Diego Maradona

El Coloso se convirtió en santuario sin distinción de camisetas

Hinchas de todos los clubes se acercaron al mural de Diego para despedirlo. La convivencia entre rivales marcó una tarde impensada para una Rosario marcada por la violencia vinculada al fútbol

Viernes 27 de Noviembre de 2020

Un niño con la camiseta de Central con el nombre de Omar Palma en la espalda patea una pelota amarilla entre una multitud de miradas llorosas envueltas de rojo y negro. Desde la pared Diego, vistiendo otra 10, la de Newell's, lo observa inmortalizado. Es el Coloso Marcelo Bielsa en un día primaveral de 2020, pero parece una postal imposible para Rosario. Ayer el deseo de paz que tantos declaman se volvió realidad, y el dolor no conoció discriminación por bandera.

La muerte de Maradona unió a los rosarinos. En una jornada distinta, movilizante, la ciudad se olvidó por un día de las férreas rivalidades futbolísticas entre leprosos y canallas, y gente con todas las camisetas pasó por el estadio de Newell's a despedir al ídolo de todos. El mural que retrata al astro en su paso fugaz pero inolvidable para los hinchas del parque se volvió lugar de peregrinación simbólico para los rosarinos ante la muerte del argentino más conocido del mundo.

Hasta allí llegaron miles de hinchas, que entre miércoles y jueves pasaron a darle el último adiós simbólico, trocado por momentos en un gracias por todo lo que representó para el pueblo argentino. Hubo muchas remeras de Newell's, como era de esperar, pero también de Boca, River, equipos cordobeses y de la Selección, y hasta se pudo ver a algunos que portaban la de Central, todo en el marco de un sereno respeto y comprensión. La afluencia fue permanente desde las 9 hasta que se fue el sol, pero no desbordante. Hubo amigos, parejas, gente que fue sola y muchas familias, incluso con bebés y niños. En general, mucha juventud sub 30.

Junto a la pared se apiñaban velas blancas, rojas y amarillas. Completaban el santuario improvisado múltiples ramos de flores de todas las variedades, fotos de "Pelusa" en su paso por NOB y el primer equipo argentino, algunas casacas rojinegras de clubes extranjeros, un libro con su biografía, banderas con distintas inscripciones (entre ellas, una de la agrupación política La Campora) y un sinnúmero de carteles escritos a mano con fibrones, muchos con caligrafía infantil, dibujos y mensajes de todo tipo. La mayoría expresaban agradecimiento: "Gracias Diego por tanta alegría", "Barrilete cósmico", "Te vamos a extrañar", y "Soy de la generación que no necesitó verte jugar para amarte", eran algunas de las frases. Siguiendo la costumbre de los funerales, varios estaban firmados con el apellido de la familia que lo dejó.

Caía la tarde y los que se arrimaban al muro dejaban flores, pegaban posters, se sacaban fotos y encendían velas. Algunos cantaban el hit "el que no salta es un inglés", aplaudían y agitaban. Otros tocaban la pared y en silencio, con los ojos cerrados, le hablaban al 10 sin mover los labios. Flavio (42), barbijo de NOB en boca, se acercó desde Acindar con su hijo Alejo, de 6, que tenía puesta la remera canalla. El niño avanzó con su pelota hasta el mural. Nadie dijo nada. Alguien comenzó un aplauso. Pronto todos se sumaron. "El Diego es de todos", gritó alguien. Y la postal de una ciudad sin violencia por el fútbol apareció de nuevo como un horizonte posible.

"Los padres somos leprosos, pero me salió de Central por los pibes de la esquina", confesó Flavio a La Capital. "Maradona es mi ídolo. No me importa venir a la cancha de Newell's", aseguró el niño. El hombre admite que dudó en concurrir, pero finalmente se animó. "Acá no hay camisetas. Diego es de todo el fútbol argentino", subrayó. Con mirada pícara, luego aclaró que el año que viene quiere que Alejo comience a entrenar en las inferiores rojinegras. "Le voy a comprar el equipo completo, a ver si agarra", adelantó.

Ariadna (25) no portaba ninguna remera de fútbol, pero al momento del retrato grupal, tímidamente sacó un trapo de Central y lo puso sobre su bolso. "No quise venir con la camiseta porque me parecía invasivo, por eso lo traje en la cartera", reveló. Había visto por televisión que una familia compuesta por leprosos y canallas se había arrimado al Coloso, y eso la empujó a vencer el miedo y pasar por allí con una amiga. Ambas se identificaron como "feministas y maradonianas".

"Maradona es un fenómeno social, futbolístico y humano que excede todas las banderas. Quise venir a despedirlo a su casa en Rosario, no me molesta decirlo, y dejar de lado las diferencias", señaló. Para la joven, la demostración de convivencia que dieron los concurrentes puede ser el principio de un cambio. "Yo creo que esto va a transformar la manera en que nos relacionamos los hinchas de ambos clubes", se esperanzó.

"La gente me recibió muy bien", contó Pablo (40), que vestía los colores de Boca. "Hoy somos todos argentinos", dijo el hincha xeneize, que se sacó una foto con un simpatizante de River. Pablo es de Corrientes pero vive en Rosario hace muchos años, y fue a la cancha con amigos leprosos. "No hay rencores", sintetizó.

La esposa de Diego Armando (33) está embarazada de cinco meses, y tras el fallecimiento del 10 decidió que su hijo también tendrá su nombre. "Diego no murió. Seguirá en cada pelota que ruede", dijo el hombre, hincha de Newell's, que fue desde barrio Godoy hasta el estadio a dejar sus condolencias por el genio del fútbol mundial. Claudio (36) pasó la noche al lado de la pintura. "Yo lo cuidé. El Diego era mi viejo, como el de muchos pibes de la calle", señaló.

Gustavo es cordobés, tiene 47 años y hace más de una década que vive en Rosario. Como vive cerca del estadio, decidió llegarse, pero antes se calzó la remera de Belgrano, los pantalones cortos y los botines. "Él quiso tener todas las camisetas puestas. Por eso vine vestido de jugador, en su homenaje", explicó, para "sentir un rato esto que no te lo da nadie". El hombre definió a Rosario como "la capital del fútbol", y celebró la fraternidad entre los hinchas. "Agradezco que me hayan dejado pasar así vestido", confió.

Madre e hija, Jésica (32) y Malena (17), viajaron desde Pueblo Esther, donde forman parte de la filial leprosa, hasta el Coloso. "La gente se comporta. Hubo hinchas de muchos equipos, porque Maradona es el líder de todos", detalló la adulta. Malena la secundó: "Nadie esperaba una cosa así. La ciudad está hablando por sí misma". Su madre se mostró más cautelosa: "Esto es solo por Diego".

Entre optimistas y pesimistas, todos coincidieron en que lo de ayer fue histórico para la realidad que viene mostrando la ciudad en los últimos tiempos. Los más enfervorizados soñaban ayer con que el club del parque coloque un vidrio sobre el mural que reza "D10S", para que la gente se siga acercando a recordarlo. Y quizás, a partir de ese pequeño espacio de convivencia, que la paz se derrame por todo Rosario como un bálsamo que cure las heridas de un pasado violento, tumultuoso e incomprensible.

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