Ovación

El equipo de Coudet tiene argumentos para imponer el ritmo de juego

Imponer coordenadas o amoldar el juego en base a las virtudes del rival, sin que ello implique, por supuesto, una alteración manifiesta del comportamiento madre del equipo.

Miércoles 22 de Julio de 2015

Imponer coordenadas o amoldar el juego en base a las virtudes del rival, sin que ello implique, por supuesto, una alteración manifiesta del comportamiento madre del equipo. Eduardo Coudet tiene la palabra y la potestad de elección. Cuenta en su haber con la buena campaña que viene realizando el equipo. Que es, ni más ni menos, el mejor sostén en el cual pararse para armar la estrategia que mejor le cuadre. Es difícil ampararse en los antecedentes, que por cierto pueden tener su influencia, pero las cartas que el DT canalla tiene para echar sobre la mesa pueden servirle. Y mucho. Esa condición de equipo sólido (perdió un solo partido, y de manera inmerecida, ante River) sirve para otear el panorama y sentir que Central está en condiciones de imponer ciertas reglas en el juego del domingo.

Esos antecedentes a los que se hace mención tienen que ver con lo que fueron los tres clásicos anteriores, cuando el Canalla, tal vez obligado por las circunstancias y una supuesta supremacía futbolística de parte de Newell's, utilizó una estrategia particular, que consistió en tratar de anular el juego del rival primero para después sí potenciar algunas de sus virtudes. En su momento a Miguel Russo no se le cayeron los anillos en armar esa estrategia y a los jugadores llevarla a cabo.

En esta ocasión la cosa parece ser distinta. Al menos aparecen algunos condimentos naturales que distan de aquella realidad. Ni hablar de que hay intérpretes distintos y otros cuerpos técnicos, de un lado y del otro.

Uno de los detalles que es imposible pasar por alto es que Central viene llevando adelante una manera de jugar determinada. Ya sea cuando actúa en el Gigante o fuera de él. No obstante, el Chacho ya dio sobradas muestras de que es de los entrenadores que no deja librado al azar lo que el rival está en condiciones de proponer. En muchas ocasiones diagramó táctica y estrategia pensando en lo que había enfrente.

¿Qué es lo que ocurrirá el domingo? Es uno de los grandes interrogantes, algo que hoy sólo está en la cabeza del propio entrenador. Pero la materia prima de la cual valerse no es un dato menor. Ya sea de nombres o estrictamente del comportamiento futbolístico.

Salvo Gustavo Colman (lesionado), todos los jugadores están en condiciones de asumir el compromiso. Un plus con el que cualquier entrenador quisiera contar en la previa de cualquier partido. Y más en un clásico.

Suena un tanto difícil imaginar algún tipo de cambio radical en cuanto a la ambición y el hambre de protagonismo hasta aquí exhibidos. De hecho se trata de algunos de los puntos salientes de este equipo. Ahora, enfrente habrá un rival que está iniciando un proceso, con un nuevo cuerpo técnico, lo que tranquilamente podría alterar, en alguna medida, la hoja de estilo propia.

Igualmente, se insiste, hay una condición de Central protagonista, entendedor y laburante de determinados momentos del torneo y hasta de segmentos de ciertos partidos, lo que hace que la semana para Coudet incluya un análisis mucho más fino que otras ocasiones.

Desde lo futbolístico están las condiciones dadas para intentar golpear la mesa con mayor fuerza que el oponente. Hasta desde lo físico es viable proponer un trámite de golpe por golpe, por la sencilla razón de que si hay algo que mostró el equipo en las 17 fechas disputadas es intensidad hasta los instantes finales de cada encuentro, amén de que en algunas ocasiones haya perdido la brújula del juego propiamente dicho.

Pero en el fútbol nunca hubo ni habrá una verdad absoluta. Se puede ganar con una u otra receta. Y Central viene de gritar tres veces ante su clásico rival con una determinada partitura, que hoy puede resultar no obsoleta pero tal vez la menos adecuada.

Tener más de una alternativa a mano siempre resulta un verdadero privilegio. Central hoy tiene ese abanico abierto. Anular al rival y después jugar o apostar todo a ganador y asumir riesgos sin mayores miramientos. Las directivas de Coudet y la ejecución de sus jugadores tendrán el veredicto.

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