Jueves 26 de Noviembre de 2020
El 5 de septiembre de 2009, Diego Armando Maradona volvió a sellar a fuego su amor por Rosario y como DT de Argentina trajo a la selección albiceleste a jugar un partido clave por las eliminatorias al Gigante de Arroyito. Había que enfrentar al temible Brasil rumbo al Mundial de Sudáfrica 2010 y el eterno diez quería que sus jugadores sintieran al apoyo incondicional de la gente. El estadio de Central estuvo a reventar, incluso quedó muchísima gente afuera hasta con entrada y todo. Diego logró que la ciudad se revolucionara con la llegada de la selección, que además contaba con la presencia estelar del rosarino Lionel Messi. Claro que el resultado no acompañó, pero Rosario bancó a Diego y sus muchachos.
“A mí me gustaba jugar con la gente cerca, porque escuchás lo que la gente propone, para bien o para mal. Como acá tenemos todo para bien, creo eso hará que los jugadores se agranden. La cancha de Central es ideal para meter a Brasil en un arco”, había manifestado Diego en la previa del duelo ante el scratch.
Además el “sabio” Maradona aclaró que “acá no juegan ni Central ni Newell’s, ahora somos todos argentinos. Tenemos que estar unidos todos, Brasil es un rival poderoso que nos puede hacer mucho daño si no estamos todos juntos”.
Diego entendía todo. Siempre fue un impulsor de que la camiseta más linda del mundo es la argentina y que había que defenderla con absoluta dignidad, hidalguía y la frente bien alta, sea en la victoria y como en la derrota. Ese fue el gran legado del diez, el mejor jugador por lejos de todos los tiempos, el que jugó “roto” y ganó igual.
En la noche del Gigante, Brasil fue más y superó con claridad 3 a 1 a Argentina. La albiceleste formó con Andújar; Zanetti, Otamendi, Sebastián Domínguez y Gabriel Heinze; Maxi Rodríguez (46’ Agüero), Javier Mascherano, Juan Sebastián Verón y Jesús Dátolo; Lionel Messi y Carlos Tevez (71’ Milito). El gol argentino fue anotado por Dátolo.
Al equipo argentino no le alcanzó para al menos cosechar un punto, pero Rosario respaldó masivamente a la selección. Y fue la última vez que Argentina jugó en nuestra ciudad y fue en el marco de un partido importante por las eliminatorias.
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Luego ningún otro técnico albiceleste hizo tanta fuerza para traer a la selección a la ciudad, sólo Diego entendió que Rosario tiene un plus futbolístico especial que la hace diferente a otras ciudades. Por ello buscaba que esa adrenalina única contagie al equipo. Claro que después no fue una buena noche para la selección, pero la multitud cumplió con creces en el apoyo permanente al equipo.
Esa jornada rosarina de septiembre de 2009 quedó grabada en la agenda del fútbol rosarino, porque luego lamentablemente el equipo de todos no volvió a la ciudad más futbolera del país. Un poco por centralismo porteño y también por errores organizativos propios.
Hoy, en uno de los días más tristes y emotivos de la historia del fútbol argentino, se valora que Diego haya elegido a Rosario, y más allá de los colores de las camisetas, Rosario también respetará y admirará por siempre al gran Maradona.