Ovación

El deporte aún espera al Estado

Hace años que la clase política y dirigencial no desarrolla un plan integral que sostenga y estimule las transformaciones sociales que producen las diferentes disciplinas deportivas.

Viernes 16 de Febrero de 2018

La mayoría de los análisis se reduce al resultado. En el triunfo se disputan un lugar en la foto victoriosa. En la derrota la soledad del vencido es abrumadora. Pero detrás de esa conclusión simplista hay una historia. De esfuerzo infinito del atleta. De necedad inagotable de las llamadas autoridades.

Pero la verdad irrumpe por detrás de la marquesina. Y exhibe obscena que el deporte aún aguarda exhausto convertirse en una política de Estado. Porque lo han usado, flexibilizado y maltratado. Pero no capitalizado, en el buen sentido.

Mucho se ha escrito y dicho sobre la utilización política del deporte, de cómo los diferentes gobiernos y dictaduras han sacado provecho de una u otra manera del uso de las disciplinas más populares, sobre lo cual sería redundante adentrarse en la historia de la humanidad para ejemplificar.

Pero lo que todavía no se logra es configurar políticas modernas de Estado que puedan desarrollar y expandir las diversas propiedades sociales que contienen los distintos deportes. Y no se consigue porque hay una dirigencia gubernamental y deportiva anclada a matrices ideológicas vetustas, como así a esquemas anquilosados que priorizan los intereses personales y sectoriales. Es quizás en el único espacio donde conviven cómodos los conservadores, liberales, populistas, sectarios, pragmáticos y metódicos. Y que se diferencian desde la retórica pero se asemejan en la acción en pos del status quo.

Es por ello que ubican al deporte en un plano de confusión política, porque se resisten en darle el rango que la dinámica social le otorgó con el advenimiento de nuevas pautas de comportamientos e innovación tecnológica. Y en vez de incorporar al deporte con un rango autónomo ya que es transversal a la salud, educación, cultura, desarrollo social, planificación y urbanización, y turismo, optan por supeditarla a alguna de ellas por ignorancia o comodidad, maniatando la capacidad de desarrollo y transformación que el deporte contiene.

Si bien en distintas latitudes esta dicotomía ya fue resuelta, la postergación que padece el deporte se hace más manifiesta en los países subdesarrollados, donde los gobiernos lo consideran de menor rango, y porque muchos de los directivos de las diferentes organizaciones deportivas son producto de este modelo.

Hace dos años, José Ramón Lete, presidente del Consejo Superior de Deportes de España, definió que además de las cualidades propias "el deporte se ha convertido en un vector importantísimo de riqueza, empleo y atracción turística. Los últimos datos dicen que de los 75 millones que visitaron España en el 2016, 10 millones (es decir, casi uno de cada siete) lo hacen por interés deportivo". Y en cuanto a su importancia global, el ex basquetbolista hoy funcionario aludió a datos del Instituto del Cano que muestran que en el año 2016 hubo 288.970 artículos en la prensa mundial relacionados con España o con un español, de los cuales el 42 por ciento tenía que ver con los deportes.

En mayor o menor escala existen ejemplos concretos de la carencia de una política deportiva sustentable. Todo se reduce a acciones espasmódicas en donde se prioriza el interés eventual y no el desarrollo sostenido de la matriz deportiva de una sociedad. Y así se concretan ideas aisladas por rentabilidad política en detrimento de una articulación de proyectos en función de un plan integral.

Y en esto no hay grieta entre unos y otros. Porque la falencia también es transversal. Sin distinciones. Lamentablemente.

Por supuesto que es más sencillo quedarse con la foto que el resultado registra. Vitoreando la eventual conquista de un atleta, haciendo propio el titulo de un equipo. O emparentando al fracaso a aquellos que no hicieron podio, equiparando a la nada misma el alto espíritu de competencia que mantuvo en el camino a ese deportista que ante tanta indiferencia representó a una nación.

Pero detrás de esa imagen hay varios porqué. El más relevante es la ausencia de un programa argentino de deportes que promueva, sostenga y perfeccione las capacidades individuales y colectivas. Algo que la clase política y dirigencial no supo, no le interesó o no quiso desarrollar. Y que incluso hasta el Enard, una de las pocas conquistas, pusieron en peligro.

Pero esta añeja problemática tiene en el exitismo mayoritario de la sociedad al mejor cómplice. Que termina siendo funcional a la ausencia de una política deportiva seria. La que no sólo deparará mejores resultados, y más fotos, sino que también permitirá indispensables transformaciones sociales.


Casos recientes y emblemáticos

Es tan relevante el deporte, que recientemente Corea del Norte envió a la hermana menor de Kim Jong-un, Yo-jong, a Corea del Sur como parte de una delegación a los Juegos Olímpicos de invierno de PyeongChang, abriendo así la posibilidad de que la diplomacia del deporte obtenga algo sustantivo y duradero para superar el conflicto entre las partes.

Y también en Estados Unidos el presidente Trump vivió meses atrás una de sus mayores preocupaciones cuando los jugadores de la NBA se arrodillaban durante el himno previo a los partidos en protesta por la opresión policial a los negros.

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