El clásico rosarino: Lequi busca ser "titular" y Méndez que el equipo lo "banque"

Los DT se juegan todo en el clásico rosarino. El canalla necesita que dejen de verlo como interino y el leproso una señal de respaldo futbolístico.

Sábado 10 de Agosto de 2024

Serán héroes o villanos. Serán los buenos o los malos de la película. Se abrazarán a la felicidad del triunfo o masticarán la desazón de la derrota. No tendrán término medio, ya que por la locura dramática como se vive el fútbol acá el que “pierde paga”. Eso lo saben mejor que nadie ambos entrenadores, Matías Lequi por el lado de Central y Sebastián Méndez en la vereda de Newell’s. Los dos serán los “padres de las criaturas”, vengan con una sonrisa de oreja a oreja o con el rostro apesadumbrado de la dura derrota. Seguro que es injusto cargarlos de tantas responsabilidades, ya que ninguno de ellos pateará la pelota, aunque lo hayan hecho muy bien en su época de defensores confiables. Hoy deben imponerse desde el pizarrón y torcer el trámite.

En Central, Matías Lequi tomó la posta de Miguel Ángel Russo de manera sorpresiva. Y asumió el desafío con entereza. Surfeó la primera ola con una ajustada victoria en La Plata ante Gimnasia y con el clásico se juega una ficha muy fuerte en el hecho de poder pasar de “interino” a “titular”.

Lequi es un hombre de la casa que realizó toda su carrera como DT en Arroyito, desde las categorías menores hasta la reserva en la actualidad. Y cuando le sonó la puerta de la primera división tomó el lindo desafío y quiere seguir.

En tanto, el Gallego Méndez pondrá como prioridad el orden táctico, pero sobre todas las cosas jugar el partido con el corazón, a cara de perro del minuto uno al noventa y pico, con dientes apretados, dejando la vida en cada pelota y que el equipo como suele decirse se “vacíe” de fútbol y energías en el duelo ante el Canalla.

Puede haber errores y falencias en los intentos, pero para el DT leproso no se negocian la actitud, el esfuerzo, el compromiso ni el hambre de victoria.

Sabe que su ciclo para poder crecer deberá salir bien parado del derbi, si es posible con el mejor resultado, pero lo que no puede ocurrir bajo ninguna circunstancia es que sus jugadores claudiquen en el intento, que no den el mil por mil y que bajen la guardia ante la primera adversidad. Eso sería un pecado que Méndez, como entrenador carismático y frontal, no se permitiría de ninguna manera.

Así, ambos DT cargan en sus espaldas con el peso de plantear “el partido perfecto”, que en el clásico no es otra cosa que ganar como sea.