Ovación

El encanto guaraní de la vida a cielo abierto

El casco histórico de Asunción sorprende al visitante por la intensa actividad callejera. Se puede comer sopa y comprar ropa. El otro lado del sorteo de Central en la Copa.

Jueves 24 de Diciembre de 2015

El casco céntrico de Asunción, la capital paraguaya, es una verdadera feria a cielo abierto, donde todo está al alcance de la mano. Una especie de shopping popular, sin techo ni aire acondicionado ni promotoras ni escaleras mecánicas. Aquí todo transcurre en la calle, en la vía pública, donde la antigua ley de la oferta y la demanda regula el flujo de las transacciones. El abanico de bienes y servicios incluye todo lo que el turista necesita. Claro que, en vez del glamour céntrico de otras capitales, se respira una atmósfera genuina de personas que ofrecen sus productos para ganarse el pan de cada día. Una postal que retrotrae en el tiempo, que escapa a los cánones del comercio con código de barra y pago con tarjeta de crédito. Todo se basa en la relación interpersonal, en el cara a cara, en el cordial regateo.

La plaza de la Libertad en el centro de Asunción es una muestra genuina de esta situación. Bajo toldos improvisados, las personas anónimas se detienen a almorzar unos pegados a otros, sin conocerse y allí se sirve a la mesa sopa paraguaya, pastas y también platos que combinan pescados. Turistas y lugareños comparten esta especie de tienda de campaña, los primeros ávidos por compartir una experiencia poco común en otros lares y los segundos porque hacen una pausa en el trabajo al mediodía, recargan pilas para luego volver a completar la jornada. Ahí hay buena sombra y aire libre, algo que cotiza muchísimo. Siempre el calor es el protagonista a cada paso. Como una especie de marca personal pegajosa que no da tregua desde la mañana hasta la puesta del sol. La alta humedad termina completando el combo. Pero todo esto se puede amenizar si el visitante no pretende nadar contra la corriente, si acepta la alta sensación termina y si les sigue el ritmo y las costumbres a los lugareños. Comer lo que ellos comen, compartir el tereré que ellos disfrutan y sentarse en los sitios donde ellos lo hacen es un buen punto de partida.

En esta plaza además hay una interesante feria de artesanías en la que no falta casi nada. Creaciones en cuero, vestimentas típicas, collares, hamacas paraguayas, grandes tendederos con camisetas de fútbol, expendio de hierbas para aromatizar el tereré y pintorescos puestos de lustrabotas con cómodos sillones, decorados con leyendas como: "Si quiere ser rico siéntese acá”.

Esta verdadera feria a cielo abierto se complementa con los vendedores ambulantes que recomiendan camisas, corbatas, relojes, zapatillas, carteras y todo lo que puede ofrecerse al paso y sin más trámite que consensuar el precio.

A pocos metros de la plaza vale la pena conocer el bar Lido. Un comedor sin mesas, en el que una enorme barra circular propone sentarse en altas butacas y elegir entre platos típicos de Asunción. Sopa paraguaya, chipá guassú y pastel de mandioca son algunos de los platos que salen como pan caliente. Aquí las personas comparten en círculo esta especie de ritual del almuerzo o la cena, muchos sin conocerse, pero sentados codo a codo en la barra para saciar el apetito.

"Quien va a París y no conoce la torre Eiffel no conoce París y quien viene a Asunción y no conoce el bar Lido no conoce Asunción”, el cartel que seduce desde la puerta no es exagerado. Porque a la salida el comensal no sólo sació su apetito, sino que rompió las formalidades de comer en una mesa aislada como proponen la mayoría de los restaurantes del mundo. Acá las raíces son más cooperativas.

Asunción en diciembre es muy calurosa, pero a medida que uno camina sus calles céntricas descubre un encanto especial, porque casi todo está a escala humana y sin tanta parafernalia marketinera como ocurre en el casco céntrico de la mayoría de las capitales del mundo.

Hasta este rincón de Sudamérica viajó la ilusión de Central para lo que fue el sorteo del martes de la Copa Libertadores. Y con la pelota como excusa del viaje, bien valió la pena arrimarse a los encantos de la capital guaraní.

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