Martes 14 de Febrero de 2023
El futbolista es un trabajador. Tiene su estatuto desde 1971, después de una dura lucha para conseguirlo, incluido un paro de actividades, que encabezó José Omar Pastoriza, entonces secretario general de Futbolistas Argentinos Agremiados. Como a cualquier trabajador, al futbolista deben garantizarle condiciones saludables para desarrollar su tarea. Jugar a las 17 horas con 40 grados, como sucedió el fin de semana, vulnera justamente ese derecho.
“Es peligroso tanto calor, para la salud y el espectáculo. Una vez más el negocio le gana a este deporte y la pelota se tiene que mover. Hasta que no pase algo, esto no va a terminar”, alertó el DT de Newell’s Gabriel Heinze después de la tórrida tarde que sufrieron todos en la cancha de Defensa y Justicia en Florencio Varela.
La voz del Gringo, atinada, debería amplificarse y que no quede en una simple anécdota.
El calor infernal también se padeció en cancha de Central. El árbitro Fernando Espinoza, antes de lo habitual, detuvo el encuentro a los 15’ para que los futbolistas se hidraten. La temperatura era insoportable. También para los hinchas, con personas atendidas en el Gigante víctimas del calor.
Con una organización semejante, a horarios inapropiados, el fútbol no es saludable para nadie.