Miércoles 05 de Abril de 2023
El estadio El Teniente donde jugó Newell’s contra Audax por la Sudamericana fue construido por la empresa Braden Cooper Company. Uno sus dueños fue el estadounidense Spruille Braden, lobista de las empresas de su país en América Latina. El mismo año en que se inauguró la cancha de Rancagua, en 1945, Braden era el embajador de los Estados Unidos en Argentina y se convirtió en el gran enemigo de la candidatura de Juan Domingo Perón, a tal punto que operó para la gestación de la Unión Democrática para las elecciones presidenciales de 1945. De allí que surgiera la consigna preelectoral: Braden o Perón
William Braden, padre de Spruille, fue el fundador de la compañía y adquirió en 1905 la mina de cobre El Teniente, a 80 kilómetros de Rancagua. Fue tanta la incidencia del empresario en la explotación y control de un recurso tan importante para la economía chilena, que se lo apodó el Rey del Cobre. Con el tiempo, su hijo también pasó a ser uno de los propietarios de la empresa.
El 95 por ciento de la Braden Cooper Company fue vendida a los hermanos estadounidenses Guggenheim, quienes en 1945 construyeron el estadio, que luego fue una de las sedes del Mundial de Chile 1962. Más allá de las refacciones que se le hicieron, fue considerado el estado más humilde de ese Mundial. La selección argentina disputó allí los tres partidos de la fase de grupos y quedó eliminada. En esa cancha jugaron con la camiseta albiceleste dos enormes futbolistas surgidos de Newell’s, los rosarinos Federico Sacchi y Raúl Belén. También compitió el casildense Marcelo Pagani, formado en Rosario Central.
El primer nombre del estadio fue Braden Cooper. A fines de los 60, se le cambió por el de William Braden, al mismo tiempo que el Estado chileno adquirió el 51 por ciento de las acciones de la Braden Company.
Con la definitiva nacionalización del cobre durante el gobierno de la Unidad Socialista, de Salvador Allende, tanto la mina como el estadio pasaron a pertenecer a la estatal Corporación Nacional del Cobre de Chile en 1971. El estadio volvió a cambiar de denominación y pasó a ser El Teniente, en homenaje al teniente español que fue el propietario original de la mina.
El cambio de manos del estadio y la mina obedecieron entonces a que el manejo de los recursos naturales dejó de estar en manos de los intereses extranjeros, esos que tanto defendía sin pruritos Spruille Braden, como cuando intentó imponerle condiciones a Perón, encontrándose con la tajante respuesta del que sería presidente: “No me interesa ser muy bien considerado en su país al costo de ser un hijo de puta en el mío”.