Jueves 13 de Enero de 2022
Canciones sobre fútbol seguramente son incontables, de todo tipo, para cada club, por cada jugador que en ellos haya trascendido o que haya embanderado a un país. Letras y melodías que provocan emoción y que refieren en muchos casos a un hecho o personaje determinado. En cambio, la obra El Desafío de Rafael Amor de 1997, grabada en clave murga junto a La Barra Bosterasudaca, podría decirse que engloba a todo el mundo, a todo aquel que se sienta futbolero de ley, cuya verdadera vocación sea darle a la pelota mientras durante la semana se dedica a otra cosa, y a aquel que trascendió todas las fronteras.
Por eso, “El Desafío”, escrita hace 25 años por el recordado trovador argentino, merece ser sacada del arcón de los recuerdos porque indefectiblemente su relato se emparenta con las miles de historias de los frustrados jugadores que jamás llegarían a ser profesionales, relatada en clave de humor y sin dejar de dar testimonio de la concepción social, tan típica de sus letras contestatarias.
De hecho, es uno de los tantos temas del disco “La Crisálida... y otros milagros”. El tema “La Crisálida” es un poema excepcional, un homenaje a la vida. Y dentro de los “otros milagros” está “El Desafío”.
Y se dice que engloba a todo el mundo porque la referencia a Pelusa es la obvia al más grande de todos los tiempos, criado en uno de esos potreros que relata esta historia entre los muchachos del barrio y los del centro. Una obra que no fue estrenada ayer, quizás olvidada, pero que renueva ese espíritu amateur tan arraigado en la cultura argentina. Poco antes de que la pandemia llegara, Rafael Amor se fue a cantar a otros cielos, pero canciones como estas anidarán siempre que alguien las desempolve.
Como propone Ovación hoy, ahora que el fútbol está parado, el virus acecha y es necesario fortalecerse con las pasiones que anidan dentro. Vaya aquí la propuesta, la de recordar una letra que llevará a la identificación, con alma de pelota de trapo y que invita a escucharla, por supuesto, para completar su encanto:
Intro:
“No teníamos camiseta..., nos juntamos de apuro para el lío. El Peludo armó el equipo, uno por ahí que le mojó la oreja y ya quedó listo el desafío.
En el arco, el Tano Fugazzeta,
el Gallego de dos, de tres el Manco,
marcando a la derecha el Groncho Frías,
de 5 el hijo del Dotor, de 6 el Raro,
En la punta derecha el Uña E’Lata,
el vasco Ochoa justamente de ocho,
el colorado Smith de centrofóbal
y en la zurda el Rusito y el Morocho.
De suplentes, el Turco y el Polaco;
de delegado, como dije, el Gordo;
yo con la botella y la toalla
y de hinchada el Peruca con el bombo.
lalalalá lalaralalalara lalalalalalara lalaralalá
Rejuntaos y sin entrenamiento
nos subimos al mionca del bostero
y dando tumbos y relojeando minas
nos fuimos para el centro.
Ah! y pasamos por la casa del Pelusa
para ver si venía con nosotros;
batió la vieja: “juega pa’ otro barrio”,
que si el Pelusa está, con el Pelusa es robo.
Ellos tenían botines con tapones
y camisetas con número en la espalda,
un botiquín con yeites pa’ los golpes
y un colectivo British School que los llevaba.
Movió un rubio, grandote y colorado,
y le quitó la pelota el Uña E’Lata,
se perfilaba solito por la punta
pero perdió en el raje la alpargata.
Sacó el arquero, con gorra y rodillera,
y cabeceó el Rusito por la zurda,
cuando la agarró lo hicieron bosta,
el referí era de ellos, un crosta que era cura.
lalalalá lalaralalalara lalalalalalara lalaralalá
Y no le cobró un foul al Groncho Frías
porque estroló a un pituco a la derecha
y el Peruca a los bombazos le decía:
“A la cabeza che, apuntale a la cabeza”.
Por el lao al que el Manco le faltaba el brazo,
se le piró el puntero entre gambetas
y se enojó con el Tano que gritaba:
“Ma agarralo de la camiseta”.
El hijo el Tordo en un tono muy sensato,
le dijo al Raro: “Che, mantené la calma”,
cuando un chetito le metió un planchazo
que le dejó los tapones en el alma.
El Vasco Ochoa con la globa bajo el brazo
se fue a quejar al referí, cabreado,
“los muchachos son rudos pero nobles Vasquito,
y jamas son malintencionados”.
El gol de ellos lo metió un petiso,
medio asqueroso, que era el atacante,
canchero, pelo corto y bigotito,
que batió el Turco: “qué pinta e vigilante”.
lalalalá lalaralalalara lalalalalalara lalaralalá
La cosa no funcaba, no había coherencia,
los pataduras nos tenían en un arco,
todos manijas y perdiendo por goleada,
batió el Polaco: “nos falla el mediocampo”,
y entonces, ¿quién llegó? ¡Llegó el Pelusa!,
el que estaba jugando para otro barrio,
casó la globa y no la saltó nunca
y empezamos a bailarlos.
El Peruca agarró el bombo y “dale y dale”,
¿y dale qué?, si ni nombre tenía el cuadro,
“dale nosotros, dale los sin nombre,
dale los parias, dale los rejuntados”.
Nos empezaron a dar como en la guerra,
cuando empatamos ahí empeoró la cosa,
¡uy qué de piñas!, el cura dijo “basta,
no es de buenos cristianos estas jodas”.
Y ya en el mionca de vuelta y meta bombo,
y sucios con el barro de la cancha,
“tenemos que entrenarnos”, dijo el Gordo
y “ganarles algún día la revancha”.
lalalalá lalaralalalara lalalalalalara lalaralalá”.
Sobre Rafael Amor
Rafael Amor nació en Buenos Aires en noviembre de 1948 y murió en diciembre de 2019. Considerado como uno de los más destacados autores de su generación, sus canciones fueron grabadas por prestigiosos intérpretes, entre ellos: José Larralde, Alberto Cortez, Facundo Cabral, Mercedes Sosa, Los Cuatro de Córdoba, Cantoral y otros. Se afincó en España en 1973, donde desarrolló la mayor parte de su carrera pero siempre retornó al país y varias veces estuvo en Rosario dando testimonio de sus relatos, muchos considerados de protesta. En “El Desafío”, un tema bien futbolero, se puede ver esa veta y no parece casualidad que en la historia aparezca el Peludo, el apodo con el que se conocía a Hipólito Irigoyen, y Peruca, el mote con que se identifica a los peronistas, por supuesto con el bombo. No por nada, ambos están en el equipo del Pelusa.