Jueves 24 de Marzo de 2022
Poco más de tres décadas han pasado desde que un hombre de traje, desde su oficina, le puso fin al romance entre Nápoles y Maradona. Hace 31 años, más precisamente un 24 de marzo de 1991, se cerraba una historia de amor que no mereció el final que tuvo.
En una fecha que podría haber pasado -por lo menos- desapercibida, el Napoli jugaba fuera de casa frente a la Sampdoria. En un encuentro sin muchas emociones desatadas ni mayor relieve para los visitantes que lejos estaban de pelear por el scudetto, los locales se impusieron por 4-1. Para los del sur de Italia descontó el “Diez”, que sin saberlo estaba jugando su último partido.
Una semana antes, en el San Paolo ante el Bari, Maradona había sido sorteado para el control antidoping. El resultado se conoció posteriormente al encuentro con la Sampdoria: positivo de cocaína. Diego fue suspendido provisoriamente y luego la Federación Italiana le aplicó una suspensión de 15 meses.
“La venganza estaba escrita, y al fin llegó. Yo le llamo el doping de Antonio Matarrese”, declaró tiempo más tarde el Pelusa, que acusaba al presidente de la Federación Italiana de Fútbol de planear el doping. Es que, pocos meses antes, Argentina había eliminado a Italia en la semifinal de su Copa del Mundo.
Así, Maradona se vio obligado a cortar su vínculo afectivo-deportivo con Nápoles. El de Villa Fiorito dejaba el sur de Italia. Luego de 8 años, terminaba lo que había sido una historia de amor a primera vista.
Previo a la llegada del astro argentino, Nápoles era una región postergada y denigrada por los reaccionarios del norte del país. “Sono tutti neri” (“son todos negros”), solían decirles (algo parecido a lo que le sucedía en Argentina cuando jugaba en Cebollitas). Para 1984, el club se estaba yendo al descenso y muchos creían una locura la decisión de dejar el Barcelona para irse a un equipo “chico” y “pobre”. El día de su debut con el Napoli los de Verona no fueron la excepción y colgaron una bandera que decía: “lavatevi” (“lávense”).
Sin embargo, la historia cuenta que Maradona se retiró de esa ciudad siendo el símbolo de aquellos “olvidados”. Esta vez, quienes se habían acostumbrado a sufrir, tenían motivos de alegría y de orgullo. Con dos “Serie A”, una Copa de Italia, una Supercopa de Italia, y ni más ni menos que una Copa de la UEFA, el pelusa llenó las vitrinas y los corazones napolitanos. En total jugó 259 partidos, marcó 115 goles y realizó 78 asistencias.
Finalmente, conforme pasó el tiempo, aquel 24 de marzo, fue la página de clausura del mito. En su momento, un afligido Maradona declaró: “Cuando llegué, me recibieron 85.000 personas. Cuando me fui, estaba completamente solo”. Algo que tristemente podría haber dicho antes de su muerte.