirección al ídolo. Un custodio lo corrió varios metros y cuando le dio alcance lo abarajó para sacarlo al otro lado del vallado.
Pero Messi advirtió la situación y dio precisas indicaciones para que trajeran al niño, lo abrazó y se tomaron una fotografía juntos. Fue un momento mágico para Luciano, hincha fanático de Nacional y admirador del diez rosarino.
"Leo es un capo, lo admiro, me dijo que me acerque cuando me querían sacar, es un sueño cumplido y le entregué una carta porque lo banco en las buenas y en las malas. Me pude sacar la foto. Messi es mi ídolo, juego a la pelota, soy enganche y tengo el sueño de ser como él", dijo Luciano, apenas volvió de estar mano a mano con el mejor jugador del mundo, todavía con lágrimas de alegría en los ojos y mostrando en su celular la foto donde Messi lo abraza. Fue el hecho emotivo de la llegada argentina a Montevideo. Que despertó la ovación de todos los presentes para con Messi por la actitud de afecto que tuvo con el chiquilín, que obviamente se convirtió en el personaje anónimo de la jornada. Un gesto noble del capitán albiceleste en la previa del trascendental partido de esta noche.