Domingo 17 de Diciembre de 2023
Están ahí, podría ser una sola persona pero son miles: 20 mil, tal vez 30 mil o más los que invaden el Monumento. Hacen tanto ruido como pueden, pegan tantos gritos como les dejan sus pulmones canallas, lloran y putean. Son jóvenes, son viejos, son niños y niñas; madres, padres, huérfanos. Ahí los olvidados de los campeonatos que llegan a los pies de ese Monumento que también fue canalla.
Tienen la piel húmeda, el corazón en llamas y mientras cantan hacen tanto ruido como un tren que arrasa. Cada uno llegó a ese lugar en auto, caminando o por la fuerza misteriosa que nadie puede explicar.
“Me hice de Central por mi abuelo Luis”, cuenta Lucía ,de 27 años: “Tiene 85 años y ahora está en Santiago. Acá mandó una foto mientras está debajo del sol, lo entraron a la cancha en ambulancia”, contó abrazada a su hermana: “El abuelo nos llevaba a la cancha de chiquititas”, dijo y mostró en su celular la foto de un hombre calvo y totalmente canoso con su rostro atravesado por arrugas profundas y la mirada de un andinista sobre su Aconcagua. Está sudoroso y se cubre del implacable sol santiagueño con la bandera canalla.
“Me hice de Central por una historia triste. Por desgracia me hice por mi padre. El desapareció de mi vida y dejo la camisetita. Y así terminé fanático, mi mujer se hizo por amigas y a mi hija la anoté al club apenas nació”, contó un impecable y pulcro padre canalla de 35 años.
“Tenía dos años cuando un vecino llegó a mi casa y nos hizo fanáticos de Central a todos. Me llevó con mi mamá a recorrer la calle cuando fue el campeonato del 73 y nos regaló un libro de Central”, recordó Alejandra, de 38 años.
“Vi todos los campeonatos, en el 71 tenía 20 años, hoy tengo 73. A los 20 estaba soltero; me casé, tengo dos hijos y siempre vamos a la cancha. Miguelito Russo es uno más para los canallas. Me acuerdo cuando mi viejo me llevaba a la cancha; pasaba un camión y nos subíamos y nadie tenía la camiseta ni nada, ni paraavalancha había, Es todo Central para mí”, dijo Ricardo, un flaco fibroso y canoso canalla al que mientras cuenta los últimos 70 años de su vida junto a Central los ojos se le enjuagan de lágrimas.
Son cientos, miles. Corazón y grito.
“Mi viejo me hizo de Central. No pude viajar por que no tenía un peso. Pero voy a la cancha siempre. Esto nació en mi familia. Estuvo siempre Central en casa y Miguelito entró a la historia grande. Se lo merecía el club”, relató un veintipico con corte de jugador, en cuero, como un guerrero, y con la lata en la mano y la voz ronca, casi inescuchable.
Los mas viejos esperan que no sea su último campeonato. Los otros saben que la historia en Central se vive día a día, y todos los días. Como ya entrado el domingo en el Monumento.